Patrimonio marítimo

Empuje a la restauración del vapor ‘La Palma’, joya naval de 1912

Patrimonio histórico marítimo, el último de los correíllos interinsulares

El ‘Doulos Phos’, botado en 1914 como ‘SS Medina’ en Newport News (Virginia, Estados Unidos) es el buque a vapor para pasaje más antiguo del mundo que todavía navega. Un récord que pasará al correíllo ‘La Palma’ (de 1912) cuando finalice su restauración, que de nuevo coge impulso tras unos años de crisis que limitaron los trabajos a la labor de un puñado de voluntarios. [En PELLAGOFIO nº 97 (2ª época, junio 2021)].

■ Nuevo casco sin remaches
En las tripas del barco, el director técnico para la rehabilitación del correíllo, José Luis Serrano, supervisa los trabajos en astillero para sustituir las viejas planchas inservibles del fondo del casco –con sus miles de remaches– y dotar al correíllo de un nuevo doble fondo de acero ●

■ Segunda botadura en 2008
Con su casco restaurado, el correíllo ‘La Palma’ es remolcado al muelle Norte el 14 de junio de 2008 tras su segunda botadura. En la cubierta de la chimenea dirige la operación el presidente de la fundación Juan Pedro Morales, capitán de barco y práctico del puerto de Santa Cruz ●

■ Nueva campana de bronce
Como otros buques de su época, tenía una campana de bronce en la proa (para comunicarse con señales acústicas desde cubierta con el puente durante la navegación) que desapareció. La fundación encargó una nueva que se colocó el día de su centenario, 12 de abril de 2012 ●

Por YURI MILLARES

El buque a vapor con máquina alternativa de triple expansión La Palma, construido en astilleros de Middlesbrough (en el noroeste de Inglaterra), realizó sus primeras pruebas de navegación dos días antes del hundimiento del Titanic y llegó a Canarias para prestar servicio en la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios el 24 de abril de aquel 1912. Arribó a Las Palmas al mando del capitán Aurelio del Arco y el 5 de mayo realizó su primer viaje interinsular, transportando 197 pasajeros hasta Santa Cruz de Tenerife (ver reportaje con la historia del buque).

Estuvo cerca de 65 años en servicio, hasta que una grave avería en las calderas convirtió sus 1.100 tn en candidatas al desguace en 1976

Conocido como “el correíllo”, por dedicarse junto a sus gemelos Viera y Clavijo y León y Castillo al transporte de pasaje y carga, pero también del correo postal entre las islas del archipiélago canario, estuvo cerca de 65 años en servicio. Con su recordado casco negro de planchas de acero con remaches, su proa recta y su popa americana, una grave avería en las calderas convirtió sus 1.100 toneladas en candidatas al desguace en 1976.

Ello no ocurrió porque el empresario de Las Palmas Juergen Flick lo adquirió con la intención de convertirlo en casino flotante. La idea no prosperó y tras diversas vicisitudes acabó abandonado y varado fuera del agua en el astillero Inter Burgo del puerto de Santa Cruz de Tenerife.

■ El telégrafo de órdenes…
Telégrafo del puente de mando del vapor La Palma cuando lo adquirió el empresario Flick y lo tenía atracado en el muelle Deportivo de Las Palmas ​●

■ …perdido para siempre
El puente de mando del correíllo fue desvalijado en algún momento de su larga estancia de 22 años varado en un astillero en Santa Cruz de Tenerife ●

Propiedad del Cabildo de Tenerife, cede los derechos para su conservación y explotación a la Fundación Canaria Correíllo La Palma creada en 2003, desde donde un grupo de voluntarios y entusiastas de la navegación (muchos de ellos profesionales del mar e, incluso, antiguos tripulantes del barco) se dedica a “promover, diseñar y dirigir la restauración, así como gestionar el buen uso del buque y dar a conocer sus valores históricos y patrimoniales como recurso cultural y turístico único en España”.

