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La cultura de la batata o boniato en las islas Canarias

«El abandono del campo (por la falta de apoyos, estímulos, horizontes…) ha determinado el retroceso del cultivo de los boniatos o batatas», escribe Manuel Lorenzo Perera, Premio Canarias de Cultura Popular. [En PELLAGOFIO nº131 (2ª época, julio-agosto 2024)].

Existe la consideración de que es mejor la batata que se planta en el jable, más sabrosa, dulce y «menos jebruda o raizúa» que la que se obtiene en enarenado

Por MANUEL LORENZO PERERA
Extracto de su epílogo en el libro de Jaime Gil y Ricardo Zamora ‘Boniatos de La Palma. Diversidad y Memoria’ (2023)

En La Palma se les llama boniatos, como en Cuba. También en la isla portuguesa de Madeira. Y algunos retornados cubanos, en otras islas del Archipiélago, caso de Tenerife, denominaban del mismo modo a las batatas: “mi padre, que estuvo en Cuba, las llamaba boniatos”. El boniato o batata (Ipomoea batatas (L.) Lam.) es una planta de origen americano, habiéndose dispersado por todo el mundo, constituyendo el séptimo cultivo alimenticio (135 millones de toneladas en una superfi­cie de 9 millones de hectáreas). Fue traída a Europa en el primer viaje de Cristóbal Colón, 1492. En Canarias está datada desde el año 1544.

Suele hacerse mención al retroceso que, en los últimos años, ha conocido la super­ficie destinada al cultivo y, consecuentemente, la producción batatera. En años anteriores la dedicación fue mayor. Y hemos recogido que, en momentos históricos determinados, los boniatos o batatas “mataron mucha hambre”, como aconteció, por ejemplo, durante los años posteriores a la guerra civil española (1936-1939), a los que hemos escuchado denominar “el tiempo de la batata”, llegando a representar el consumo de papas un auténtico lujo.

El abandono del campo (por la falta de apoyos, estímulos, horizontes…) ha determinado el retroceso del cultivo de los boniatos o batatas. Y, consecuentemente, prescindir de variedades, muchas de ellas antiquísimas, consideradas como menos rentables, económicamente hablando. Las distintas clases de boniatos o batatas, sobremanera las antiguas, cargadas de valor histórico y cultural, deberían preservarse. Tarea de posible realización si se quisiera, aunque algo difícil de entender en un mundo inmerso en la globalización, también gastronómica.

Es el de las batatas un cultivo resistente. Los siguientes versos fueron recogidos en el Valle de Masca: «que lo único que ha quedado / la cosecha de las batatas». Relacionados con el voraz incendio que asoló al norte de Tenerife en agosto de 2007. Casi todo lo cultivado en huertas y goros feneció, también se castró la rama de las batatas, pero estas, protegidas bajo tierra, volvieron a reventar otra vez.

La rama, conocida también en Tinajo como planta de batateras, se destinaba, en parte, a la reproducción o se regalaba a quien la solicitaba

Resulta curioso que, tradicionalmente, haya sido en Lanzarote un cultivo de secano, empezando a regarse en fechas muy recientes; mientras que en islas de mayor frescura fuese un cultivo de regadío, como acaecía, por ejemplo, en Telde (Gran Canaria) y en Masca y Los Carrizales (Tenerife).

En Lanzarote, sobremanera en la zona de las batatas, extendida desde La Caleta de Famara hasta Playa Honda (San Bartolomé, Güime, Mozaga, Tao, Tiagua, Muñique, El Cuchillo, Soo), las batatas, durante mucho tiempo, se plantaron en el jable, en parcelas grandes o “en los morros más ruines de la ­finca, más bien pal gasto. El jable mantenía la miseria nuestra, la gente iba al Jable a buscar…”. La utilización de los enarenados o arenados es reciente, “de poco pa’cá”, procedimiento que resulta ser menos pesado: “es menos trabajo, menos hierba y todo”. En la actualidad prevalecen los dos sistemas. Existe la consideración de que es mejor la batata que se planta en el jable, más sabrosa, dulce y “menos jebruda o raizúa” que la que se obtiene en enarenado.

