Patrimonio rural

Patrimonio hidráulico de Canarias, una ingeniería inmensa

“Nuestras grandes obras hidráulicas merecen ser conocidas”, dice el investigador Jaime González, que cifra en 114 el número de grandes presas en el archipiélago (74 sólo en los 1.558 km² de la isla de Gran Canaria, 24 en los 370 km² de la más pequeña isla de La Gomera). Se trata de un patrimonio hidráulico enorme de decenas de presas, millares de estanques, pozos y galerías y una red extensísima de canales, cantoneras, tomaderos… [En PELLAGOFIO nº 66 (2ª época, julio/agosto 2018)].

Por YURI MILLARES

“Contar grandes presas es complicado”, afirma Jaime González Gonzálvez (1), geógrafo, vocal colaborador del Comité Nacional Español de Grandes Presas y el mayor conocedor en Canarias del tema por su dedicación e investigación de años, manejando y comparando una documentación amplia y compleja. Para empezar, ¿qué es una gran presa? Según la normativa española es aquella que tiene una altura superior a 15 metros incluidos sus cimientos –algo difícil de medir a simple vista, no se puede ir con un metro en la mano a mirar, requiere conocer el proyecto y la documentación de la obra ejecutada–, o que con una altura de entre 10 y 15 metros tenga una capacidad de embalse superior a un millón de metros cúbicos, caso que no se da en el archipiélago.

Un ganado trashumante atraviesa el dique de la presa de Los Hornos. | FOTO ISIDORO JIMÉNEZ

De las 1.062 grandes presas en España según datos del registro mundial ICOLD, 111 estarían en explotación en Canarias (71 en Gran Canaria), según los datos que manejaba este experto en la ponencia que presentó a las X Jornadas Españolas de Presas celebradas en Sevilla en 2015. Desde entonces ha podido actualizar esa cifra, añadiendo tres más en Gran Canaria después de haber documentado que superan los 15 m (el listado que maneja el Consejo Insular de Aguas, 69 grandes presas, “contiene numerosos errores”, insiste). Sumando las 24 en La Gomera, 12 en Tenerife, dos en Fuerteventura, una en Lanzarote y una en La Palma, con las 74 confirmadas en Gran Canaria el número total sería de 114 grandes presas en el archipiélago.

La presa de Soria, única tipo bóveda construida en Canarias, ocupa el número 12 entre las más altas de España con sus 132 metros de pared

Conjunto de embalses del Pinto, en Arucas. La que está cauce abajo es Pinto I (1910) y la de arriba, Pinto II (1933).| FOTO CEDIDA POR HEREDAD DE AGUAS DE ARUCAS Y FIRGAS

Las más antiguas son la de Pinto I en Gran Canaria (1910), la de los Cocos en La Gomera (1914) y la de Tabares en Tenerife (1915), tres “piezas maestras del patrimonio hidráulico en explotación en Canarias”, destaca. Las últimas que se construyeron datan de los años 1984 (una en Gran Canaria) y 1990 (cuatro en La Gomera). La historia y características de tantas presas es tan variada como elevado su número.

Construcción del aliviadero de la presa de Agulo (La Gomera, 1958). | FOTO ARCHIVO DEL SERVICIO DE VIGILANCIA DE PRESAS

Las hay inacabadas (caso de las Peñitas, en Fuerteventura), se realizaron numerosos recrecimientos sobre los proyectos iniciales (como en los Hornos, Chira o Mulato en Gran Canaria) y existe un dominio de la planta curva frente a la recta. Construidas en mampostería con mortero de cal o mixto en las primeras décadas, a partir de los años 60 se hicieron de hormigón mamposteado (algunas con grandes piedras) o de hormigón. La de Soria (1975), en Gran Canaria, es la única tipo bóveda construida en Canarias y la mayor de todas con 132 metros de altura (ocupa el número 12 en España entre las más altas; el Consejo Insular de Aguas le asigna una altura de 35 m en su listado) y tiene una capacidad de embalse de 32 millones de metros cúbicos que nunca ha podido llenar (su máximo histórico ronda la mitad de esa capacidad).

