El uso de cabritos perinatales, ofrenda ritual aborigen
Arqueología / La huella indígena en Gran Canaria

Después de años de estudios y excavaciones, la zooarqueóloga Verónica Alberto ha demostrado que los aborígenes de Gran Canaria enterraban cuerpos enteros de cabritos, corderos y cerditos perinatales en el interior de sus viviendas como ofrenda propiciatoria al estrenar sus casas. Las dataciones lo confirman. [En PELLAGOFIO nº140 (2ª época, mayo 2025)].

| ■ Fetos de cabritos y corderos como ofrendas propiciatorias Una de las viviendas aborígenes del yacimiento arqueológico de El Llanillo, excavado por Propac en el sur de Gran Canaria en 2006, donde se hallaron varios fetos ● |

| ■ En cueva también, en este caso de un cabrito nacido En Arucas el hallazgo de un cráneo y las patas se produjo en una cueva donde se daba forma a piedras de molinos, excavada por Arqueocanaria ● |
En ninguna de las excavaciones arqueológicas realizadas en Canarias antes del siglo XXI fueron detectadas estas prácticas
Por YURI MILLARES
La dificultad de su identificación y la especialización que requiere excavar en yacimientos arqueológicos pensando en ello, explica que no se hayan detectado hasta fechas recientes. Pero los enterramientos de animales en espacios domésticos con una finalidad ritual se conocen en el mundo entero, por ejemplo, «en las dos riberas del Mediterráneo y en general en Europa desde la Edad del Hierro», explica Verónica Alberto. No es algo que tenga que extrañar, pues, descubrirlo en yacimientos de las Islas. «Para cualquier grupo humano los animales domésticos tienen un valor excepcional, su vida depende de ello y más en sociedades agropastoriles», insiste.

Lo cierto es que en ninguna de las excavaciones arqueológicas realizadas en Canarias antes del siglo XXI fueron detectadas estas prácticas. «El primero se identifica en 2003 en el Lomo de los Melones (La Garita). Dentro de una estructura de habitación que excavábamos nos aparecen los restos de un baifito que resultó ser un feto que mantenía las conexiones anatómicas», relata. «Fue raro», recuerda, ya que no eran restos de huesos sueltos que hubieran sido consumidos por las personas que habitaron esa casa, identificada como aborigen.
Poco tiempo después aparecen otros restos similares en el yacimiento de El Llanillo (Arguineguín). «Lo excavaba el equipo de Julio Cuenca. Hicieron una excavación muy meticulosa y por eso el hallazgo no pasó desapercibido», dice. En efecto, se vuelve a verificar la presencia de animales perinatales en conexión anatómica —es decir, se enterraron animales enteros antes o justo después de nacer y con el paso de los siglos quedaban sólo los huesos en la posición en que se depositaron los cuerpos— enterrados por debajo del nivel del suelo de dos casas de piedra aborígenes. En una ellas había incluso hasta cinco animales en distintas ubicaciones de la vivienda.
Depósitos fundacionales
«Antes de 2003 nadie los había visto y a partir de ahí empecé el estudio». En aquella época Verónica Alberto estaba estudiando la simbología animal, «no sólo el aprovechamiento económico y alimenticio, sino también lo que tenía que ver con los rituales en los que participaban animales», explica.
«Aunque en otros lugares del mundo tienen otras funciones, aquí son depósitos fundacionales: antes de vivir una casas sacrificas un animal y lo entierras en determinados lugares»VERÓNICA ALBERTO
En zooarqueología se denominan depósitos especiales y a partir de entonces, que ya se buscan, han seguido apareciendo en excavaciones de Gran Canaria. Y no sólo en casas de piedra, también en cuevas de habitación. «Aunque en otros lugares del mundo tienen otras funciones, aquí son depósitos fundacionales —destaca—. Quiere decir que cuando estás construyendo tu casa o la tienes construida, antes de vivirla, sacrificas un animal o coges alguna parte de su anatomía (patas, cabeza) y lo entierras en determinados lugares».
En Arucas se da el caso de tratarse de un espacio económico, una cueva donde se daba forma a las piedras de los molinos que se traían de alguna cantera, en la que aparecen enterrados y colocados el cráneo (encima) y las patas (debajo) de un cabrito. «En La Fortaleza —donde se excava actualmente—, lo hemos visto en varias casas, incluso en los umbrales de las viviendas. Y es muy interesante porque hemos encontrado en una las casas un cerdito; también hay casos curiosos de animales un poco mayores, de un par de meses, que no se ponen enteros, sólo las patas y los cuernos».
Siempre están en los cimientos, por debajo de donde se acondiciona el suelo sobre el que vivirán las personas. «Tienen una función de inauguración del espacio y de propiciar la suerte para los inquilinos», concluye.
Hay que tener una formación muy fuerte en tafonomía, para identificar la historia que ha tenido un hueso desde el momento que se entierra, hasta que lo recupera el arqueólogo
Al ser espacios que se modifican mucho con el paso de los años y siglos (se reacondicionan, se arreglan, se abandonan, actúa la erosión, se vuelven a reocupar en otra época, se mezclan con huesos que sí han sido consumidos) hay que tener una formación muy fuerte en tafonomía, para poder identificar el origen y la historia que ha tenido un hueso desde el momento que cae al suelo o se entierra, hasta que lo recupera el arqueólogo.
Al principio, colegas de profesión le decían cosas como que «eso fue un pastor que pasaba por ahí y excavó un agujero». Pero «la arqueología no funciona así —argumenta—, no es lo que tú te imaginas, tienes que dar respuesta a un contexto. Si no, todo sería “alguien que pasó por allí”». Después de las dataciones no quedó duda: son depósitos fundacionales y todos se sitúan entre los siglos XI y XIV, «ninguna duda de que es aborigen y de que son prácticas que se llevan a cabo en ese último periodo».



