Patrimonio cultural de Canarias

De atalayas con hogueras, al telégrafo de la Armada

El semáforo de Anaga, último vigía de las aguas canarias

Las atalayas de vigía y las hogueras de señales fueron una constante durante siglos en las costas de Canarias. La de Igueste, en Tenerife, es la más longeva (500 años), pero cuando llegaron las señales de banderas y el telégrafo lo que se construyó fue un semáforo en 1893. En ruinas, espera por su rehabilitación. [En PELLAGOFIO nº127 (2ª época, marzo 2025)].

■ La fotografía más antigua
El Semáforo de la Atalaya protagoniza fotografías desde todos los ángulos posibles desde su construcción en 1893 hasta la actualidad. Ésta, sin embargo, debe ser la más antigua puesto que junto a su edificio todavía no aparece el mástil de señales para banderas de 16 m de alto y cruceta de 12 m ●

■ De Anaga al desastre
El ‘Infanta María Teresa’ era el buque insignia de la escuadra enviada por España a Cuba a luchar contra Estados Unidos. Al mando del almirante Cervera, pasó por Anaga —recibiendo órdenes vía telegráfica desde el Semáforo de la Atalaya— y continuó rumbo a Santiago de Cuba donde fue hundido ●

El Plan General de Semáforos planeó construir 20 edificios con esta función y uno iba a estar en Canarias, en Anaga: entró en funcionamiento en 1895

Por YURI MILLARES

Las islas Canarias han vigilado las aguas que bañan sus costas desde tiempo inmemorial. Otear el horizonte ha sido una necesidad de supervivencia para organizar la defensa en cuanto se avistaba un posible enemigo. Tras la conquista, por ejemplo, los ataques y saqueos perpetrados por piratas y corsarios fueron habituales. O los enfrentamientos contra flotas de países con los que se estaba en guerra.

El semáforo de Anaga, el pueblo de Igueste de San Andrés y, al fondo, Santa Cruz de Tenerife. | ARCHIVO DEL COLECTIVO SEMAFORO DE LA ATALAYA

El archipiélago convirtió muchas de sus montañas, estratégicamente situadas, en atalayas de vigía. Eran la primera línea de defensa: avisar. Desde la Atalaya Grande sobre Famara, en Lanzarote (en la actualidad el Mirador del Río), hasta la cima del pico de Vidacaque, en El Hierro (sobre el embarcadero de La Caleta). Entre medias, Tenerife, por su extensión y poblamiento, fue la isla que más puestos de vigía dispuso durante siglos en todo su costa y, de modo especial, en Anaga.

El proyecto de prospección arqueológica Vigilant identificó, no hace mucho, once estaciones de aviso o atalayas en el noreste tinerfeño [ver PELLAGOFIO 106, abril 2022 ]. La forma de avisar que tuvieron los vigías o atalayeros durante siglos fue mediante fuegos: para dar la alarma mediante humaredas durante el día, con hogueras por la noche.

Hamilton & Co. instaló en la Atalaya de Igueste su propia caseta en 1886 equipada con un telégrafo óptico para saber cuándo llegaban sus barcos a Tenerife

Atalaya privada, semáforo del Estado
La más longeva de estas atalayas (con vistas a la rada de Santa Cruz de Tenerife) es la de Igueste, con casi 500 años funcionando. Cuando se suprimió el servicio de las atalayas y en 1867 se disuelve el Cuerpo de Atalayeros y Torreros del Estado, todavía seguirá en activo: la naviera británica Hamilton & Co. instala su propia caseta en 1886 equipada con un telégrafo óptico (banderas de día, luces de noche). Así recibía información de la llegada de sus barcos y organizaba el trabajo en los muelles.

En 1890 dejó de funcionar este «semáforo privado». El Estado ya había diseñado en 1884 un Plan General de Semáforos para construir 20 edificios con esta función y uno iba a estar en Canarias allí mismo. Se le asignó el nombre de Semáforo de la Atalaya, aunque también es conocido como Semáforo de Igueste. Entró en funcionamiento en 1895.

Situado sobre un acantilado al lado del valle y el pequeño pueblo de Igueste, estaba en un lugar de complicado acceso por tierra, pues sólo había serpenteantes senderos con los caseríos de la zona. Podía llegarse por mar hasta la desembocadura del barranco de Igueste. Allí, en la playa, hubo que construir un pequeño embarcadero y un «camino carretero» de 2.054 metros hasta lo alto de donde se levanta el edificio del faro, de bloques de toba roja de una cantera próxima.

Para construir el edificio del semáforo de Anaga hubo que construir un embarcadero en la playa de Igueste y abrir un camino carretero de poco más de 2 km hasta el emplazamiento, a 222 m sobre el acantilado de la Punta del Roquete. El mirador de la antigua Atalaya se encuentra más arriba, a 417 m. | ARCHIVO DEL COLECTIVO SEMAFORO DE LA ATALAYA

Por ese camino subieron a lomos de bestias los dos baúles de caoba con robustas asas (que se conservan en la Comandancia Naval de Tenerife) con las banderas y las ópticas del semáforo. Sendas placas de latón en su parte superior incluyen la inscripción: «Semáforo de La Atalaya en Tenerife. Carraca 1891».

El edificio, de una planta, albergaba las viviendas para dos vigías. Adosado a él, la habitación del ordenanza y otras dependencias y un tercer cuerpo hexagonal (con cubierta a seis aguas al principio) destinado a observatorio. En el exterior del edificio estaban el horno del pan y, lo más llamativo de todo, un mástil de señales resistente al viento para cuando portara las banderas.

