Patrimonio rural

Un patrimonio genético exclusivo que no se puede perder

La cabra palmera es la más parecida a la que había antes de la Conquista en Canarias

«Nos sorprendió su estampa las primeras veces que la vimos en distintos viajes de trabajo recorriendo la isla, por su tamaño, más pequeño a la que más conocíamos de las islas orientales; por su pelo largo; por esos atractivos cuernos grandes». Prólogo del ‘VIII Catálogo de Reproductores de la Raza Caprina Palmera’ (2022), escrito al alimón por Isidoro Jiménez y Yuri Millares. [En PELLAGOFIO nº 112 (2ª época, noviembre 2022)].

Por ISIDORO JIMÉNEZ Y YURI MILLARES

La cabra palmera es la más parecida a la que había antes de la Conquista en Canarias. Nos sorprendió su estampa las primeras veces que la vimos en distintos viajes de trabajo recorriendo la isla, por su tamaño, más pequeño a la que más conocíamos de las islas orientales, la majorera; por su pelo largo; por esos atractivos cuernos grandes.

Ante nosotros teníamos unos animales muy espabilados, de ojos brillantes y muy inquietos. Acostumbrados a ver las grandes ubres de la cabra majorera, la palmera nos mostraba una ubre más recogida, pero sorprendía la cantidad de leche para su tamaño y el rendimiento en la elaboración de queso. ¡Toda una cabra para monte y para subir riscos! Adaptada al medio, sus patas son robustas, su cuerpo ágil. Noble, pero de carácter salvaje. Presente en todas las alturas de costa a cumbre.

Los ejemplares machos son impresionantes por su elegancia y su cornamenta (que a veces rompen en peleas, porque son luchadores tenaces en épocas de celo). Pequeños pero fuertes.

Es cultura tradicional, es paisaje, es una forma de vida. Cabra palmera y queso palmero son dos conceptos inseparables

Después de tantos años visitando y conociendo ganaderías de la isla, no deja de llamarnos la atención que no importa el número de cabras de la manada, al ganadero le gusta ponerles nombre, que eligen por muy variadas razones. Un nombre que no va solo relacionado con su aspecto (capa, cuernos) y su mimetismo en el medio. También recibe nombres según la inspiración muy personal del ganadero (muchas veces y cada vez más, ganadera) y el carácter de cada animal, por su comportamiento tan independiente. Uno de esos llamativos nombres que más recordamos, por original y sonoro, es el de Chilindrina, que generación tras generación van recibiendo cabras moriscas del mismo ganado. Otros muchos nos llaman la atención por su expresividad y su aplastante lógica: Tunanta, Besota, Tirana o Cucaracha. Otros perviven por tradición de siglos, Calzada, Vistosa o Celadora.

Elegante, presumida y muy suya, el ganadero palmero es consciente de ello y se enorgullece por tal circunstancia, vistiéndola con collares llamativos

Esta cabra es un patrimonio genético exclusivo que La Palma no puede dejar perder. Y está en regresión. Elegante, presumida y muy suya, el ganadero palmero es consciente de ello y se enorgullece por tal circunstancia, vistiéndola con collares llamativos que sujetan con tranquillas muy trabajadas. Pero no sólo la selecciona por su aspecto, no olvida su resistencia, carácter rústico y cualidades como animal lechero. Con una alta relación entre producción y rendimiento lechero, su alimentación sin duda influye, con mucha proteína gracias al tagasaste, a la tedera y a otras plantas endémicas. Es un animal que ejemplifica el kilómetro cero, no hay que olvidar que a su leche el ganadero añade cuajo natural de cabrito y sal marina de la propia isla para elaborar el queso que mejor identifica a la denominación de origen Queso Palmero.

Un animal que hay que mantener, es cultura tradicional, es paisaje, es una forma de vida, es queso con identidad propia y en el que destacan sus toques picantes a cuajo que no vamos a encontrar en otro lugar. Cabra palmera y queso palmero son dos conceptos inseparables.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba