Arqueología

El sondeo arqueológico en Lugarejos sólo llega hasta inicios del XX

Avance de los resultados de la primera excavación realizada en uno de los guisaderos de loza del poblado alfarero

EN BUSCA DE LA HUELLA ABORIGEN. Durante 10 días arqueólogos de la ULPGC han excavado en la ubicación de uno de los guisaderos del poblado alfarero, en busca de referencias que puedan datar la antigüedad de esta actividad en el lugar, territorio del Patrimonio Mundial de la isla. Este es un avance de los resultados. [En PELLAGOFIO nº132 (2ª época, septiembre 2024)].

Por YURI MILLARES

Lugarejos, barrio de casas cueva de Artenara, es un conocido poblado alfarero situado en el Paisaje Cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria, Patrimonio Mundial de la Unesco. «Siendo la tradición indígena de hacer la loza a mano uno de los atributos inmateriales más importantes del Patrimonio Mundial, decidimos abordar el estudio del poblamiento a nivel general y el origen y evolución en todo el Paisaje Cultural excavando en un par de lugares», detalla el arqueólogo José Guillén, de la Unidad de Patrimonio Histórico del gobierno insular.

«La idea es conocer si podemos aportar algo al debate de si es o no indígena» JOSÉ GUILLÉN

La fotografía aérea muestra el poblado de Lugarejos junto a la presa del mismo nombre y las ubicaciones de los guisaderos y talleres de las últimas loceras. En la parte superior (verde), donde se excavó. | IMAGEN SANDRA CANDEL
El estudio cobró forma con el convenio firmado entre el Instituto de Risco Caído (Instituto para la Gestión Integrada del Patrimonio Mundial y Reserva de la Biosfera) y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC). «La idea es conocer si podemos aportar algo al debate de si es o no indígena. Pero lo más importante para nosotros es comenzar a estudiar esa actividad desde el punto de vista arqueológico, etnográfico y antropológico. Conocer la identidad y la historia del sitio y de la actividad», añade Guillén.

De este modo se pone en marcha el proyecto Origen y evolución del poblamiento humano dentro del Paisaje Cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas, que incluía la realización de un primer sondeo en Lugarejos «para ver la raíces históricas de la loza en Lugarejos: si iba hasta época prehispánica o se quedaba en el s. XIX. Los estudios de Juan Zamora [La alfarería tradicional de Lugarejos (2021)] se remontan hasta finales del XVIII a través de la genealogía de las familias loceras», dice el arqueólogo Jacob Morales. Según José Guillén, «tampoco sabemos si estos centros loceros surgen a finales del XVIII o principios del XX, o se reactivan porque hay una gran crisis económica en la Isla en aquel momento y se cierran las importaciones».

Teresa ‘la Chica’ y Florencio
Entre el 13 y el 22 de noviembre de 2023, al fin, se realizó la excavación bajo la dirección de las arqueólogas Sandra Cancel y Candela Martínez. Decidir dónde excavar no fue tarea sencilla.

Sandra Cancel y Candela Martínez (directoras de la excavación, al fondo) junto a los también arqueólogos José Guillén, Jacob Morales y Jonathan Santana despejando el terreno al comienzo de los trabajos. | FOTO CEDIDA
«El primer problema que nos encontramos es que hay muchos terrenos que no se sabe de quién son, en el catastro pone “en investigación” y tampoco están actualizados los datos de los propietarios», explica Martínez. Hasta que con la documentación y testimonio aportados por el investigador Juan Zamora localizaron la cueva «asociada a uno de los guisaderos, el de Teresa la Chica y de Florencio», señala.

El último día de la excavación, Alba Morales y Marco Tejera, estudiantes de Historia con la carrera recién terminada, muestran piezas cerámicas encontradas. | FOTO Y. MILLARES
Localizado el lugar, el siguiente problema era acceder a él. Situado en un bancal plantado de papas, el lugar a excavar estaba en un extremo del mismo cubierto por gigantescas tuneras. «Estuvimos un par de días quitando las tuneras», dice, hasta que pudieron marcar y comenzar a excavar una zanja de dos por tres metros aproximadamente. «Empezamos un lunes y trabajamos también todo el fin de semana, porque vinieron estudiantes de la Universidad a ayudarnos y porque consideramos que era interesante trabajar el fin de semana que es cuando hay más gente en el pueblo», añade.

