Patrimonio cultural de Canarias

El conflicto del silbo como lenguaje articulado de todos los canarios

Jornadas científicas del silbo en el Teatro Consistorial de Gáldar: debate entre investigadores

El Teatro Consistorial de Gáldar, la ciudad de los guanartemes, acogió en noviembre unas jornadas científicas del silbo que trajo a eminentes investigadores de otros países, también de distintas islas del Archipiélago constatando la disputa entre quienes quieren proteger tan rico patrimonio y quienes lo desprecian como de ‘segunda’ si no es gomero (+ info: Silbo en Siberia, Papúa Nueva Guinea, el Atlas y, también, El Hierro) [En PELLAGOFIO nº145 (2ª época, diciembre 2025)].

Por YURI MILLARES

Clicar aquí para bajar a estos contenidos en la página:

■ «Hay más palabrerío que conocimiento» entre los que niegan otros silbos
Recogiendo romances en la zona de Chipude, Maximiano Trapero se encontró con el silbo gomero en 1983 buscando a una romanceadora llamada María que vivía en… (seguir leyendo)

■ Sólo el silbo gomero es ‘productivo’, los otros son ‘poco desarrollados’
Marcial Morera comenzó advirtiendo que se iba «a limitar simplemente a hacer una descripción objetiva del concepto de silbo». Más precisamente lo que es un silbo lingüístico articulado… (seguir…)

■ El silbo gomero «no es único en Canarias ni falta que le hace»
El investigador Rubén Jiménez quiso poner el acento en que «el patrimonio no tiene valor necesariamente por su exclusividad o por su esplendor… (seguir leyendo)

Las distintas ponencias de las Jornadas del Silbo presentadas en Gáldar, auspiciadas por la Asociación Folklórica y Cultural Agáldar, constataron la importancia y extensión de esta forma de comunicación, como lenguaje articulado que se utiliza por todo el planeta, como detalló el experto francés Julien Meyer (premio europeo Marie Skłodowska-Curie Actions 2015 por sus investigaciones sobre lenguajes silbados y que también ha investigado el silbo herreño). Un patrimonio cultural de tan alto valor, es objeto en Canarias de un «discurso belicoso» por ciertas «autoridades políticas», como constata el informe Icomos (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios de la Unesco) que citó el investigador de la ULPGC Rubén Jiménez Sánchez.

Maudilio (Yiyo) Martín silba en Las Carboneras (Anaga, Tenerife). Aprendió a comunicarse desde niño, cuidando cabras con su primo Francisco. «Le decía —lo silba y repite hablando— “Keko, ven p’arriba” o “vamos”. Pero a veces nos poníamos a hablar silbando». | FOTO Y. MILLARES
«Más silbo enriquece y no empobrece», insistió Jiménez, al citar a Icomos diciendo que «se usan prensa, redes sociales y asociaciones civiles —en ese discurso belicoso—, existiendo también una inacción en la tramitación de expedientes de protección para algunos silbos frente al gomero». Y recordó las palabras de Casimiro Curbelo «para decir que “vamos a dejarnos de fantasmadas y tonterías” cuando se hace referencia al silbo en la isla de El Hierro».

De la ponencia inaugural de estas jornadas se encargó Maximiano Trapero. Las documentadas palabras del catedrático de filología y profesor emérito de la ULPGC (que ha recopilado los romanceros de la tradición oral de todo el Archipiélago) trasladaron emoción, sensatez y firmeza en defensa del silbo. Titulada «Silbo canario, breve relato de una historia ancestral», señaló que «lo que podríamos hoy celebrar como una gran fiesta de la pervivencia de esa manifestación tan novedosa, tan extraordinaria [de los aborígenes canarios], sin embargo tenemos que confesar que hay un conflicto».

«Llamar silbo gomero a los de otras islas como si derivaran del silbo de La Gomera es una falsedad»MAXIMIANO TRAPERO

Injusticia histórica
Coincidiendo con el informe Icomos, destacó que «existe un interés particular y político en la implantación forzada de un determinado silbo, el de la isla de La Gomera, sobre el resto de los silbos». El silbo de esta isla «es tan auténtico, tan bueno y tan antiguo como el silbo de El Hierro, de Gran Canaria y de Tenerife, los únicos reconocidos hasta ahora, ni más ni menos. Cada uno con sus características», rechazando de plano que éstos procedan de la Isla Colombina.

