Patrimonio cultural

De fiesta con carneros, caballitos y culebras

Animales fingidos / Manifestaciones festivas de carácter zoomorfo en Canarias

«Además de los carneros, hay otras fiestas en todas las islas donde hay figuras de animales que podrías investigar», le decía el etnógrafo Manolo Lorenzo Perera a Ricardo Fajardo cuando éste publicó su libro ‘Los carneros de la isla de El Hierro’ (2006). Aquella conversación culminó años después con una completa investigación que, dirigida por el primero y realizada por el segundo, se convirtió en tesis doctoral. [En PELLAGOFIO nº 107 (2ª época, mayo 2022)].

Los carneros de Tigaday se reúnen y visten de esta guisa en el lugar conocido como Casa del Miedo, donde permiten a unos pocos fotógrafos que los retraten sin revelar sus identidades. | FOTO RAFA AVERO

Por YURI MILLARES

«Empecé a tirar del hilo –explica Ricardo Fajardo– y, al final, resulta que tenemos un montón de celebraciones festivas en Canarias donde los animales son protagonistas, pero animales fingidos, personas vestidas de animales o utilizando animales que no son reales como en la tradición del mataculebras». Ahí están, además de los carneros, toros y toras, cochinos y cabras, tradiciones como la del mataculebras de los esclavos africanos en Cuba, o fiestas tan llamativas como la Danza de los Caballos Fufos.

Investigando el folclore de El Hierro para sacar a la luz los cantos de trabajo, Ricardo Fajardo realizó su tesina. Del trato con uno de sus informantes, Benito Padrón Gutiérrez, salió otro librito dedicado a los carneros de Tigaday y, animado por Manolo Lorenzo Perera, su tesis doctoral con las celebraciones zoomorfas de las Islas
De todas ellas, muchas han quedado perdidas en el tiempo y sólo ha recogido el testimonio de personas mayores que las recuerdan, otras sí se han conservado como siempre fueron o se han ido modificando y, por último, las hay que estaban perdidas y personas que escucharon o sabían de antiguas tradiciones las han rescatado. «Son los tres momentos que he investigado», indica.

En la tesis ha recogido casi medio centenar de estas celebraciones zoomorfas, de las que describe etnográficamente 42, tras una investigación de campo con entrevistas a 116 personas (la mayoría de más de 80 años). Las distribuye por época del año, donde destacan las de invierno, sobre todo centradas en el Carnaval, a donde se desplazaron muchas celebraciones de época navideña que fueron siendo prohibidas por la Iglesia, en unas islas con mayor beligerancia que en otras, en función de la actitud del obispo de turno.

«Los carneros de Tigaday van corriendo detrás de la gente con la cara, las manos y los pies tiznados» RICARDO FAJARDO

Uno de los carneros de Tigaday (El Hierro), retratado en la Casa del Miedo donde se ‘visten’ antes de salir. | FOTO RAFA AVERO
Entre éstas estarían los Carneros de Tigaday en Frontera y las Máscaras de Cochino de Sabinosa, ambas en El Hierro. En la de los carneros, que reúne a mucho público, salen una veintena de personas por la calle «vestidas con zaleas de carnero y una cabeza seca a la que se le quitan los sesos y se seca al sol, sólo se trata con agua de mar, y los cencerros (cascabeles o hierros, como dicen también en la isla). Van corriendo detrás de la gente con la cara, las manos y los pies tiznados; tradicionalmente iban amarrados, aunque ya muchos van sueltos», explica.

En la de Sabinosa, que se ha perdido, «iban vestidos de negro y con la cara tapada con una cabeza de cochino negro disecado; llevaban algún palo, una escoba o un rabo y también corrían detrás de la gente. Es similar a la de los carneros, que se hace el domingo y el martes de Carnaval», dice. Antiguamente, los carneros salían en otros pueblos de El Hierro, pero solo quedan los de Tigaday gracias al empeño de Benito Padrón Gutiérrez (1914-2005).

En Tenerife hay muchas más representaciones zoomorfas, algunas ya desaparecidas, por ejemplo (y también en Carnaval), El Bicho en Pinolere y en El Bebedero (Altos de la Orotava). En Pinolere iban vestidos de vaca y con cuernos de vaca; en El Bebedero, de macho cabrío. «Era muy parecido a lo que hay en El Hierro, corriendo detrás de la gente que les gritaban y les tiraban cohetes mientras los animales fingidos iban corriendo de allá para acá, parando en los bares para echarse los vasitos de vino y seguir la fiesta». En Erjos (Buenavista del Norte) también había algo parecido al Bicho, Los Diablos. Otras curiosas son Los Osos de El Palmar (Buenavista) y Valle Jiménez (La Laguna).

«Era un grito de libertad de los esclavos cubanos y tras conseguir la libertad fue perdiendo el sentido. Pasó a Carnaval, pero se diluyó y en Canarias se mantuvo»RICARDO FAJARDO

Procedente de Cuba, donde se celebraba el 5 de enero, llegó la representación del Mataculebra. «El género folclórico más interesante de nuestro acervo folclórico musical. Es una tradición milenaria y se trata de un antecedente de lo que hoy conocemos como teatro en la calle», decía Manuel Lorenzo Perera en una reciente entrevista en PELLAGOFIO. «Era un grito de libertad de los esclavos cubanos y tras conseguir la libertad fue perdiendo el sentido. Pasó a Carnaval, pero se diluyó y en Canarias se mantuvo», detalla Fajardo. Marginada durante el franquismo, el grupo Folclórico de la Facultad de Educación de la ULL, con Lorenzo Perera al frente, lo ha seguido sacando desde que lo investigó y se realiza de nuevo en diversos lugares de la isla.

