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La última erupción del Teide y su impacto en los guanches

Un equipo de arqueólogos se ha propuesto precisar la datación de esa erupción y estudiar su impacto en el proyecto Arquevol

LA HUELLA ABORIGEN. Tenerife ha sufrido diversas erupciones volcánicas desde que está habitada. Entre ellas, la última del Teide en tiempo de los guanches que afectó a sus talleres de obsidiana, de donde obtenían herramientas vitales para su vida cotidiana. Un equipo de arqueólogos se ha propuesto precisar la datación de esa erupción y estudiar su impacto. [En PELLAGOFIO nº126 (2ª época, febrero 2024)].

■ Taller de obsidiana
Foto del área de talla aborigen Cruz de la Vieja (Icod de Los Vinos). Los primeros pobladores del archipiélago ya conocían los metales, según la arqueóloga y catedrática de la ULPGC Amelia Rodríguez. Pero aquí, sin mineral con el que hacer objetos de metal, fabricaban sus instrumentos con obsidiana y otras rocas volcánicas ●

■ Herramientas cortantes
«La obsidiana se produce cuando la lava que emite un volcán, o en los piroclastos que lanza al aire, la roca se enfría tan rápido que no le da tiempo a cristalizar y forma un vidrio perfecto», explica la arqueóloga experta en industria lítica Amelia Rodríguez. En la foto de Cristo Hernández, lascas de esta materia prima de talleres guanches de Tenerife ●

La erupción del Teide en algún momento entre los siglos VII y XIII no se sabe exactamente cuándo se produjo

Por YURI MILLARES

Erupción del volcán Tajogaite (La Palma, 2021). | FOTO RAFA AVERO
La más reciente erupción terrestre en Canarias dio lugar al volcán Tajogaite, en La Palma, en 2021. Retransmitido en directo por televisión para todo el mundo y estudiado día a día entre el 19 de septiembre y el 13 de diciembre de aquel año, produjo un edificio fisural con nueve bocas eruptivas, 200 metros de altura, 800 m de diámetro y 6 km2 de superficie. Sus lavas formaron dos deltas lávicos que ampliaron el litoral de la isla, pero también sepultaron 1.219 hectáreas de un territorio donde había casas, parques, plazas, cultivos, carreteras, caminos, «en suma, los referentes espaciales, la vida y los recuerdos de mucha gente», dice la memoria del proyecto Arqueovol.

Acrónimo de Arqueología y Volcanes, este proyecto en realidad tiene como objeto de estudio la última erupción del Teide. Las consecuencias del Tajogaite «nos ayudan a sustentar la hipótesis de que gran parte del volcanismo subreciente en la cumbre de Tenerife pudiera haber tenido hondas repercusiones en el modo de vida de la población guanche a escala insular», señala el documento de Arqueovol.

Las erupciones históricas de Tenerife (esto es, documentadas) son seis. La de Boca Cangrejo tuvo lugar en 1492 y fue vista por Cristóbal Colón. Entre 1704 y 1705 se sitúa la segunda con tres focos de emisión: Siete Fuentes, volcán de Fasnia y volcán de las Arenas. En mayo de 1706 acaeció la de Garachico, que sepultó el importante puerto de esta villa y se considera la de mayor impacto socioeconómico de la isla. En 1798 fue la de Chahorra que se produjo en el Pico Viejo.

Por último, la del Chinyero, en 1909, fue retransmitida en directo con los medios de entonces: el envío de palomas mensajeras (Antonio Ponte y Cólogan, profesor de ciencias del instituto Cabrera Pinto de La Laguna, fue quien realizó en directo la primera descripción científica de una erupción volcánica en las islas Canarias enviando sucesivos mensajes con palomas, como relata Carlos Cólogan en un artículo en Pellagofio).