«Pretender llamar silbo gomero a todos ellos como si todos derivaran del silbo de La Gomera, no solo es una falsedad, sino una injusticia histórica». Y es que, argumentó, «en el fondo no hay más que un silbo canario», en cada isla «con sus características». Por cierto, señaló como «primera revelación histórica del silbo», un episodio de la conquista de Gran Canaria en 1479 durante la batalla de las Tirajanas del que escribió Alonso de Palencia, cronista de aquellos hechos.

«Los silbos, si son sistemas, son siempre potencialmente productivos, pero no todos tienen el mismo desarrollo»MARCIAL MORERA PÉREZ

Otro peso pesado de las jornadas fue el también catedrático, pero de lengua española de la Universidad de La Laguna, Marcial Morera Pérez. Sorprendió con una extensa lectura de lo que él mismo calificó como un «ejercicio taxonómico, una pequeña y sencilla clasificación de los tipos de silbo que hay». Su exposición de redundancias interminables para definir los diferentes tipos de silbo, concluyó con lo que buscaba argumentar con un barniz científico: hay «silbos dependientes relativos o lingüísticos productivos o explicados» como el silbo gomero (que expresa mensajes tanto sencillos como complejos), y «silbos dependientes relativos o lingüísticos no productivos o no explicados» en El Hierro Tenerife y Gran Canaria (de viejos pastores con un diccionario muy limitado).

Rebatido por varios ponentes que pusieron el ejemplo de silbadores de gran habilidad y amplia capacidad comunicativa de esas otras islas, Morera rectificó algo su clasificación en el debate final de las jornadas. Ante la inconsistencia de la aplicación de sus argumentos «sobre la diferencia de los silbos productivos y no productivos», quiso «añadir ahora que esa diferencia no es una diferencia estructural, sino una diferencia situacional. Es decir los silbos, si son sistemas, son siempre potencialmente productivos, pero no todos tienen el mismo desarrollo…». Hay de primera y de segunda, parece.

«Pudo llegar una etnia sólo a La Gomera que silbaba y al resto no, es una hipótesis que tendríamos que manejar»RAMÓN HERNÁNDEZ ARMAS

Los ponentes de la Cátedra de Silbo Gomero de la ULL, Ramón Hernández Armas y Grecy Pérez Amores, sí continuaron con el argumentario de Morera. En su caso, ahondaron en la conocida postura que niega otros silbos que no sean de La Gomera, salvo que estén ahí porque fueron llevados por gomeros. «Dada la variedad cultural que existe entre las culturas prehispánicas en cada una de las islas y que a veces se explica con un origen, sí, del Atlas, pero desde puntos distintos (…) también pudo llegar una etnia sólo a La Gomera que silbaba y al resto no». Para Hernández, es una «hipótesis que tendríamos que manejar», insistió, ignorando toda la documentación histórica, arqueológica y etnográfica existente.

Llegó a utilizar algunas citas históricas para decir que a Tenerife llegó el silbo por gomeros que fueron llevados Anaga. El etnomusicólogo e investigador David Díaz Reyes, antes de entrar en detalle sobre su propia ponencia («El lenguaje silbado en Tenerife: un legado cultural en recuperación»), quiso comenzar su intervención rebatiendo detalles de la ponencia de la Cátedra de Silbo Gomero, porque «estamos hablando de información académica y no puedo dejar pasar situaciones que además no se corresponden a la realidad».

«Parece muy difícil, si llegaron traídos por alguien, [que] les digan “levanten la mano los que saben silbar, pues bájense aquí”»DAVID DÍAZ REYES

Defendió la «memoria y dignidad» de Amadeo Quintero Padrón, «un excelente silbador» de El Hierro ya fallecido, como demostró poniendo unas grabaciones de su silbo y cuya capacidad comunicativa habían puesto en duda desde la ponencia anterior. «Hay que ser rigurosos», exigió ante otras informaciones de silbadores que no se correspondían con la realidad.

Y sobre hipótesis de que la etnia que sí silbaba fue la que se instaló en La Gomera durante el poblamiento amazigh de las Islas, ironizó: «Parece muy difícil que cuando llegan, si llegaron traídos por alguien, por los romanos o quien fuera, les digan “levanten la mano los que saben silbar, pues bájense aquí”. Eso tiene menos sentido aún».