Representación del Mataculebra en las calles de Puerto de la Cruz. Según Manuel Lorenzo Perera, «el género folclórico más interesante de nuestro acervo folclórico musical. Es una tradición milenaria y se trata de un antecedente de lo que hoy conocemos como teatro en la calle». | FOTO DIARIO DIGITAL PUERTODELACRUZ.COM
En Tenerife y Gran Canaria hay celebraciones festivas que Fajardo denomina performances, porque las distingue de lo que es el ritual tradicional. «Cuando es algo antiguo, en los pueblos, es un ritual, y cuando es tipo espectáculo, le digo performance», señala, refiriéndose a Las Burras de Güímar y a la Suelta del Perro Maldito en Valsequillo.

En Lanzarote salían Los Diabletes de Teguise hasta el siglo XVII, «pero este tipo de celebraciones –explica–, que se hacían en junio en las fiestas del Corpus y en las navideñas de diciembre, se empezaron a prohibir y fueron quedando relegadas o, como en Lanzarote, fueron pasando a Carnaval y muchas se han mantenido». En el caso de Los Diabletes, antiguamente iban con cuernos de macho cabrío, pero ahora han cambiado la careta y es un toro, y van vestidos con pieles y llevando esquilas.

También de Lanzarote son los Toros de Tiagua en Carnaval. «Hacen unas carcasas con alambre que cubren con papeles y tela de saco, van pintadas, y representan es una figura de toro, aunque más pequeña, dentro de la cual va el hombre, encorvado, y mira por la cabeza. Había uno en Haría –continúa– que se perdió en el siglo XIX. La curiosidad es que ahora están sacando en San Juan, que son las fiestas del pueblo, diablos en una representación. No es exactamente lo mismo, pero es como si las personas necesitaran recrear el bien y el mal».

«La Tora, en Telde, se ha perdido. Era muy similar a las de carneros de El Hierro: una persona disfrazada como un toro o una vaca topona iba corriendo detrás de la gente con un palo»RICARDO FAJARDO

Muchas celebraciones de invierno que se perdieron coincidían con la Misa del Gallo, en diciembre. «Eran escenas de teatro costumbrista dentro de iglesias en las que aparecían diablos. Fueron prohibidas y muchas de ellas quedaron relegadas a Carnaval. Una que se ha recuperado es la de San Miguel y el Diablo de Tuineje, en Fuerteventura, una representación dentro de la iglesia en Navidad, el día 24».

Carneros de Tigaday, en El Hierro. | FOTO RAFA AVERO
Una que se ha pedido en Gran Canaria es La Tora, en Telde, muy similar a las de carneros de El Hierro o de toros de Lanzarote: una persona disfrazada como un toro o una vaca topona iba corriendo detrás de la gente con un palo. Sí se conserva en La Aldea de San Nicolás Las Cabras y el Macho, que salen en Carnaval. «Es una celebración que estuvo perdida y se recuperó en 1997. Ahora salen niños vestidos de cabritas y otros de machos».

Hay más fiestas que se han perdido en Gran Canaria que en Tenerife, dice Fajardo, «porque eso dependía del obispo y lo restrictivo que era uno u otro. En Tenerife fueron más permisivos y se mantuvieron algunas celebraciones más tiempo». En primavera, por ejemplo, estaban las del Corpus en las que salían diablos, pero pasaron a celebrarse en las fiestas patronales y se dispersan a lo largo del verano e, incluso, del otoño.

Del verano también son celebraciones con figuras de toros (en La Laguna, Los Toros de Fuego, que ya no salen) y con caballitos (muy conocidos los de La Palma, Caballos Fufos en Tazacorte y Caballos Fuscos en Fuencaliente; también se han recuperado los de La Laguna, en Tenerife, aunque imitando a los de La Palma).

Los caballitos de La Palma se atribuyen a emigrantes retornados que los trajeron desde Cuba. Ricardo Fajardo ha investigado más allá en su origen. «Caballitos hay en España, se concentran en lo que antiguamente era el Reino de Aragón. Investigando más, hay celebraciones previas de lugares como el sur de Francia, donde las hay con caballos en Provenza. Fufos y fuscos son palabras que en castellano no existen, pero resulta que es danzante en provenzal, frus. Ellos dicen “caballos danzantes”: chivau-frus. Por eso relaciono estas fiestas de La Palma con la influencia francesa que había hasta el siglo XVIII en la isla (ahí están las Fiestas Lustrales de La Palma, con el minué, una celebración muy barroca y francesa)».

Y luego tenemos las Libreas, que las hay entre agosto y octubre. «Son danzas donde nos vamos a encontrar la parte musical interpretando el tajaraste con tambor y flauta (ritmos aborígenes). En algunos lugares se ha ido modificando y llevan acordeones. Hay un cuerpo de baile, bailando el tajaraste, y delante van uno o varios diablos vestidos con pieles de macho cabrío o de cabra, con sus cuernos y una ristra detrás con fuego; cuando se acaba el fuego de la ristra es la rendición ante la virgen y se acaban las fiestas hasta el año que viene». Este tipo de libreas son del noreste de Tenerife (las de Buenavista fueron estrictamente recuperadas y las de El Palmar se han mantenido como antaño; en Los Silos se perdieron; en Icod están los Diablos de las Angustias, que han cambiado; en El Amparo, en los Altos de Icod, los han vuelto a sacar).

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