Arqueología

El edificio más antiguo de La Laguna fue cárcel cuatro siglos

Arqueología / La huella del pasado… entre grilletes (I)

EN BUSCA DE LA HUELLA DEL PASADO. Un olvidado trastero en el histórico edificio del Ayuntamiento, que había sido centralita telefónica en los años 80 del siglo XX, descubre su pasado de cárcel desde 1512 (grafitis de presos, más recientes, incluidos). Se planea ahora buscar la ubicación del calabozo bajo tierra tras la posible pista aportada por un georradar. [En PELLAGOFIO nº133 (2ª época, octubre 2024)].

Por YURI MILLARES

Desde que el conquistador Alonso Fernández de Lugo El Adelantado mandara construir la que todavía hoy es sede del Ayuntamiento de San Cristóbal La Laguna, el edificio ha sufrido modificaciones y añadidos a medida que crecían las necesidades de nuevas dependencias. En su patio interior el espacio se fue reduciendo, pero ahí sigue todavía en pie una extraña construcción rectangular sin ventanas, con cubierta de bóveda de cañón y acceso por una única puerta con un ventanuco enrejado sobre el dintel, que funcionaba como desván. «Era un olvidadero, un desván del desván lleno de restos de teléfonos antiguos, impresoras, tóneres, papeles de todo tipo», en palabras del arqueólogo Sergio Pou.

Codirector de la empresa Serventía Gestión Patrimonial, explica a Pellagofio que recibieron el encargo por parte del Ayuntamiento de investigar aquella estructura. «Cuando abrimos la puerta, dentro vimos todo lo que te he comentado, pero dividido en dos espacios con un suelo encima del suelo, un falso techo de madera y unas paredes laterales añadidas dejando un espacio de aire con la pared original».

Tras vaciar el interior se encontraron un suelo enlosetado de piedra de las canteras de Tegueste y la cubierta en bóveda perfecta y sin grietas

Interior abovedado de la cárcel, fechada a principios del s. XVI, que en los años 80 del s. XX se dividió en dos estancias para convertirse en centralita de teléfonos. También fue usado como polvorín en algún momento. | FOTO SERVENTÍA GESTIÓN PATRIMONIAL
¿Por qué? La razón es la curvatura de la bóveda de su cubierta, de la que hubo que separar las nuevas paredes para poder dar altura suficiente al falso techo. En ese interior renovado se instaló en los años 80 del pasado siglo la centralita, con una telefonista «con un aparato que iba enchufando las clavijas según a qué extensión del ayuntamiento llamaras», detalla.

Vista exterior del edificio de la antigua cárcel en la actualidad, junto a un patio que ha ido reduciendo sus dimensiones, rodeado de nuevas construcciones que han ido ampliando las dependencias del ayuntamiento. | FOTO SERVENTÍA GESTIÓN PATRIMONIAL
Sorpresa tras los tabiques
Tras vaciar y limpiar todo el interior, procedieron a retirar las paredes, techo y suelo que habían sido añadidos, con mucho cuidado para no dañar las partes antiguas del edificio. Y se encontraron con la sorpresa: un suelo enlosetado de piedra de las canteras de Tegueste; la cubierta en bóveda perfecta y sin grietas; y unas paredes con el encalado descascarillado llenas de grafitis de todo tipo hechos por presos en los años 50-60 del siglo XX.

Tocaba investigar qué era aquello y tanto Sergio Pou como su socio, Enrique Javier Fernández, se pusieron manos a la obra en los archivos municipales.

Fundada en 1498, la ciudad de La Laguna no era como la conocemos hoy. Se dotó de los elementos del poder civil propios de una urbe en ciernes: una audiencia para que se ejerciera la justicia, un cabildo (como se llamaba antiguamente a las corporaciones municipales en Canarias) y, también, una cárcel. Pero a su alrededor lo que había en aquel tiempo era un poblado de casas pajizas.

Incendios devastadores
La primera cárcel de La Laguna estuvo en una casa alquilada hasta que se construyó una en torno a 1512. La ciudad sufrió un incendio en 1526 y dejó a la audiencia, las casas consistoriales y la cárcel muy afectadas. Reconstruidas de nuevo, otro incendio más devastador en 1538 sólo dejó en pie a la cárcel, pues no tenía madera entre sus elementos constructivos. Era un sólido edificio con paredes de sillares y barro de un grosor de 1,30 m. «Por eso creemos que la cárcel es el edificio en pie más antiguo de La Laguna, ya que el incendio quemó todo lo demás», afirma Pou.

Los inventarios encontrados dan cuenta de todo tipo de aparatos de tormento y tortura y hasta listados de presos o que ejercieron de verdugo un carnicero y varios esclavos

La documentación antigua aporta información sobre su uso como alojamiento preventivo de detenidos durante más de cuatro siglos. Los inventarios encontrados dan cuenta de todo tipo de aparatos de tormento y tortura, además de cadenas, llaves o candados, y hasta listados de presos o menciones a quienes ejercían de verdugo (al principio, un carnicero y varios esclavos). Aquel recinto estuvo funcionando como cárcel hasta los años 70 del siglo XX, tiempo durante el que entre sus paredes ha tenido alojados a guanches alzados, a nobles enemigos del Adelantado, piratas, campesinos díscolos, delincuentes comunes y, seguro, que algún borrachín.

El georradar marca un «cambio de material» a 2 m por debajo de la cárcel y en forma abovedada. Con una microperforación para poder introducir un endoscopio se podría ver si ahí está, o no, el antiguo calabozo. | FOTO SERVENTÍA GESTIÓN PATRIMONIAL
En busca del calabozo
Esos inventarios han dado la pista sobre la existencia de un «calabozo» como dependencia diferenciada de la «cárcel», pues nombra presos alojados separadamente en uno u otro espacio. «El calabozo era lo peor, una especie de cuartucho sin luz donde se inmovilizaba al preso. En la cárcel tenían más movilidad y, si pagaban, tenían comida, manta y lumbre», describe Pou.

«Eso nos hizo pensar —añade—. La cárcel suele ser un edificio con sus paredes y su techo, pero el calabozo suele ser un lugar lúgubre, oscuro y siempre en el subsuelo. Entonces pasamos un georradar por la superficie de la cárcel y por el patio lateral». El resultado fue que por debajo de los dos metros el aparato detectó «un cambio de material».

¿Es un espacio vacío, es agua, es tosca…? Sí aparece que tiene una forma abovedada. ¿Un tubo volcánico, un aljibe, o podría ser el calabozo? No se sabe, la única forma de averiguarlo y está pendiente de realizarse si se aprueba la iniciativa, es perforar entre las junturas del suelo, con cuidado de no dañar las losetas, e introducir un boroscopio (un endoscopio industrial) que está dotado de cámara y luz. Entonces se verá qué hay debajo y, si fuera el calabozo, dónde tendría su escalinata de acceso.

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