En Telde (Gran Canaria) la rama se plantaba con el palillo o estaca con punta de hierro, introduciéndola en la parte del surco que más le dé el sol, disponiéndolas recostadas, a tramos de cuarenta centímetros: “se enterraban dos hojitas y se dejaban dos por fuera”. Han sido cultivadas en huertos, cercados y por las orillas, siendo conocidas estas últimas como “batatas soqueras”. Una vez al mes o cada dos meses, si llovía, procedían a regarlas, evitando efectuarlo de manera exagerada, para que las batatas no salieran “aguachisnadas”.

La necesidad obligaba en ocasiones a dárselas crudas, picadas, a animales como las cabras, ovejas o camellos

Otro capítulo de la cultura de las batatas lo constituye el de la alimentación. La rama, conocida también en Tinajo como planta de batateras, se destinaba, en parte, a la reproducción o se regalaba a quien la solicitaba, mojándola o poniéndola en agua cuando no se plantaba el mismo día; valiendo el resto para alimento de los animales: vacas, cabras, conejos. Las raíces, guisadas, servían de comida a cochinos y gallinas, evitando dárselas crudas porque “los animales que comían mucho se asoplaban, se les inflama el estómago”. Batatas guisadas y escachadas era uno de los alimentos que se le ponía a los gatos, como tuvimos oportunidad de recoger en Igueste de San Andrés (Santa Cruz de Tenerife).

Ahora bien, la necesidad obligaba en ocasiones a dárselas crudas, picadas, a animales como las cabras, ovejas o camellos, tratándose de una información recogida en Tinajo (Lanzarote), principalmente batatas pequeñitas y las que “ya estaban viejas, que no servían para la exportación”.

Las batatas y los ñames guisados —en diversos lugares del Archipiélago— han acompasado a los platos característicos (cordero o cabrito asado, carne de cabra arreglada, “sama de Canaria”, carne de cochino en adobo…) de celebraciones tan importantes como la Nochebuena, Fin de Año y los Carnavales: “las batatas eran como una cosa extraordinaria”.

Mentira equivale a batata y quien acostumbra a decirlas es un batatoso

Las batatas hacen también su aparición en el escenario de la lengua. Mentira equivale a batata. Y quien acostumbra a decirlas es un batatoso. A quien se ocupa de negociar con batatas se le puede apodar de igual manera; es el caso de Marcial Batata, de Masdache (Tías, Lanzarote). Pero, además, un batata es alguien “medio parado, un apocado… medio atontado”. En diferentes pueblos de Canarias existe la raza o gran familia de los Batatas (“tiene las patas como Lolita la Batata”, “¿Tía Dolores la Batata no había una?”), cuyos componentes —como acaece siempre— suelen congregarse en momentos trascendentales de la vida como son el nacimiento, el matrimonio o la muerte de alguno de sus miembros. El pueblo de San Bartolomé, en Lanzarote, ha sobresalido en lo que concierne al cultivo de la batata, razón por la que sus habitantes son conocidos y diferenciados mediante el gentilicio batateros.

Como suele acontecer, la gentil y agradecida planta que nos ocupa ha trascendido hasta lograr copar el capítulo de las creaciones literarias, en esta ocasión canciones o coplas. En Telde hemos tenido oportunidad de recoger la siguiente canción infantil, entonada en momentos puntuales: “cuando alguien decía mentiras, lo decíamos cantando, o cuando nos peleábamos unas con otras:

Mentirosa,
batatosa,
come huevos
por golosa”.

En Arure [La Gomera], a las batatas, presentes durante la conmemoración de la Nochebuena, alude el siguiente cantar:

“Esta noche es Nochebuena,
noche de comer batata,
que parió la Culundrina
un Culundrino de plata”.

La siguiente composición pertenece a las seguidillas de Lanzarote. Dice así:

Me dicen batatero
por mis batatas,
vale más batatero
que no batata.
Yo vendo mis batatas
como rosquillas,
porque son mis batatas
buena semilla.
Mi puesto de batatas
lo abro temprano,
todas se desesperan
por meter mano.
Las batatas del jable
son muy sabrosas,
la mía es de arenado
y muy hermosa.
Yo vendo mis batatas,
también regalo,
y a las buenas clientas
le doy cien gramos.
Si son batatas nuevas
son más gustosas;
si la batata es vieja,
no es tan sabrosa”.

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