La última intervención de las jornadas, ya en el debate, la protagonizó el investigador griego Panagiotis Tzanavaris (que habló del sfyria, lenguaje silbado de una pequeña aldea en la isla griega de Eubea): «Para mí existe el silbo —sin apellidos—. Debemos unirnos, cooperar, salvarlo y transmitirlo a las nuevas generaciones. Es un asunto que en las islas Canarias deben resolver internamente. El silbo debe unirnos y hacernos olvidar nuestras diferencias. Sólo existe el silbo».

«Hay más palabrerío que conocimiento» entre los que niegan otros silbos

Pero, ¿tú sabes silbar?», preguntó Maximiano Trapero al herreño Eloy Quintero cuando lo escuchó. «Claro». | FOTO PELLAGOFIO
Recogiendo romances en la zona de Chipude, Maximiano Trapero se encontró con el silbo gomero en 1983 buscando a una romanceadora llamada María que vivía en lo más profundo del barranco de Erques. «A grandes voces le preguntamos a un señor. La respuesta que recibimos no fue de voz sino de silbo, pero no para nosotros, sino preguntando a no sabíamos quién, dónde estaba la señora María. Oímos silbos de un lado para otro, reiterados, y después de un ratito nos vocea diciendo “bajen ustedes al barranco que la señora María les espera porque está plantando papas”».

El «azar», dice, hizo que también descubriera el silbo en El Hierro «buscando las cuevas en donde se había escondido mi suegro» (Manuel Hernández Quintero fue uno de los huidos tras el golpe fascista del 18 de julio de 1936 y le comunicaban con el silbo por dónde iban sus perseguidores o dónde le dejaban provisiones para sobrevivir).

Después, para su asombro, en más islas. «Pude después conocer la existencia del silbo en Gran Canaria a través de los pastores de La Aldea y de Mogán. Y pude conocer igualmente la existencia del silbo en la isla de Tenerife con una hermosísima entrevista a quien me dio la noticia, Isidoro Torres Díaz, de la zona de Anaga».

Escribió un artículo en 1991 a propósito del silbo de El Hierro y Marcial Morera le escribió «una carta manuscrita que conservo que me decía lo siguiente: “…te agradezco muy de veras tu precioso artículo sobre el silbo herreño, que para mí, como seguramente para otras muchas personas, constituye una auténtica novedad. (…) Al final, amigo Trapero, no queda otro remedio que concluir que en estas islas nuestras ha habido siempre más palabrerío que conocimiento”».

«Hay topónimos con el nombre de Silbo en Fuerteventura, en Lanzarote, además de La Gomera y en La Palma»

«Sin duda, más palabrerío que conocimiento», le dijo Trapero en las Jornadas del Silbo en Gáldar. Porque Marcial Morera, «a quien tanto admiro en sus dedicaciones a la lingüística y a la filología», en un artículo publicado titulado “Silbo gomero y pleito insular” [Diario de Avisos, 20-VI-21], escribió que «con absoluta seguridad» el silbo a Tenerife y a El Hierro, «(no cita Gran Canaria), “fue llevado desde la isla de La Gomera”. Y aquí está la clave de la discusión. ¿¡Con absoluta seguridad!?», le preguntó, antes de citar diversas referencias históricas que desmienten tal aseveración.

Trapero incluso aportó información sobre el silbo en la Isla Bonita. «No se ha descubierto en La Palma, pero hay un romance que manifiesta como un indicio de que también allí existió. En el romance El reparto del mulo se dice: “Se sube sobre el tanque y de allí le pega un silbo, que vengan a ver carne toditos los del castillo, por dinero o por grano, la cuenta me da lo mismo”. ¡Pregona a través del silbo! En La Palma».

Investigador de la toponimia de las Islas, «me encuentro que hay topónimos con el nombre de Silbo en Fuerteventura, en Lanzarote, además de La Gomera y en La Palma. Piedra del Silbo o Peñas del Silbo están en Pájara, Fuerteventura. Otra Peña del Silbo está en Teguise y un El Silbador aparece como topónimo en Haría, en Lanzarote».

