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En Los Cabezazos, un vaso guanche que hay que microexcavar

Cueva habitada durante seis siglos, se excava para estudiar el impacto de las sociedades humanas en el periodo aborigen y su impacto en el paisaje

LA HUELLA ABORIGEN. El hallazgo de un vaso cerámico aborigen completo y repleto de sedimentos tras las últimas excavaciones en la Cueva de Los Cabezazos indica, tras las radiografías realizadas, un contenido en lípidos (grasas) que se va a excavar como si fuera un yacimiento. [En PELLAGOFIO nº 123 (2ª época, noviembre 2023)].

Por YURI MILLARES

Enclavada en una de las áreas arqueológicas que más información ha proporcionado de la vida y la muerte de los guanches, la Cueva de Los Cabezazos vuelve a la agenda de la investigación. «Necesitábamos realizar una excavación en Tenerife que diera una buena secuencia para poder estudiar los restos arqueobotánicos», explica Paloma Vidal Matutano, que dirige un proyecto del Ministerio de Ciencia e Innovación focalizado en los cambios en el paisaje y el impacto de las sociedades humanas en el periodo aborigen y colonial en Gran Canaria, Fuerteventura y Tenerife.

El lugar elegido en Tenerife ya había sido excavado en los años 70 del siglo XX por Luis Diego Cuscoy. En la publicación donde recoge los pormenores de la excavación que realizó [La Cueva de Los Cabezazos, en el Barranco del Agua de Dios (Tegueste, Tenerife), 1975], explica que «el nombre de “Los Cabezazos” le viene de los salientes que presenta el techo, que obliga a moverse agachado para evitar los golpes en la cabeza».

Al tratarse de un yacimiento de hábitat «con este estudio estamos abriendo una ventanita al pasado del modo de vida del siglo VII al XIII»

En efecto, la cueva (de 14 m de profundidad y 12,5 m de ancho), tiene una altura media del piso al techo de 1,50 m. Formaba parte de un antiguo poblado guanche del menceyato de Tegueste con cuevas de habitación y cuevas funerarias. En 2023, Los Cabezazos ha sido objeto de dos campañas de excavación codirigidas por Salvador Pardo y la propia Vidal Matutano (ambos del departamento de Geografía e Historia de la Universidad de La Laguna). El proyecto de esta intervención lo financia el Gobierno de Canarias.

Seis siglos de ocupación
«Sabíamos que íbamos a un buen yacimiento y no nos equivocamos en la elección —confirma Paloma Vidal—. Se excavó en abril y en julio y la cantidad de material es descomunal». Al tratarse de un yacimiento de hábitat «con este estudio estamos abriendo una ventanita al pasado del modo de vida durante seis siglos. Las dataciones van del siglo VII al XIII. De momento, porque no hemos llegado a la base de la secuencia estratigráfica. Pero puede ser todavía más antiguo».

El vaso cerámico guanche hallado en la cueva. | FOTO PALOMA VIDAL / ULL

Entre los hallazgos más curiosos de esta nueva excavación destaca la «aparición por sorpresa (porque no es una cosa que suela aparecer) de un vaso cerámico completo y, lo más importante, colmatado. Vamos a hacer una microexcavación del vaso, haciendo un registro tridimensional de esos levantamientos como si el vaso fuese un yacimiento». A continuación se hará «un muestreo de los lípidos (las grasas) que sabemos que contiene, porque le hemos hecho una radiografía y se vio que había algún elemento de materia orgánica».

Al haber estado habitada durante tanto tiempo, de Los Cabezazos «sale una cantidad ingente de carbón en todas las unidades estratigráficas» por la cantidad de hogares que hay. «Es un yacimiento del carbón», destaca Paloma Vidal. Pero hay mucho más, que están procesando ahora y obteniendo mediante la técnica de flotación. «A nivel de secuencia paleoambiental, es uno de los primeros yacimientos donde se están cruzando los datos del carbón (la antracología) con los datos de las semillas (que en la flotación estamos viendo que aparecen), con datos del polen y con los datos de fitolitos». De este modo, confirma, «vamos a tener una imagen del paisaje visto desde distintos restos arqueobotánicos, que es lo importante al final».

El registro cerámico también llama la atención. «Es una cueva donde hay un componente de decoración en la cerámica bastante grande en comparación con otras áreas de la isla donde la cerámica no está tan decorada».

El perro, también en la dieta de los aborígenes

En el registro arqueológico recuperado este año «no ha aparecido ningún resto que podamos confirmar que sea de perro», dice Paloma Vidal. Los restos óseos de los perros de los aborígenes son bastante escasos en los yacimientos de las Islas, pero en la excavación de Luis Diego Cuscoy su presencia resultó muy elevada. En cualquier caso, «los registros de esas excavaciones de los años 70, depositados en el MUNA, se compararán con los de ahora», precisa.

«El perro formaba parte de la alimentación, aunque por los datos estadísticos obtenidos se consumía en pequeña cantidad»

Durante la excavación de los años 70, escribe Cuscoy, «en superficie aparecen restos de animales sin relación ninguna con los hábitos alimentarios prehispánicos». Se refiere a lagartos, ratas, aves o murciélagos. Pero entre la acumulación «muy densa de restos de cocina», con «importantes masas de ceniza y carbón», si recogió abundante material óseo de animales que consumían. Concretamente 21.060 gramos de huesos: 57,5% de cabra, 30,3% de cerdo y 12,2% de perro.

El perro «formaba parte de la alimentación, aunque por los datos estadísticos
obtenidos se consumía en pequeña cantidad. Se sacrificaba en estado de cachorro
o de tamaño medio y en muy raras ocasiones crecido o adulto», detalla.

«Por el contrario, el cerdo —continúa Cuscoy— se sacrificaba ya en total desarrollo, es decir, animal adulto, lo que confirma su condición de proveedor de carne. Esto queda corroborado por los restos descubiertos». Se trata, además, de huesos que «han sido quebrados intencionadamente para el aprovechamiento del tuétano como materia alimenticia».

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