«El fin de semana se acercó mucha gente a preguntar y también contarnos sus recuerdos» SANDRA CANCEL

En efecto, la expectación en el lugar era grande y querían implicar a la población local, pues también querían contar con ellos para la recogida de información. «El fin de semana se acercó mucha gente a preguntar y también contarnos sus recuerdos», confirma Cancel.

En los sucesivos niveles que fueron excavando y a medida que profundizaban encontraron objetos de diferentes épocas. «Al principio plásticos y vidrio, herramientas agrícolas, botellas de coñac, de ron y de anís. Pero, al final, en los últimos 40 centímetros sólo aparecía loza importada y, en el último nivel, ya sólo había cerámica a mano», detalla Cancel. «En la parte superior el contexto era de los años 90 y según íbamos bajando encontrábamos contextos de los 70, de los 60, en los que estaban esas botellas, suelas de zapato, algunas botellas de medicamentos», añade Martínez.

Una de las lisaderas encontradas, herramienta fundamental en el trabajo de las loceras que pasaba de generación en generación. | FOTO Y. M.
En ese último nivel también hallaron herramientas propias de la actividad alfarera, piezas líticas muy pulidas: las lisaderas. «Las mismas piezas que sigue utilizando hoy Mari [León, la única alfarera en activo en el poblado] y que aparecen en los yacimientos aborígenes: para desbastar, para levantar las piezas», destaca Morales. Son piezas «muy simbólicas —insiste Martínez—. Las lisaderas son heredadas de madres a hijas. Las de Mari se las dio su suegra [Teresa Lugo] y vete a saber lo antiguas que podían ser».

«Otro dato interesante es que aparece cerámica de importación, tal vez no estaban tan aislados como nosotros pensamos» JONATHAN SANTANA

En lo que era un lugar de la cumbre de la isla de difícil acceso, el también arqueólogo Jonathan Santana observa «otro dato interesante: a pesar de ser un poblado bastante aislado y de gente pobre, aparece cerámica de importación. Nos habla de un comercio trasatlántico incluso y de que ahí también recibían parte de ese material que llega a contextos más urbanos. Tal vez no estaban tan aislados como nosotros pensamos».

Sandra Cancel, Candela Martínez y José Guillén atienden las explicaciones de Mari León, la última locera en activo, que observa detalles de la textura y grosor de algunas de las piezas halladas donde estuvo en el guisadero de loza de Florencio González, que fue excavado. | FOTO Y. MILLARES
Todo el material recogido durante la excavación fue guardado en bolsas y clasificado y estudiado los siguientes meses. Los arqueólogos que han participado en el proyecto avanzan a PELLAGOFIO algunas de las primeras conclusiones. La cerámica de importación ha sido identificada y procede de una fábrica situada en Oviedo a principios del siglo XX, cuyas piezas están perfectamente documentadas.

«La idea es excavar en otros sitios de Lugarejos y comparar, queda mucho por investigar» CANDELA MARTÍNEZ

Más difícil es la identificación de las piezas de loza hecha a mano del lugar. «Las dataciones van a venir en su mayoría de la tipología de la cerámica», explica Martínez. Pendientes de las analíticas que han encargado a Miguel del Pino, especialista en cerámica, para ver la composición del barro, el tipo de cocción, etc., en cualquier caso «no van a cambiar que lo encontrado en este sondeo sólo llega hasta principios del siglo XX», destaca Morales. «Pero en esta excavación hay mucho potencial para el futuro —añade—. Además, antes se excavaba sólo lo aborigen y ahora abarca un período más amplio».

«La idea es excavar en otros sitios de Lugarejos y comparar. Teniendo en el barranco de al lado cuevas como las de la Paja o de Risco Caído, yacimientos arqueológicos muy antiguos, podemos presumir que el poblado de Lugarejos es igualmente antiguo, pero queda mucho por investigar», dice Candela Martínez. De hecho, sólo los talleres-cueva y guisaderos de que se tiene constancia por la tradición oral (cuya ubicación aproximada se conoce) suman una quincena en todo el poblado.

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