El 12 de abril de 2012 el correíllo ‘La Palma’ celebró su centenario estrenando su arboladura restaurada. | FOTO YURI MILLARES

Fue botado de nuevo en 2008 tras una profunda restauración del casco, para continuar después los trabajos en el interior, ya a flote y atracado, en el mismo lugar del muelle Norte donde atracaba el jet-foil. “Pero nos cogió la crisis justo en ese momento, que duró hasta casi 2018, y en todo ese período lo único que pudimos hacer fue reponer la arboladura en 2012 (coincidiendo con el centenario del buque), gracias a una subvención de Catalunya Caixa que no nos dio para completar la obra y fuimos nosotros, con el voluntariado, los que colocamos los palos”, relata el presidente de la fundación, Juan Pedro Morales. “Hasta 2018 no entró dinero de nuevo –continúa–, que fue cuando restauramos la madera de la cubierta de botes. Y cuando estamos de nuevo caminando, llega el coronavirus”, se lleva las manos a la cabeza.

Atracado ahora en la primera alineación del muelle Sur (junto a los grandes cruceros) mientras continúan las obras de restauración, a fin de facilitar el acceso de maquinaria pesada como grúas, “el objetivo final es volver al atraque en el muelle Norte donde la antigua Estación Marítima se convertiría en un museo del mar todavía por definir del que formaríamos parte”, dice.

Los vientos soplan de nuevo a favor y diversas instituciones están renovando su colaboración o sumándose a los esfuerzos: algunos cabildos (como los de Tenerife y Fuerteventura), Puertos del Estado, la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias, incluso la Dirección General de la Marina Mercante de España, que el 12 de abril de 2021, en el 109 cumpleaños del buque, firmó un convenio de colaboración con la fundación para la restauración y puesta en uso del correíllo. “Es un auténtico lujo del patrimonio marítimo español y un tesoro sentimental para muchos canarios”, dice Benito Núñez, su director general, que se desplazó a Tenerife para el acto. “Me parece un proyecto apasionante y creo que cualquier país del mundo con tradición marítima estaría encantado de disponer de una joya como esta”, ha declarado a PELLAGOFIO.

«Un auténtico lujo del patrimonio marítimo español y un tesoro sentimental para muchos canarios»BENITO NÚÑEZ, director general de la Marina Mercante

El correíllo ‘La Palma’, en el muelle Sur del puerto de Santa Cruz de Tenerife donde atracan los cruceros, muestra su característica popa “americana”. | FOTO YURI MILLARES

“Ahora mismo veo un apoyo bastante sincero al proyecto de restauración del correíllo. Y tangible: se está poniendo dinero”, asegura un Juan Pedro Morales contento con este renovado impulso para concluir los trabajos, que pondrán de nuevo a navegar entre las islas al viejo vapor. “Queremos que el Gobierno canario se implique a fondo. Aquí hay puestos de trabajo, patrimonio, industria, cultura, turismo… Si el barco camina, hay muchas posibilidades de hacer cosas. Y cuando el barco esté funcionando y navegando lo queremos trasladar a todas las islas”, explica el presidente de la fundación. “Si lo dejas en tierra no generaría recursos como podría tener navegando, forma parte del proyecto de viabilidad del barco, que es altruista con las instituciones que han colaborado en su restauración, pero además será rentable haciendo viajes de época por las islas, realizando las rutas que hacía antiguamente y no eran sólo a los puertos principales, sino a las playas y pueblos costeros donde fondeaba”.

“El Hidria Segundo, un aljibe [construido entre los años 1963 y 1966 en Vigo], es el único barco de vapor en activo en España, dedicado a excursiones marítimas”, señala José Luis Serrano, director técnico para la rehabilitación del correíllo La Palma, mientras recorre y muestra el interior del buque a PELLAGOFIO.

Junto a la bodega de popa, el calabozo del buque. | FOTO YURI MILLARES

“En este barco hay 65 años de la vida de Canarias”, dice Serrano recordando algunas anécdotas que vivió en primera persona. “Una vez trajimos en el entrepuente de la bodega nº 1 unos 30 burros de Fuerteventura para Tenerife. Los enganchaban con la maquinilla y los subían. La bodega tiene dos pisos, por así decirlo: la parte de debajo es el plano y la de arriba el entrepuente”, señala el lugar de sus recuerdos.

