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Miguel Ángel Peña, fotógrafo de aves y de naturaleza

«En Canarias el animal huye, el problema que tenemos es la gran ocupación humana»

«Hay que hacer una ordenación de pistas dejando las que van a sitios socialmente activos y limitar la velocidad», dice el biólogo Miguel Ángel Peña durante la entrevista sobre una actividad que le apasiona tanto o más que su profesión: la fotografía [Versión extensa de la entrevista publicada en la edición impresa de PELLAGOFIO nº130 (2ª época, junio 2024)].

«Soy como un paparazi en la vida íntima de un animal, levantando acta de lo que estoy viendo» MIGUEL ÁNGEL PEÑA

Por YURI MILLARES

Director de la Reserva Natural Especial de las Dunas de Maspalomas hasta su jubilación, este biólogo enamorado de la fotografía sigue plenamente activo en el desempeño de su tarea de fotógrafo de la naturaleza, por el simple placer de estar ahí donde pueda captar una imagen allá donde le lleven sus piernas. «Este miércoles es 5 de junio, Día Internacional del Medio Ambiente», observa.

■ OJO DE PEZ / ¡Mira, una paloma rabiche!

La cita tuvo lugar en el parque San Juan de Telde, cerca de su casa, porque una lesión en una rodilla no le permite caminar mucho. Entre palmeras y con el sonido del agua de una fuente de fondo, conversamos como si estuviéramos en medio de la selva. Incluso nos sorprendió la presencia a nuestro alrededor de una confiada paloma rabiche, huidiza especie de la laurisilva canaria ●

—Eres de esos biólogos que pasa mucho tiempo en el campo. Creo que has descrito un buen puñado de especies nuevas de invertebrados para la Ciencia. ¿Por ahí empezaste?

—Por ahí empecé, simultáneamente con la fotografía. Porque mis primeras fotos de naturaleza son del año 1973 y la carrera la empecé dos años después. Pero estaba indeciso entre fotografía y naturaleza. Fui a un buen fotógrafo y me dijo: “Te recomiendo que estudies Biología para que nunca, como fotógrafo, dependas de un cliente. Así podrás hacer la foto que tú quieras”. Me pareció una buena recomendación. Estudié Biología contentísimo, lo estaba y lo estoy. Me encanta mi profesión. O lo que era mi profesión porque ahora no vivo de ella.

—¿Y comenzaste por los invertebrados?

—Mi atracción por el mundo de la biología era como entomólogo. Algunas especies que he sabido que eran nuevas para la Ciencia, como la Pimelia estevezi (de la Punta de las Arenas [en el noroeste de Gran Canaria]) está declarada en peligro de extinción. Yo no tenía los conocimientos de un especialista. Se lo decía al experto correspondiente, «oye, toma, esto me da que es una especie nueva». Y ellos como deferencia me lo dedicaban. Así empecé mi etapa de biólogo… Yo es que tengo dos aproximaciones a la naturaleza. Una la de la ciencia (ortogonal, procedimiento científico) y otra la de la fotografía (que no es con el cerebro, sino con el corazón).

—¿Siempre han ido en paralelo?

—Sí, porque, además, yo creo que se complementan. ¿Cómo le dices a un físico que describa una puesta de sol? Te va a decir que se está emitiendo una radiación en el espectro próximo al rojo. Pero seguro que un poeta te la describe mejor. O un pintor.

—¿Acercarte a esa naturaleza a través del visor de los lentes no te la aproxima todavía más?

«La fotografía te permite compartirlas para sensibilizar y acercar a un mundo que es realmente maravilloso»

—Físicamente sí, porque te permite meterte en la vida íntima del animal. Acabas encontrando, por ejemplo, que un determinado ejemplar tiene un cierto carácter, es más asustadizo, o le gusta entrar a un bebedero por cierto sitio mientras que a otros por otro. Empiezas a apreciar la diferencia. Y en esa vida íntima eres como una especie de paparazi, un personaje invisible que estás ahí siendo testigo, levantando acta de lo que estás viendo. Y eso te permite luego compartirla con otra gente que quizás no tiene las posibilidades, o los conocimientos, o los accesos, o el tiempo. Te permite compartirlas para sensibilizar y acercar a un mundo que es realmente maravilloso.

