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Tropical, la cerveza alegre y centenaria de Gran Canaria

La marca de cerveza La Tropical —después sólo Tropical—, acaba de cumplir su primer centenario. Tan icónica para los isleños de Gran Canaria como el actual logo de la marca, la cabeza del perro cuyas esculturas flanquean la entrada a la señorial plaza de Santa Ana en Las Palmas, es el tema que aborda esta entrega de la serie “Baúl del lector”. [En PELLAGOFIO nº129 (2ª época, mayo 2024)].

Por MÍCHEL JORGE MILLARES
Periodista

Hay que tener más de cien años y muy buena memoria para poder decir que hubo un tiempo que no existía Tropical. La marca que en Gran Canaria identificamos con la mezcla perfecta de lúpulo, malta, agua, levadura y azúcar (aunque no lo parezca). Una firma o etiqueta que vive en nuestro cerebro y en nuestro corazón desde el mercado, como también lo hizo La Salud, cerveza pionera en la isla de difícil olvido para quienes la catamos.

Es un nombre que habremos pronunciado con alboroto, alegría… Y la hemos llamado por su tamaño: botellín, biberón, caña, jarra

La Tropical es un nombre que habremos pronunciado con alboroto, algarabía, alegría, añoranza, anhelo, ansia e, incluso, arrogancia frente a otras cervezas… Y la hemos llamado por su tamaño: botellín, biberón, caña, jarra. Sin necesidad de decir su nombre. Algo imposible hoy día, lo que no significa que sea peor, sino más imprevisible.

El ron y el vino eran las bebidas preferidas históricamente, hasta que en el siglo XIX llegó el whisky con los británicos, junto al football, el golf y el tennis. Esas bebidas tuvieron que hacer hueco a la refrescante Tropical, la cerveza que produjo la familia de Castor Gómez Navarro hasta que —arruinados por la guerra— su hijo, Tomás Gómez Bosch, vendió la empresa a Sical para desarrollar su carrera artística como pintor y fotógrafo.

Hoy Tropical está inmersa en negocios globales. De sus humildes inicios con la imagen de un barril (steinzeugkrug o tankard) pasó a la heráldica deportiva de Sical…

Hasta que dio paso a la estirpe de los perros de la plaza de Santa Ana en el casco histórico de la ciudad de Las Palmas… Esa otra metáfora de indeterminación del grancanario, representado por un can de raza indeterminada, obra de un escultor británico o francés (se discute si Adrián Jones o Alfred Jacquemar, en cualquier caso realizados en un taller parisino) y bautizados como Aterura, Mogano, Doramas, Tindaya, Bentayga, Tenoya y Tirajano por el escritor Víctor Doreste en su novela Faycán.

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