El semáforo tenía a la vista la Comandancia de Marina en Santa Cruz de Tenerife a una distancia de algo más de seis millas y se comunicaba mediante banderas y vía telegráfica

Telegrama histórico
El semáforo tenía a la vista la Comandancia de Marina en Santa Cruz de Tenerife a una distancia de algo más de seis millas. La comunicación se realizaba mediante banderas, pero también vía telegráfica.

Ejemplo de ello, en sus primeros años de funcionamiento, fue el telegrama enviado al semáforo desde la escuadra que iba a Cuba, al mando del almirante Cervera, para entrar en guerra contra Estados Unidos resultando diezmada. Decía el almirante: «…salí en la tarde del 8 del puerto de Cádiz con el Colón y el Teresa haciendo rumbo á Punta Anaga (Isla de Tenerife), con cuyo semáforo comuniqué en la mañana del 11 [de abril de 1898], recibiendo la orden de V. E. de seguir mi viaje…».

Salvador Iglesias Barbero fue uno de los primeros vigías del semáforo de Anaga. Natural de San Fernando de Cádiz, ya viudo con 28 años y padre de un hijo fue destinado como radiotelegrafista a la estación de señales marítimas de Igueste en cuanto empezó a funcionar en 1895. Allí contrajo matrimonio con una vecina de Igueste de San Andrés. | ARCHIVO DEL COLECTIVO SEMAFORO DE LA ATALAYA

Otra comunicación histórica había tenido lugar varias semanas antes, el 18 de febrero de aquel 1898. El vapor francés Flachat de la Compagnie Générale Transatlantique, que iba para La Guaira (Venezuela), naufragó mientras navegaba entre la Punta de Las Manchas y los Bajos Verdes de Anaga.

En medio de una fuerte calima que impedía la visibilidad, chocó con alguna de las bajas que jalonan la costa de Anaga y se partió en tres, pereciendo decenas de pasajeros y tripulantes.

Días después, cuando ya se había auxiliado a los náufragos supervivientes, el semáforo avisó telegráficamente a la Comandancia de Marina: un vecino había encontrado más náufragos del vapor francés. De inmediato salió del puerto, dice la prensa de la época, «un bote tripulado por ocho marineros y dirigido por un práctico de la Comandancia de Marina, conduciendo a su bordo una comisión, que llevaba toda clase de auxilios para en caso necesario prestarlos a los náufragos de referencia».

Innecesario con el paso del tiempo por el avance de las comunicaciones marítimas, el semáforo cesó su actividad en 1970 y quedó en el más absoluto de los abandonos

El personal de servicio en el Semáforo de Anaga estaba compuesto por funcionarios del Cuerpo de Vigías de Semáforos, expresamente creado para atender este tipo de instalaciones. Un decreto de febrero de 1943 reorganiza este cuerpo para darle carácter militar, equiparando los vigías a contramaestres de la Armada.

Ruina y ¿rehabilitación?
Innecesario con el paso del tiempo por el avance de las comunicaciones marítimas, el semáforo cesó su actividad en 1970. El Ministerio de Marina lo entregó al de Hacienda y pasó a formar parte del patrimonio del Estado. De este modo quedó en el más absoluto de los abandonos, sufriendo durante décadas toda clase de destrozos, algún incendio y, tras el paso de la tormenta tropical Delta en 2005, que se partiera el mástil de señales (un palo de 16 m de alto con una cruceta de 12 m).

Estado en que se encuentra el edificio. A la derecha, lo que era el observatorio de grandes ventanales. | ARCHIVO DEL COLECTIVO SEMAFORO DE LA ATALAYA

Cedido por el Estado al Gobierno de Canarias en 2021 para su rehabilitación, la obra aún no se ha ejecutado aunque tiene consignado un presupuesto de cerca de 400.000 euros del presupuesto de 2022. Entre otras razones, por las dificultades técnicas de la obra. En 2024 está previsto que, finalmente, den comienzo las obras. «En realidad lo que se va a hacer es consolidarlo como ruina. No se va a hacer otra cosa porque la lejanía es su peor enemigo», dice De Vega. «El problema es que está lejos, si no ya sería un hotel», añade León.

La obra consistiría en «reponer los elementos arquitectónicos de toba roja que hiciera falta; quitarle los techos (que parece algo agresivo), porque al final es lo que tira de las paredes y puede colapsar el edificio; hacer una cornisa perimetral y reforzarlo todo. Los escombros de los techos no se pueden dejar y habría que sacarlos en helicóptero. Esto es Parque Rural», explica el primero.

■ EL DETALLE
Conectado al cable telegráfico con América

Todos los buques en tránsito que querían enviar o recibir mensajes de cualquier parte del mundo debían acercarse al semáforo

«En 1894 entró en funcionamiento un cable telegráfico de la Societé Française des Telégraphes Sous-Mains» que «permitiría la comunicación telegráfica entre Canarias y América, y extender de igual modo el servicio semafórico de los buques que recalaban en Punta Anaga», informa la Revista General de Marina del Ministerio de Defensa en un artículo publicado en 2014. «Por lo tanto, todos los buques en tránsito que querían enviar o recibir mensajes de cualquier parte del mundo, debían acercarse a partir de entonces al semáforo como ruta obligada y destacada en las cartas de navegación, con el beneficio consecuente para el puerto de Santa Cruz de Tenerife».

Según el primer Inventario del Semáforo, en 1895 «ya había línea telegráfica y se comunicaban con un telefonillo con el pueblo. Era un telefonillo que funcionaba con una pila química de Volta. El sitio es estratégico», relata Javier de Vega. «Yo me he subido allí y se ve hasta la punta de Abona. Se comunicaba con la comandancia naval de Santa Cruz de Tenerife mediante banderas por el sistema de señales náuticas. Es un alfabeto y una simplificación con dos y tres banderas. “Vamos a repostar agua”, “Necesitamos entrar”, “Hay epidemia a bordo”, cosas así».

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