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El silbo, juego para niños y recurso en deportes extremos

Compartimos una tarde en un taller infantil de la Asociación Yo Silbo: aprender, jugar, comunicarse

La Asociación Yo Silbo cumple 15 años dedicada a la enseñanza del lenguaje silbado que se practica en Canarias desde tiempos de los aborígenes. Una de las fórmulas es la realización de talleres en colegios para acercar la experiencia a los niños, pero también realiza cursos muy útiles para deportistas de riesgo. [En PELLAGOFIO nº130 (2ª época, junio 2024)].

Impresionante imagen tomada por Nacho Gómez (nachog102@gmail.com) —que conoce y utiliza el lenguaje silbado— durante una sesión de slackline en el Pico La Catedral (una de las mayores altitudes de Gran Canaria con sus 1.915 m).

Por YURI MILLARES

El silbo en La Gomera hace tiempo que se imparte como enseñanza entre los escolares de la isla. Un gran logro que ha permitido la recuperación de esta forma de lenguaje que trajeron al archipiélago los primeros pobladores. En el resto de islas todavía no es una enseñanza normalizada en los colegios y de suplir esta carencia se encargan dos asociaciones, una en El Hierro y la Asociación Yo Silbo en las demás, realizando cursos anuales de octubre a mayo. Pero también talleres extraescolares para niños. PELLAGOFIO ha estado en uno de ellos.

El AMPA La Abubilla convocó el taller de silbo como actividad extraescolar, convirtiendo una tarde apacible en una bulliciosa jornada de diversión en el patio del colegio

En el colegio público Antonio Padrón, de Gáldar, la convocatoria atrajo a un buen número de participantes. La Asociación de Madres y Padres (AMPA) La Abubilla había convocado el taller de silbo como actividad extraescolar, convirtiendo una tarde apacible en una bulliciosa jornada de diversión en el patio. Los voluntarios de Yo Silbo llegaron dispuestos a que así fuera. Aunque eran dos los monitores, Otoniel Palmés y Daniel Santana, el grupo incluía alumnos que habían terminado el curso y también se apuntaron, como Braulio García y su hijo Elián.

Sentados en un corro, los niños escuchan… y preguntan: ¿Cómo se silba la «y»? | FOTO Y. M.

‘Cantando en la cabeza’
Otoniel dio comienzo a la función presentado al «equipito» que le acompañaba y en el que no faltaban sus propios hijos, también en edad escolar. Y cada uno se presentó, cómo no, silbando. «Elián les va a silbar “buenas tardes” y ustedes lo van cantando en la cabeza. Eso les va a ayudar un montón a entender», se dirigió a los niños sentados en un corro.

Le siguieron Daniel, antiguo alumno de este colegio con un “Hola, mi nombre es Dani” y Braulio, “Buenas tardes chiquillos y chiquillas”. Los niños, sorprendidos y curiosos, reían, aunque sus progenitores no se quedaban atrás. De este modo empezaron a familiarizarse con unos sonidos que decían palabras.

De primero, segundo y tercero de Primaria, los niños asienten con sonoros síes cuando Oto les pregunta si van entendiendo lo que les silban. Y cuando explica que Yo Silbo da cursos en Gran Canaria, Tenerife, La Palma, Fuerteventura y Lanzarote, se alza la voz de uno de ellos: «¿Y en la isla de Lobos?».

«¿Si les digo que hay 80 lenguajes silbados en el mundo se lo creen? ¡Ochenta!», dice el monitor Otoniel

«En Yo Silbo estudiamos los lenguajes silbados. ¿Cuántos lenguajes silbados conocen? ¿Si les digo que hay 80 lenguajes silbados en el mundo se lo creen? ¡Ochenta!», continúa Oto la presentación entre unos sorprendidos niños y adultos. «En Turquía, en Grecia, en México, incluso en Málaga con el silbo de topares que usaban los pastores».

Llega el momento de entrar en materia. El aprendizaje comienza por conocer el sonido de las vocales. «La “i” suena así —y la silba Oto—, es el sonido más agudo. La “o” es el sonido más grave… La “u” al principio, cuando no se sabe silbar, es bastante complicado. El oído hay que entrenarlo». Del corro infantil salen preguntas: «¿Y como se dice la “i” griega?».

Conocidas las vocales llegan los colores, que los niños escuchan con el silbo y reconocen repitiéndolas con lenguaje hablado que entonan con el sonido del silbo. «Azuuul» imitan los niños alargando la vocal final. «Rojoo, naranjaa, neegroo». Los colores se suceden. «Uno difícil», advierte Oto: «Blaancoo» contestan los niños al escuchar el silbido.

Cuando llegó el turno de reconocer los nombres de las islas, San Borondón no les resultó muy familiar aún. «¡Silba isla de Lobos!»

Cuando llegó el turno de reconocer los nombres de las islas, San Borondón no les resultó muy familiar aún. Risas y una petición de los niños: «¡Silba isla de Lobos!».

Melanie Martel, que emplea el silbo cuando practica slackline (equilibrismo a mucha altura), le dice a Jorge su nombre con el lenguaje silbado. | FOTO Y. M

Y por fin, los nombres propios, para que cada cual se identifique a sí mismo Todos levantan la mano y van diciendo de viva voz y escuchando después sus nombres en el lenguaje silbado. Yago, Mateo, Diego, Jorge… «Jorge es difícil porque empieza con la vocal “o”», advierte Oto. Y continúan entre la algarabía de los niños al reconocer sus nombres sonando de otra manera. Bruno, otro Diego, Martina, Mariela, Enma, Arancha, Nicola…

No faltaron los números, que aprendieron a reconocer corriendo por el patio en una tarde de juegos que se alargó sin que nadie se acordara del reloj.

Equilibrismo a ‘muuucha’ altura
Entre los juegos de la tarde hubo uno sobre una cinta sujeta entre dos columnas y apenas a 30 centímetros del suelo. Los niños caminaron sobre la cinta imaginando que podían estar, quizás, sobre la pista de un circo. Eso sí, con ambas manos sujetas a sendos monitores para disfrutar de la experiencia con seguridad.

¿Quiénes eran los equilibristas? Ellos se presentaron con el silbo como Víctor, Melanie y Nacho y también silbaron islas, colores, nombres y números. …Y contaron a PELLAGOFIO [ver artículo] su sorprendente vinculación con el lenguaje silbado, que aprendieron para poder utilizarlo mientras practican su deporte. Miembros de la Asociación Slackline Canarias, «lo que hacemos, básicamente, es equilibrismo sobre una cinta plana de 2,5 centímetros a muchos metros de altura», resume Víctor Álvarez.

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