La presa de Granadillar (Gran Canaria) se rompió en cuanto se llenó la primera vez, en febrero de 1934. | FOTO JAIME GONZÁLEZ GONZÁLVEZ

“Muchas presas antiguas son obras hidráulicas de gran interés cultural por su diseño, construcción y formas estructurales e hidráulicas. Lo extraño es que en Canarias ninguna presa ha sido declarada Bien de Interés Cultural”, se lamenta [ver artículo «Las presas, ‘joyas de la corona’ sin reconocimiento»].

La primera rotura del s. XX
En la historia de las roturas de presas españolas hay diez nombres, ocho de ellas en el siglo XX, la primera de las cuales fue la de Granadillar, en Gran Canaria (en febrero de 1934). Anteriormente habían fallado las de El Gasco (río Guadarrama, en 1799) y Puentes (río Guadalentín, en 1802). La rotura de la presa Vega de Tera en el río del mismo nombre, en 1959, originó la creación del Servicio de Vigilancia de Presas del MOP (Ministerio de Obras Públicas).

La «Catástrofe del Toscón», en la portada de ‘La Provincia’ a la mañana siguiente de la tragedia, 22 de febrero de 1934.| FOTO ARCHIVO PELLAGOFIO

Conocida como la Catástrofe del Toscón, la presa de Granadillar “está en el registro mundial de las grandes presas derruidas [lo que] dice mucho de su interés técnico”, señala González Gonzálvez. Su “alto valor cultural y técnico está en la permanencia en el paisaje del muro derruido cuya rotura se llevó por delante la vida de cuatro niños y cuatro adultos. Es el monumento pétreo de las víctimas”, defiende.

Entre la documentación que ha podido consultar este investigador, figura el dictamen técnico emitido por dos peritos asignados por el Juzgado de Las Palmas, con fecha de 15 de marzo de 1934, que señala como causa de la rotura que “al llenarse el embalse durante un invierno excepcional, tras varios años de sequía y calores, hubo un corrimiento del terreno por las fisuras producidas en la arcilla. Y al fallar el terreno del cimiento intervino la segunda causa: el empuje de abajo arriba del agua, la subpresión”.

«La presa cayó toda para dentro, pero no quedó nada porque la fuerza del agua la botó toda para fuera»JOSÉ SANTANA, peón

José Santana, vecino del Toscón y peón que trabajó en la presa, recordaba en una entrevista realizada en 2001 por quien firma este artículo, que oyó un trueno grande estando en casa, donde “había un ventanillo que daba para el barranco y lo fechó todo para dentro que hubo que destrancarlo con un escoplo, del aire que llevaba. A las diez y tantas voló, se marchó porque no tenía peso atrás”. Y añadía: “La presa cayó toda para dentro, levantó las palancas hacia atrás, pero no quedó nada porque la fuerza del agua la botó toda para fuera” [ver reportaje «La cueva se hundió y la presa reventó, pero Pepito escapó» en Historia Oral].

Estanque en San Mateo (Gran Canaria). | FOTO CÉSAR KANO

En Gran Canaria, a millares
Tras siglos de aprovechamiento de unos acuíferos que empezaban a ser insuficientes para regar la agricultura de exportación (con el cultivo a gran escala de plataneras y tomateros, especialmente en Gran Canaria), a finales del s. XIX se hizo evidente la necesidad de construir toda clase de infraestructuras hidráulicas. En su libro Valoración del patrimonio hidráulico en Gran Canaria: presas, estanques, pozos, galerías, canales y tuberías (2012), Jaime González Gonzálvez divide en cuatro las etapas hidráulicas por las que atravesó esta isla hasta llegar a las grandes obras (en volumen y extensión) del siglo XX.

«La etapa hidráulica del s. XX fue grandiosa, sorprendente, enorme, gigantesca, explosiva. Fue el tiempo de la minería del agua»JAIME GONZÁLEZ, geógrafo

Galería de agua en el barranco de los Cernícalos (Gran Canaria). | FOTO CÉSAR KANO

