Cuchillo canario, la herrería convertida en arte
Herramienta única en el mundo / Se publica el segundo volumen de su estudio

Sale a la luz el segundo volumen que los investigadores Juan Manuel Zamora y José Juan Sosa dedican al estudio historiográfico, etnográfico y descriptivo de la herramienta de trabajo más identitaria y hermosa del campo isleño, ‘Los cuchillos canarios entre 1920 y 2019’ (FEDAC, 2024). Este es el prólogo que lo acompaña. [En PELLAGOFIO nº137 (2ª época, febrero 2025)].

| ■ Documento de pago por un cuchillo En la contabilidad de Vicente Batista López (1911-1975), hijo y nieto de afamados cuchilleros de Guía, consta este ‘Recibí’ de 1957 por un “cuchillo canario” por el que el firmante abona en “su apreciada cuenta” 350 pesetas. El más caro que aparece fue uno de 1.400 pesetas en 1962 (en 1963 el sueldo mínimo era de 1.800 pesetas mensuales). En la actualidad, un cuchillo de acero inoxidable 440C cuesta un promedio de 250 euros. | FOTO JOSÉ JUAN SOSA ● |

| ■ La hoja, con ballesta de camión Juan del Toro (1911-1983) era un cuchillero que tenía su herrería junto a la ermita de San Roque, en Guía. Muy conocido por la calidad de sus hojas (inconfundibles por su barbilla “esñucá”), de toda la isla venían marchantes con cuchillos de zonas alejadas para que les cambiara las hojas. Como era habitual entonces, la materia prima eran ballestas de vehículos, en su caso y su fama era porque usaba ballestas de camiones MAN. | FOTO PACO RIVERO (ARCH. FUNDACIÓN NÉSTOR ÁLAMO) ● |

| ■ Acero de raíles y tuneras para el temple Antonio García (nacido en 1936 en Guía, de familia de cuchilleros) hizo su primer cuchillo a la edad de 14 años y lo vendió por 5 duros (25 pesetas, 0,15 euros). Sus hojas, robustas y muy bien realizadas, eran de acero que extraía de raíles de vagonetas de pozos y galerías de agua. Como dato curioso, trabajando en Fontanales en época de frío hacía los temples introduciendo la hoja incandescente en una tunera. | FOTO ORLANDO TORRES (ATLAS RURAL DE GRAN CANARIA) ● |
Por YURI MILLARES
Extracto del Prólogo del libro ‘Los cuchillos canarios entre 1920 y 2019’ (FEDAC, 2024)
Molinos y herrerías han sido una realidad cotidiana e imprescindible en los campos canarios durante los últimos siglos. Los cultivos y ganados que han sustentado al isleño este tiempo necesitaban de ambos oficios para aprovisionarlo del alimento básico y las herramientas imprescindibles que lo hicieran posible. Y entre esas dos pequeñas y artesanas industrias, había una que también necesitaba a la otra.
En esos tiempos en los que no había ferretería a la que acudir, eran los herreros los únicos que podían surtir de toda clase de objetos metálicos a campesinos, arrieros y pastores. En La Gomera conocí a un herrero de raza: Antonio Díaz (Antonio El Tunera). El tejado de su vieja herrería parecía que estaba a punto de colapsar, pero él seguía allí la última vez que lo vi en 2004, golpeando el yunque con el martillo. «Si me pagaran las herraduras a mil pesetas, tenía yo para comprar un edificio. Fijo», me contaba.
«Con un machete templado fuerte lo llevamos a la platanera y corta, no se parte; pero lo llevas a un palo duro y se parte». Ahí entran en juego los secretos del herrero «con su agüita y su cosa», sonreía Zenobio.
Fue en La Palma donde conocí los primeros herreros que, además de herraduras y rejas, hacían herramientas de hoja cortante. Álvaro Pérez tenía su herrería en Garafía, de donde salían podonas chicas para cortar racimos en la vendimia, podonas para pasto y podonas grandes para la platanera. También machetes para cortar varas en el monte, cuchillos de uso doméstico y para el campo, y hasta unas curiosas navajas de hoja triangular. En todos los casos, los cabos los hacía de madera (por ejemplo, de castaño blanco) apenas decorados con unos rebajes o dibujos lineales.
También en la Isla Bonita, pero más al sur, Zenobio de Paz me habló en La Sabina (Villa de Mazo) de los secretos del temple que lleva la hoja del cuchillo. “Si es platanera, lleva un temple; si es para madera verde otro; y si es para madera seca otro. Con un machete templado fuerte lo llevamos a la platanera y corta, no se parte; pero lo llevas a un palo duro y se parte”. Ahí entran en juego los secretos del herrero “con su agüita y su cosa”, sonreía.
El cuchillo canario, tal y como lo entendemos por tal definición (con su hoja de espiga y unos cabos preciosamente decorados por manos casi de orfebre), lo había conocido en Gran Canaria cuando aún no había iniciado mi exploración por los campos de las otras islas del archipiélago. Antes de conocer a estos herreros que he nombrado y otros más que sería largo nombrar, mis andanzas comenzaron por Guía de Gran Canaria en el taller de un cuchillero de apellido ilustre en el gremio: Francisco Torres. La herrería aquí se especializa tanto, que fragua, yunque y martillo tienen la única misión de fabricar cuchillos. Y no pude resistir la tentación de adquirir uno, que todavía conservo.
Un ingente y minucioso trabajo de investigación de sus autores para escarbar en el pasado de este precioso objeto artesano e identificar su evolución y sus creadores
El cuchillo canario es todo un símbolo identitario del conjunto del archipiélago tan apreciado como singular en cuanto que herramienta de trabajo (y objeto de coleccionismo). Originario de Gran Canaria, fue una sorpresa encontrar recientemente en Teror un curiosísimo ejemplar, del coleccionista Bernabé Quintana, fabricado en Teguise (Lanzarote) en 1944 nada menos que por el luthier Simón Morales Tavío, uno de los mejores constructores de timples de todos los tiempos.
Poco estudiado hasta hace bien poco, la publicación de este libro es todo un hecho singular ¡y ya es el segundo volumen! De la tipología del cuchillo canario, sus características, incrustaciones y mucho más, se ocupan en sus páginas José Juan Sosa y Juan Manuel Zamora. Un ingente y minucioso trabajo de investigación de sus autores para escarbar en el pasado de este precioso objeto artesano e identificar su evolución y sus creadores en cada taller, en cada herrería, hasta casi el día de hoy.