—Fotografías especialmente aves, ¿por qué?

—También hago fotografías de otras cosas. Como entomólogo que fui estuve muchos años haciendo fotografías de insectos. Algunas para uso profesional, otras no. Pero allá por el año 2000 me empezaron a interesar las aves. Porque era algo de lo que apenas sabía nada, aunque hacía muchos años que había terminado mi carrera. Estaba en otra historia. También porque soy una persona poco paciente, excepto cuando estoy en la naturaleza. Y, finalmente, no nos engañemos, porque empecé a tener la capacidad adquisitiva para comprarme unos equipos que no son baratos. Esa curiosidad, con disponibilidad de material y más paciencia que te van dando los años fue lo que me llevó. También con algunos amigos vas creando sinergias y vas por ahí. Pero de vez en cuando hago fotografías de insectos que pongo en Instagram [@ma.penaestevez].

«De las aves me llama la atención que, de alguna manera, son espíritus libres por eso de tener alas»

—¿Qué te llama la atención de las aves?

—Primero, su diversidad. Segundo porque, de alguna manera, son espíritus libres por eso de tener alas. Y después por algo indescriptible que le suele pasar a todo el que fotografía aves: el reto de acercarte, como un misterio o algo intangible.
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—Tampoco debe ser muy fácil capturar imágenes de unos animales que están más tiempo volando que posados. ¿Qué se necesita, aparte de armarse de paciencia?

El camachuelo trompetero (o pájaro moro), es una especie que durante la época reproductora adquiere un bonito colorido y emite un canto a manera de trompeta, de donde le viene el nombre. Habita los llanos esteparios de varias Islas. | MIGUEL ÁNGEL PEÑA
—Hacen falta varias cosas. Lo primero, cierto conocimiento del medio para saber qué ave puede estar en un sitio. O en qué sitio puedes encontrar ciertas especies. Necesitas también conocimientos para no dañar la naturaleza, ante todo está el bienestar del animal. Y yo tengo que predicar eso, porque soy miembro del Grupo de Conservación, Ética y Sostenibilidad de la Asociación Española de Fotografía de Naturaleza (AEFONA).

“Por otra parte, hace falta un equipo. No necesariamente caro ni un teleobjetivo, hay otras alternativas. Y, finalmente, hay un aspecto un tanto deportivo o de aventura y es que tienes que saber caminar en el campo. Saberte mover y orientar, tener ciertas cautelas de seguridad como un senderista o un montañero. No meterte en líos por un risco de donde no vas a poder salir.

“En resumen, esas tres patas. Conocimiento del medio natural, saberte resolver en él y un equipo. Eso para empezar. Luego los conocimientos para manejar el material y un puntito que es como la sal de la comida, pero que es imprescindible: el aspecto artístico. Qué es un color frío o un color caliente, cómo deben ser los fondos, cómo manejar la luz. Cosas intangibles pero importantes a la hora final de presentar la foto.

«En Canarias el animal huye. Según la especie y, a veces, según el ejemplar, el círculo del miedo es más grande o más pequeño»

—Siendo animales salvajes que viven libres, ¿la presencia humana no interfiere en su comportamiento? ¿Cómo pasas desapercibido?

—En Canarias el animal huye. Según la especie y, a veces, según el ejemplar, el círculo del miedo es más grande o más pequeño. Normalmente lo que tenemos que hacer es camuflarnos. Puede ser con una pequeña caseta de tela que dejas durante unos días, con una red de camuflaje o te tiendes en el suelo.

“O puedes ir a algún sitio que la gente frecuente. Por ejemplo, la Charca de Maspalomas. Ahí hay un río de gente pasando permanentemente. El ave que llega en una migración, a lo mejor del norte de Finlandia, al principio recela. Pero con el paso de los días se va dando cuenta de que no pasa nada. Va cogiendo confianza y al final la tienes a cinco o seis metros. O en un puerto pesquero donde están descargando la pesca y hay restos de comida. Vienen las gaviotas, vienen charranes y se van acostumbrando, cogen confianza.