La primera “fue indocta y espontánea, con un recurso (las aguas continuas) que fue derivando a través de surcos”. La segunda etapa fue de “transición, de los surcos al subsuelo”, ya que “insuficientes las aguas continuas superficiales, el grancanario buscó las lentas corrientes bajo los álveos (…). Surcos, minas de barranco, pozos” que derivó a estanques. La tercera etapa “fue grandiosa, sorprendente, enorme, gigantesca, explosiva. Fue, en palabras de un presidente del Cabildo Insular de Gran Canaria, el tiempo de la minería del agua” del s. XX. “Todo un ejemplo de esfuerzo y de lucha por el agua. Más de 7.000 obras hidráulicas”. La cuarta etapa, ya en los 70 y 80 de ese mismo siglo, “fue la de la terminación de obras hidráulicas de mampostería ciclópea y la construcción de obras de hormigón mamposteado, de hormigón y las presas de materiales sueltos de Tirajana [conocida como La Sorrueda] y Siberio”.

Con esas más de siete mil obras hidráulicas, Gran Canaria tendría “un patrimonio cultural de carácter hidráulico único, grandioso, gigantesco” en apenas 1.558 km², destaca este investigador. “El maestro de presas Simón Benítez Padilla recogió en su magnífico libro Gran Canaria y sus obras hidráulicas (1959) que los estanques construidos en la Gran Canaria «son miles» y que «si las presas se cuentan por decenas, [los] pozos y galerías suman millares»”, cita González.

«Con más de siete mil obras, Gran Canaria tiene un patrimonio cultural de carácter hidráulico gigantesco en apenas 1.558 km²»JAIME GONZÁLEZ

“En 2012 –dice González Gonzálvez– la Carta Etnográfica de Gran Canaria presentaba sólo 2.870 obras hidráulicas. El investigador Francisco Suárez Moreno aumentó esa cantidad a 5.022 sumando los pozos y las minas en sus magníficas publicaciones de Guía del Patrimonio Etnográfico de Gran Canaria (2005) y Minas de agua en Gran Canaria (2014). Pero a mayo de 2018 las cifras de la FEDAC siguen siendo muy bajas: 111 presas de embalse (entre grandes y pequeñas), 1.758 estanques, 536 pozos, 93 galerías, 16 canales, 10 tuberías, 352 conjuntos hidráulicos y 48 minas de agua. Sólo 2.924 obras hidráulicas”.

Estanque cueva en El Chorrillo, Tejeda (Gran Canaria). | FOTO CÉSAR KANO

En el libro de Benítez Padilla encontramos la descripción de las distintas tipologías de estanque que sumar al listado de presas, como infraestructuras para el almacenamiento de agua.

Así, habla del estanque en cueva (“simple excavación al flanco de la montaña, que recoge el chorrito, incluso las gotas, de los nacientes de almagre”), los estanques de barrial, más popularmente llamadas charcas (“por lo general modestos. No siempre se hallan en la misma finca que han de regar, sino que a veces se agrupan los de varias, en sitios apropiados para la obtención de la arcilla, que es su material constructivo”), los estanques de mampostería (“donde el suelo no es de arcilla sino de roca viva” o “como en Gáldar ligeras tobas”) y, el último modelo adoptado, el circular de hormigón armado (que “ocupan un espacio mínimo por la delgadez de sus paredes, por lo que pueden implantarse en las fincas llanas sin sacrificar demasiado terreno de regadío”).

«A través de una tupida red de conducciones particulares que casi nos atreveríamos a llamar anárquica, se reparte el agua desde los puntos de su alumbramiento o embalse»FEDERICO MACAU, ingeniero de Caminos, en 1957

Pozo al que se accede por una galería del antiguo balneario de Azuaje (Gran Canaria). | FOTO CÉSAR KANO

El ingeniero de Caminos y maestro de presas Federico Macau Vilar (Estudio hidrológico de Gran Canaria,1957) habla de “una tupida red de conducciones particulares que casi nos atreveríamos a llamar anárquica, que cruzando barrancos y empinadas laderas, a veces con trazados inverosímiles que a no ser por las tuberías que están allí colocadas nos parecerían del todo inaccesibles, se reparte el agua desde los puntos de su alumbramiento o embalse a los depósitos y estanques que hay en casi todas las fincas”.
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(1) Jaime González Gonzálvez es autor de varios libros y numerosos artículos sobre patrimonio hidráulico en las islas Canarias, especialmente grandes presas. Su blog está en https://www.iagua.es/blogs/jaime-gonzalez-gonzalvez

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