Sólo el silbo gomero es ‘productivo’, los otros son ‘poco desarrollados’

El silbo de los viejos herreños, grancanarios y tinerfeños ha sido sustituido por el gomero, opina Morera. | FOTO PELLAGOFIO
Marcial Morera comenzó advirtiendo que se iba «a limitar simplemente a hacer una descripción objetiva del concepto de silbo». lo que es un silbo lingüístico articulado, es decir, «un lenguaje sustitutivo, silban una lengua». Desde el punto de vista físico, «todos los silbos del mundo son exactamente iguales». Ejemplo el que emiten las cafeteras express. Desde el punto de vista funcional, «existen dos tipos de silbo radicalmente distintos: silbo sin función comunicativa y silbo con función comunicativa». Ejemplos de uno y otro, el viento entre las rendijas de una ventana y o los silbos con la boca con emisor y receptor.

De este modo fue desgranando una clasificación para establecer si eran libres, autónomos, independientes, relativos, arbitrarios, motivados, fonemáticos, tonales… hasta llegar al quid de la cuestión: ¿son productivos? El silbo gomero sí es productivo, opina, «ya que permite comunicar mensajes sencillos, como “ven pa casa”; o mensajes más complejos, como “ven pa abajo pa que lleves la leche que ya ordeñamos”».

«Tienen un diccionario muy limitado o cerrado» los silbos de El Hierro, Tenerife y Gran Canaria

«Son no productivos o no explicados los silbos dependientes relativos o lingüísticos que tienen un diccionario muy limitado o cerrado, con palabras que solo permiten llamar a las personas por su nombre o expresar mensajes muy sencillos, como “ven para arriba” o “vamos al baile”». Sería el caso de los silbos de El Hierro, Tenerife y Gran Canaria, aunque después se desdijo y éstos podían ser «potencialmente productivos pero no tienen el mismo desarrollo».

El quid de la cuestión en realidad es, le respondió el experto en bioacústica y lingüista francés Julien Meyer (Centre national de la recherche scientifique, CNRS), que ha «visto y grabado» el silbo en El Hierro, es que «hay silbadores con diferentes niveles y esto existe todavía aquí en las diferentes islas».


El silbo gomero «no es único en Canarias ni falta que le hace»

«Somos herederos y no propietarios de un patrimonio de generaciones», destacó Rubén Jiménez. | FOTO PELLAGOFIO
El investigador Rubén Jiménez quiso poner el acento en que «el patrimonio no tiene valor necesariamente por su exclusividad o por su esplendor, sino por la función social que cumple. No hace falta que un patrimonio tenga luz y color, o que sea solo de aquí y solo mío para que tenga valor. El valor se lo dan los portadores, se lo dan las personas que han llegado con ese patrimonio hasta nuestros días». Pero, «¿qué pasa cuando deja de hablar la comunidad portadora y habla la comunidad política?», se preguntó.

Si frente a gomeros «de una autoridad incuestionable como Isidro Ortiz (que dice que el silbo de La Gomera no fue exclusivo de esa isla), o Virgilio Brito (que rechaza de plano la aseveración que sitúa el origen del silbo en La Gomera)», o frente a investigadores de la talla de Maximiano Trapero, Manuel Lorenzo Perera, Antonio Tejera Gaspar o Julian Meyer, es «Casimiro Curbelo [presidente del cabildo gomero] o cualquier cargo público quien decide qué es silbo y qué no, poquita esperanza podemos tener de que nuestro propio patrimonio siga perviviendo».

«La pervivencia del silbo en El Hierro no puede considerarse nunca una amenaza para el Silbo Gomero, sino una extraordinaria aportación a la riqueza cultural canaria»

Las alertas patrimoniales están en el informe Icomos, «están viniendo de quien dicta qué son patrimonios de la humanidad», destacó. «La pervivencia del silbo en El Hierro y/u otras islas del archipiélago canario no puede considerarse nunca un riesgo o amenaza para el Silbo Gomero, sino una extraordinaria aportación al silbo como formidable referente de la riqueza cultural canaria», dice en sus conclusiones dicho informe.

A lo que Jiménez añade: «El silbo gomero no es único en Canarias. Y me gustaría recalcar: ni falta que le hace, no necesita ser único para ser la joya etnográfica intangible que es». En cambio, «para los silbos que se desarrollan en otras islas no hay ningún tipo de protección» y ahí está lo sucedido con los intentos declarar Bien de Interés Cultural el silbo de El Hierro.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba