La viña, impoluta en el rofe, pero el vino ya no es clarete
Daniel Martín Guillén / Viticultor en La Geria, agricultor en el enarenado

Con la isla recién declarada por la FAO como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM), por sus cultivos en el jable (arenas de origen marino) y en el rofe (cenizas de las erupciones volcánicas), este joven profesional del campo lanzaroteño es uno los responsables de que este paisaje singular siga vivo. [En PELLAGOFIO nº141 (2ª época, junio 2025)].

| ■ La viña, en el perímetro de la finca En las huertas cubiertas con rofe o picón —los enarenados—, cultiva al modo tradicional calabaza y millo y, junto a las paredes que bordean la finca, «la fila de parras que antiguamente se tenía para el vinito de la casa» y alguna higuera ● |

| ■ Bardo, el soco que protege en la huerta Daniel camina en el enarenado junto a un bardo de millo que protege sus calabaceras del viento. «En el jable se hace de centeno o de trigo: se siembra, se siega y luego se hace el bardo para que no le quite alimento a lo que está plantado» ● |

| ■ Calabazas y colmenas todas a una «Para polinizar las calabazas porque, si no, hay que casarlas (aquí se le llama así), tengo las colmenas de un amigo», dice Dani mientras comprueba cómo crecen. «Son de secano, llovió tarde y mira la fuerza que tienen, se nos rompen» ● |
Por YURI MILLARES
«Soy de Tinajo, donde también hay mucho viñedo, que no sólo La Geria es emblema de la viña en Lanzarote», se presenta Daniel Martín Guillén, enólogo en una de las mayores bodegas de la isla, pero también viticultor y agricultor como lo fueron su padre y sus abuelos. «Me dedico a esto porque mi padre trabajaba la viña y se hacía vino en casa. Las tierras las trabajaba arrendadas y yo sigo haciendo lo mismo en tierras de gente mayor que ya no puede cuidar las fincas. Las alquilo y las trabajo», explica.
Relevo generacional, el legado cultural de sus antepasados es algo con lo que se identifica. «Al final, es herencia de nuestros abuelos que vivían de esto», remarca, señalando el origen y la dedicación de su abuelo materno con viña en Tinajo y de su abuelo paterno en Teseguite con cereal, papa y cebolla. En su caso, suma seis hectáreas de distintas fincas entre los hoyos con viña de La Geria y los enarenados con calabaza y millo de Tinajo. «Sigo trabajando en La Geria porque era la viña que hacía mi padre y porque creo que hay que darle un valor al paisaje. Pero si analizas los costos y los beneficios, un enarenado —cultivo en parcelas llanas de suelo fértil cubierto de picón— da más beneficios».
«Los viñedos viejos no son todos de malvasía, todos de listán o todos de diego, están todas las variedades juntas»
El vino de casa
El vino que hacía su padre «era con la uva blanca y tinta mezclada. Como las tenía en La Geria, cambiaba alguna caja de blanca por negra para hacer lo que sería un clarete hoy en día, el vino tradicional de Tinajo y de la isla», dice. Y es que «los viñedos viejos no son todos de malvasía, todos de listán o todos de diego. Están todas las variedades juntas y para los vinos tradicionales de casa se mezclaba todo. Menos la moscatel, que se utilizaba para hacer el dulce», describe las prácticas de las generaciones anteriores.
Unos vinos cuya mezcla de varietales también tenía que ver con la zona y, en algún caso, con explicaciones curiosas. «En Tinajo la mayoría es malvasía, moscatel, listán negro y una variedad que cada vez hay menos, la burra blanca, muy gruesa y utilizada más para comer. Si te vas a La Geria, además de malvasía, hay mucho listán blanco. Y en la zona de Juan Bello casi todo es diego, que la gente mayor me dice que era porque había mucho conejo y la diego no se la comían».
«La gente se puso a arrancar listán negro para plantar malvasía, pero también hubo otra época, que yo no la viví, que querían más listán negro que malvasía»
La llegada de la viticultura moderna trajo consigo nuevas formas de trabajar y el cambio de elaboraciones, las grandes bodegas empezaron a diferenciar y lo que más se pedía era la malvasía. «La viña sufrió ese cambio. La gente se puso a arrancar listán negro para plantar malvasía. Pero también hubo una época, que yo no la viví y me la contó mi padre, que querían más listán negro que malvasía y se pusieron a plantarla. Ahora ha cambiado y las bodegas quieren de todo», relata el cambio en los gustos y las modas con los vinos.
«Todos los años hay que darle un repasito y subir el picón que baja con las pisadas»
El picón, sin huellas
Lo que no cambia es la dedicación que requiere la viña y los cuidados que cada viticultor debe proporcionarle. Algunos con más mimo que otros, hasta el punto de borrar incluso las huellas en el picón. «La cultura de la gente mayor, sobre todo, es tener la viña impoluta. Recuerdo que mi padre, después de la vendimia en la zona donde se descargaban las cajas y se veían muchas pisadas de los vendimiadores, iba con un raspillito o un sacho a quitar las pisadas, para que quedara todo como si nadie hubiera entrado».
Y si hablamos de La Geria, como es el caso, eso es ir hoyo a hoyo. «Todos los años hay que darle un repasito y subir el picón que baja con las pisadas. Y en invierno, cuando vamos con el estiércol, hay que abrir el hoyo y llegar a la tierra madre para incorporar el abono». Y no siempre se puede llegar en vehículo. «Hay hectáreas en La Geria que no tienen ni camino, sino que siguen teniendo la vereda del burro o del camello y hay que entrar caminando hasta la finca».
La edad de la viña es importante, porque «cuanto más vieja produce menos cantidad de uva, pero la calidad es mayor. Sí es verdad que La Geria (comparada con zanjas perimetrales y enarenados) por número de plantas de más, porque los marcos de plantación son mayores, tienen mayor recurso hídrico y dan más por planta que en zanja», detalla, pero nunca hay un año igual a otro. Cada cosecha depende de muchos factores que no se pueden controlar.
Es duro, pero…
«Un año bueno cada planta te puede dar diez o quince kilos y otro que venga bastante mal no te va a dar ni dos. Pero el promedio de la viña de secano en viñedo viejo de la isla está entre 1.000-1.500 kilos/hectárea. Que no es nada comparado con la Ribera del Duero y sus 7.000 kilos/hectárea o Tenerife que nos podemos ir a 4.000-5.000 kilos/hectárea».
Mira al paisaje de La Geria y dice: «Es precioso. No nos damos cuenta porque estamos todo el día en ella»
Caminando entre los hoyos, Dani Martín explica que «a esta finca llevo viniendo con mi padre (que falleció en 2023) desde que tengo uso de razón. Y sigo trabajándola. Para mi gusto hay zonas de La Geria que tienen mayor potencial enológico que otras de la isla, pero no existe como marca específica diferenciada para la zona».
Aprovecha para reponer alguna piedra que se cae de las frágiles pareditas que hacen de soco en los hoyos. Mira al paisaje y dice: «Es precioso. Muchas veces no somos conscientes. No nos damos cuenta porque estamos todo el día en ella. Cuando vienen compañeros de otras comarcas vitícolas, alucinan. Como esto no hay nada en el mundo. Es duro de trabajar, pero bueno…».