Espíritus malignos en Echeyde
Montaña sagrada para la población aborigen que lo llamaba Echeyde, el Teide era para ellos refugio de espíritus malignos asociados a erupciones volcánicas. Pero la propia erupción del cono sumital del Teide, en época guanche, no se sabe exactamente cuándo se produjo. «Hay una única datación radiocarbónica publicada por Juan Carlos Carracedo, que la sitúa aproximadamente entre los años 663 y 943 de nuestra era. Y luego hay otra datación hecha por paleomagnetismo, publicada por Vicente Soler, que la sitúa un poco más tarde, entre 1470 y 1490», explica Cristo Hernández Gómez, arqueólogo que encabeza para la Universidad de La Laguna el equipo multidisciplinar de este proyecto pionero en las Islas.

El ámbito de trabajo de esta investigación serán distintas zonas de Las Cañadas del Teide, así como de medianías y costa del noroeste de Tenerife. Junto a Cristo Hernández (en la foto, durante la excavación en un conchero en Buenavista del Norte), también participan Javier Dóniz, Matilde Arnay, Bertila Galván y Álvaro Castilla.
«Estudiar cómo fue la respuesta de las poblaciones indígenas a este tipo de fenómenos implica ahondar en una parcela de la Historia ambiental relacionada con las catástrofes naturales», dice. Por ello Arquevol tiene como objetivo «analizar el impacto que tuvieron las erupciones recientes en la población indígena de Tenerife. En concreto, nos interesa mucho la última erupción del Teide», explica. Una erupción, por cierto, que es «responsable del cono sumital» que hoy luce en su pico, conocido como El Pilón de Azúcar.

Un fenómeno volcánico implica una transformación inmediata del paisaje en poco tiempo. En este caso, un territorio clave para los guanches: las Cañadas del Teide

Territorio clave en la economía guanche
«Queremos precisar cuándo se produjo —destaca Cristo Hernández—. Porque esa erupción, que es la responsable de las coladas negras del Teide, afecta, en parte, a un territorio que es clave en la economía de los guanches. Era donde tenían el área de máximo aprovechamiento de obsidianas en Tenerife».

Y, a diferencia de Gran Canaria, donde los aborígenes de esta isla extraían la obsidiana de galerías excavadas en la roca, como sucede con las minas de Hogarzales, «en Tenerife lo que tenemos son coladas en superficie que fueron explotadas durante mucho tiempo». La existencia de centenares de yacimientos arqueológicos que fueron talleres para la explotación de esta materia prima así lo indica.

Por ello se acaban de iniciar los trabajos, que durarán tres años, para «realizar prospecciones arqueológicas en la zona y dataciones, con el objetivo de estudiar la relación entre los fenómenos volcánicos y la vida de estas poblaciones».

Un fenómeno volcánico implica una transformación inmediata del paisaje en poco tiempo. En este caso, en un territorio de alta montaña esencial para la isla y sus habitantes de entonces: Las Cañadas del Teide. Este ámbito es más que un campo de pastoreo estival. Son muy numerosas y variadas las evidencias indígenas que alberga, como las canteras de fabricación de molinos para molturar el grano con que hacían gofio, los yacimientos funerarios o los conjuntos de cabañas.

Yacimientos espectaculares
Y, muy importante, sus yacimientos «absolutamente espectaculares» —en palabras de Cristo Hernández—, que se expanden por una superficie importante, dedicados a la actividad de talla de obsidiana. «Todos alrededor de ese gran edificio central que es el Teide. Numerosos talleres de obsidiana cuya producción hoy sabemos que se distribuyó por toda la isla», añade. Los dos principales, detalla, serían el del Tabonal de Los Guanches (en la cara norte del Teide) y El Tabonal Negro (asociado al propio circo de Las Cañadas).

Principales fuentes de aprovisionamiento de esta materia prima, están íntimamente ligadas a los últimos procesos eruptivos de la cara norte del Teide y a las coladas negras. Cómo influyó tan importante episodio volcánico, en esta parcela de la actividad productiva aborigen, es lo que este equipo multidisciplinar se ha propuesto documentar. En especial, en qué medida afectó a la disponibilidad, a la accesibilidad y a la gestión que pudo hacer la población guanche del suministro de estas rocas eruptivas, vitales para la fabricación de herramientas cortantes puesto que en Tenerife (y en el resto de islas), no se disponía de minerales de los que obtener metal.

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