El casco del buque tiene un doble fondo lleno de agua como lastre, pero reforzado con 75 toneladas de peso en lingotes de plomo de 35 kilos para suplir el peso de la maquinaria que ahora no tiene

“Me acuerdo de una anécdota que no se me olvida –añade–: cuando estaba estudiando Náutica venía todos los días al muelle. Para mí era un atractivo, me fugaba de clase y pasaba horas mirando cómo cargaban y descargaban. Una vez, en uno de los correíllos (no recuerdo cuál), engancharon un coche para cargarlo a bordo y empieza la maquinilla de vapor taca-taca-taca y malamente podía. Era de un venezolano que había venido con un carro americano de esos enormes y se iba no sé si a La Gomera. La maquinilla lo sube más o menos a la altura de la barandilla de la cubierta, a cuatro o cinco metros sobre el muelle y, yo no sé qué pasó que, de repente, hace la maquinilla ¡trrrrrrrr! y el coche cayó a plomo sobre el muelle”.

Y hablando de plomo, cuando bajamos a las tripas del barco (sala de máquinas y sala de calderas, ahora vacías hasta que se reponga la maquinaria de vapor y otros motores más modernos que hará que navegue de nuevo), Serrano explica que el casco del buque tiene un doble fondo lleno de agua como lastre, pero reforzado con 75 toneladas de peso en lingotes de plomo de 35 kilos como lastre extra, para suplir el peso de la maquinaria que ahora no tiene y darle estabilidad.

■ EL DETALLE
Marina Mercante prepara un Reglamento de Buques Históricos

BENITO NÚÑEZ:
«El reglamento ha enfrentado desde el primer momento una tarea complicada: buques de distintas épocas constructivas y soluciones tecnológicas también distintas»

El Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, desde la Dirección General de la Marina Mercante, trabaja en la redacción de un Reglamento de Buques Históricos a la que se acogerá la Fundación Correíllo La Palma para culminar los trabajos de restauración del buque. “Si aplicas la normativa actual a los barcos antiguos te los cargas, porque son tantas las modificaciones y transformaciones que te obliga a hacer que desvirtúa su originalidad”, dice Juan Pedro Morales, presidente de la fundación.

Consultado el director general de la Marina Mercante, Benito Núñez, ha señalado a PELLAGOFIO que este reglamento “ha enfrentado desde el primer momento una tarea complicada: la diversidad de buques de distintas épocas constructivas y, por lo tanto, de soluciones tecnológicas también distintas, hacía muy difícil que se pudiese establecer un único estándar técnico al que de manera factible pudiesen acogerse todas las embarcaciones históricas”.

Suelta de palomas junto al correíllo ‘La Palma’ durante la celebración de su centenario, cuando lució de nuevo la arboladura tras su restauración. | FOTO YURI MILLARES

Finalmente, señala, “la opción por la que se ha optado es la de establecer planes individualizados de inspección y control y la aprobación de los proyectos de las embarcaciones para cada caso concreto. En lugar de fijar unas reglas comunes (salvo algunos mínimos relativos a los periodos de inspección en seco), se establece en un certificado específico para cada buque o embarcación histórica qué condiciones de seguridad ha de cumplir teniendo en cuenta sus características, el uso que se la vaya a dar, las navegaciones que pretenda realizar… Al final se ha optado por un traje a medida para cada embarcación histórica”.

Núñez “ya conocía” el correíllo La Palma antes de venir a firmar el convenio de colaboración con la fundación que dirige su restauración, “pero tengo que decir que cuanto más lo visito más convencido estoy de su valor”.

En su opinión, “tiene un doble valor como embarcación histórica: por un lado, es uno de los pocos buques que conservan funcional la tecnología propulsiva de máquina alternativa de vapor, la disposición general de los habitáculos y espacios del buque que eran comunes a principios del siglo XX, la tecnología constructiva de remachado que años después decayó en favor de la soladura… Es, en síntesis, un ejemplo vivo de historia naval. Por otro lado, tiene un valor etnográfico muy valioso, por la función de conexión entre islas que tenían los correíllos, que da testimonio de cómo la navegación ha fraguado la identidad de las islas Canarias”.

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