Localizado el nivel con los cuerpos en el fondo de la Sima de Jinámar
Arqueología / En busca de jornaleros y otros represaliados ‘desaparecidos’

Arqueólogos del Cabildo de Gran Canaria culminan la campaña de excavaciones en la Sima de Jinámar de 2024 con seis descensos a la fosa volcánica. Es la primera intervención de carácter científico y forense que se realiza en el lugar para documentar los asesinatos franquistas, recuperando los huesos de varios individuos. [En PELLAGOFIO nº135 (2ª época, diciembre 2024)].
Por YURI MILLARES
No se sabe cuántas personas fueron asesinadas y arrojadas a la Sima de Jinámar después de 1936. Los 27 jornaleros de Agaete desaparecidos en el año 1937, por ejemplo, «se cree que fueron arrojados a la tristemente célebre Sima», escribe el historiador Sergio Millares. Pero la devolución a sus familiares de los restos humanos localizados en 2024 en la Sima de Jinámar, «como objetivo humanitario en esta intervención, va a ser difícil de cumplir si no los podemos identificar», se lamenta Javier Velasco, inspector de Patrimonio Histórico del Cabildo de Gran Canaria.

«Podemos establecer una relación cronológica y estratigráfica entre todos esos elementos y demostrar de forma inequívoca que estamos en un contexto de violencia, vinculado al proceso de represión que a partir de 1936 se desarrolla en Gran Canaria», señala Velasco. «Lo más interesante, desde el punto de vista arqueológico, es que vamos a tener una superficie de trabajo que nos va a marcar el nivel de la Sima al final de los años 30. Es decir, donde cayeron los restos humanos. Esto nos va a servir de guía para seguir avanzando en el trabajo», añade, pues la idea es realizar nuevas campañas de excavación, si fuera posible ya en 2025.
«Eso es muy importante, sobre todo ahora que hay mucha política revisionista —afirma—. Debemos tener cada vez más argumentos para callar la boca a cualquier intento de cuestionar el origen de esos restos humanos. El método científico que proporciona la arqueología es la mejor garantía».

Los seis descensos a la Sima de Jinámar los realizaron dos arqueólogos del Cabildo (Javier Velasco y José Guillén), junto a cuatro especialistas en acompañamiento en trabajos científicos de una empresa de trabajos verticales, que garantizaban la seguridad en el descenso y el ascenso a la fosa, y que en el interior ayudaban durante la excavación con los desplazamientos de tierra. Sacar al exterior la gran cantidad de metros cúbicos de sedimentos, escombros y basura «era inviable».
El fondo de la Sima de Jinámar es un talud de unos 25 m en su eje mayor y de unos 15 m en la base, con una pendiente de 45º. Sin restos óseos visibles cuando llegaron, tras las excavaciones en el fondo del talud durante el segundo sondeo, «a un metro de profundidad aparecieron los primeros restos humanos». Habían quedado sepultados «en los últimos 50 o 60 años con vertidos generados por razones naturales (lluvia y sedimentos de arrastre), pero también por la intensa actividad de uso como vertedero».

En estos dos pozos «todas las personas fueron asesinadas de la misma forma y en el caso de la Sima de Jinámar también tenemos un caso, muy claro, de entrada de proyectil de arma de fuego en la parte posterior del parietal derecho (detrás de la oreja derecha) y posible salida por la cara. Y hay otro fragmento con una huella de herida similar».
Estudio de los restos
Ahora viene la fase del estudio de los materiales. Por un lado, una restauradora va a trabajar con la moneda de peseta encontrada junto a una cartera para clarificar cuándo fue acuñada, pero sobre todo con la munición, para identificar su procedencia y el año. «Se tratará todo el material no humano como material arqueológico para garantizar su conservación porque son ilustrativos de un contexto de violencia. Es una huella histórica», detalla el inspector de Patrimonio Histórico del Cabildo.

Sin embargo, frente a otros contextos en los que hay mayor número de familiares que han aportado ADN para buscar a sus desaparecidos, «en el caso de la Sima de Jinámar no se ha definido el número de personas que pueda haber en el interior, ni quiénes pudieran ser», dice. Hace unos años, añade, «se les hizo extracción de ADN a los restos de otros cinco individuos que se recuperaron en la Sima de Jinámar en los años 70, pero ninguno ha sido identificado».
«Falta esa parte—insiste Velasco—: es importante que se visibilice y difunda este tipo de intervenciones para que los familiares o quienes crean que tienen algún familiar desaparecido en este contexto se hagan los análisis de ADN para poder identificarlos».
Hay testimonios orales «que avalan que la Sima de Jinámar fue una gran fosa común», puntualiza. En este sentido, el historiador Sergio Millares ha investigado mucho (ver “Valle de Agaete, el valle de las viudas” y la entrevista «El primer año tras el golpe del 36 fueron unos meses absolutamente salvajes en Canarias»).