«Con botas de agua y de rodillas, está tomada en la playa de Sotavento (Fuerteventura) por mi amigo M. Vicente», dice Miguel Ángel Peña.
“El animal huye porque se juega la vida. Pero hay sitios en el mundo donde el animal es mucho más confiado porque nunca le han hecho daño. He estado en Pantanal, en el sur de Brasil, y hacía muchísimos años que allí no se cazaba. Es el humedal más grande del mundo, del tamaño de la mitad de la Península Ibérica y sólo tiene 178 kilómetros de pista de tierra toda recta. No hay más. Allí el animal es muy confiado.

—¿Te queda algún ave de Canarias por fotografiar?

—Sí, me faltan varias.

—¿Las vas buscando?

«A veces me pongo retos. Una buena foto se puede hacer de un gorrión»

—No especialmente, pero a veces me pongo retos. Una buena foto se puede hacer de un gorrión, de un palmero o de una tórtola. Yo soy más de escenas que de especies. En ese sentido soy más fotógrafo que biólogo. Prefiero un buen posadero con un buen fondo, una buena luz con un animal que esté confiado, que tenga un plumaje bonito: esos aspectos estéticos. Uno, al principio, lo que quiere es todo. Pero luego tengo que saberme conformar, porque la naturaleza me pone en mi sitio.

“Entonces hay dos grandes grupos [que me faltan]. Tampoco me he puesto, pero me tendré que poner: uno, las aves pelágicas; otro, los vencejos y golondrinas que vuelan muy rápido y contra un cielo brillante, y siendo animales oscuros la foto es complicada. Pero todo es ponerse, buscar las oportunidades. Lo de las aves marinas lo tengo un poco más difícil, yo que estuve unos años navegando y ahora mareo que da gusto.

El pinzón azul de Gran Canaria o pinzul está considerado como el pájaro más escaso de Europa. Es endémico de la isla de Gran Canaria y habita en sus pinares maduros. | MIGUEL ÁNGEL PEÑA
—En el archipiélago hay aves en peligro de extinción que empiezan a recuperarse (caso de las palomas de la laurisilva o el guirre) o se intenta recuperar (pinzón azul de Gran Canaria). ¿El listado de especies de aves en peligro es muy extenso en las Islas?

—Sí, es extenso. Y, lamentablemente, entran más en el catálogo de especies amenazadas de las que salen. Pero eso es normal, la naturaleza es budista: te devuelve lo que tú le entregas. Y te hace pagar en esta vida o en la siguiente lo que le haces. El gran problema que tenemos en Canarias es la ocupación humana. Somos muchos. Tenemos seis veces la densidad de población que en la Península Ibérica. Si ahí tuvieran la misma densidad poblacional que aquí tendría 250 millones de habitantes. Eso sin contar los 16 millones de turistas que nos visitan. Y un estilo de vida que no escatima, precisamente, en recursos.

«Hay especies que se están recuperando, pero esto no es un zoológico, la especie sin hábitat no es nada y el hábitat está fastidiado»

“Aquí te llega un animal migratorio y ¿en qué parte del litoral puede estar para descansar y comer? La mayoría de aves migratorias hacen miles de kilómetros volando. Y pesan gramos. Buena parte de su cuerpo lo pierden en ese esfuerzo. Tienen que recuperarse, si no, mueren de inanición.

“Después, los hábitats. Gran Canaria se ha recuperado muchísimo, aunque de la laurisilva no tanto. Y de los tabaibales-cardonales, que están muy abandonados, muy poco. Al llegar aquí los primeros navegantes, cuando hablan de los grandes bosques de Canarias se referían en buena medida a grandes tabaibales. Decían que había tabaibas como higueras. Una vez vi una fotografía de la zona de Monte León con un Simca 1000 metido debajo de una. Había que arrancar las tabaibas dulces con dos tractores con cadenas, porque uno solo no era capaz. Todo eso constituía un hábitat. En Gran Canaria hay citadas hubaras y el ave rapaz más abundante era el milano real. Hoy no hay ninguno. Esa es la tendencia.

Las agujas son especies que pasan por Canarias en su viaje migratoria entre el continente africano y el norte de Europa, siendo capaz de recorrer varios miles de kilómetros. En las Islas son frecuentes la colinegra y la colipinta. Se les pueden ver en los hábitats limícolas, especialmente litorales. | MIGUEL ÁNGEL PEÑA
“Hay especies que se están recuperando. Pero esto no es un zoológico. La especie sin el hábitat no es nada y el hábitat está fastidiado.

—¿Qué ave, de las que están en mayor peligro de extinción, es la que más te preocupa en estos momentos?

«En Canarias la hubara está muy mal, no vi ni una la última vez que fui a Fuerteventura»

—Como especie en Canarias, la hubara. En Fuerteventura está muy mal. La mejor forma de fotografiarla es en coche. Se camufla muy bien, pero la he fotografiado yendo despacito por la pista paralela a la playa de Sotavento. La última vez que fui no vi ni una. Y en otros sitios de la isla está cada vez peor. La proliferación de pistas (donde se circula a mucha velocidad) va aminorando su hábitat. En Lanzarote está un poco mejor, pero mucho me temo que acabará igual.

“En las carreteras se crea a ambos lados lo que se llama «efecto borde»: si vas a 10 km/h puedes tener un efecto borde, vamos a suponer, de 10 metros: el animal se asusta y sale corriendo. Pero si vas a 100 km/h a lo mejor el efecto borde son 100 metros por cada lado y si cerca tienes otra pista se pierde el hábitat, colapsa. Habría que hacer una ordenación de pistas dejando las que realmente van a sitios socialmente activos y limitar la velocidad implementando recursos (porque ya lo dice la Ley de Espacios Naturales: no se puede circular en pistas por ellos a más de 40 km/h).

—Recuerdo de niño la enorme escandalera de pájaros que había cada atardecer y anochecer en la avenida Mesa y López de Las Palmas. Debían de ser miles. Ese ‘concierto’ de principios de los años 70 hoy ha desaparecido, en la medida en que el bullicio y el tráfico fueron creciendo en la ciudad. ¿La vida urbana no es para ellos?

—Eran palmeros o gorriones morunos. También en Las Palmas, donde está la Feria del Atlántico (el Recinto Ferial o Infecar), había bandos de centenares de ejemplares de terrera marismeña (la que aquí llaman calandros): no hay ni uno. Vamos a ver, hay especies que se logran adaptar con éxito, como la tórtola turca, el gorrión moruno. Pero tenemos que ver la globalidad y no tener muchos ejemplares de pocas especies. Cuando hay mucho de poco eso se llama plaga, porque empieza a interceptar los intereses humanos o de otras especies. Si son especies invasoras, como cotorras, compiten con las especies nativas.

“Yo he hecho en ciudad fotos preciosas de gorrión moruno, o de currucas tomilleras. Pero el balance global en ese sentido no es positivo. Un amigo mío, Joaquín Araujo, utiliza mucho la expresión “la vivacidad”. De pequeño recuerdo la cantidad de fauna en mi ciudad, en solares de la periferia. Ahora ese perímetro está ocupado por la ciudad. Pero si vas a un hábitat homólogo ahora, no hay.

—Has mencionado otros lugares además de Canarias, imagino que el resto del mundo también está en tu foco. En tus viajes, ¿buscas algo especial?

—Yo hago dos tipos de viajes. El que llamo turisteo: ir de turista con alguna escapadita para fotografiar aves. Y las expediciones fotográficas. En tal caso procuro elegir sitios que no se parezcan a éste, y donde yo tenga la oportunidad de ver y fotografiar muchas aves sin tenerme que desplazar demasiado. La última vez que hice un viaje exclusivo de fotos de aves fue cerca de Picos de Europa, en febrero. A nivel de países, he estado en varios de Europa, Asia, África y América.

—¿Cómo los planificas?

«Para fotografiar aves planifico los viajes como un general una batalla, al milímetro»

—Si es para fotografiar aves los planifico como un general una batalla. Al milímetro. Desde qué transporte, qué alojamiento, qué guías, a qué sitios concretos o qué especies hay. También a qué hora sale sol, cuándo se pone, por dónde. Absolutamente todo. ¿Por qué? Por una cuestión egoísta: con el dinero que aplico quiero el mayor número de experiencias y las fotos más bonitas.

“Mi récord en un viaje de expedición de aves lo tuve en La Mancha húmeda (quedan pocas lagunas, muchas han sido desecadas). Estuve una semana de junio hace un par de años. Me levantaba a las cinco de la mañana y la sesión comenzaba a las seis cuando salía el sol. Estaba en el campo hasta las nueve o las diez de la noche. En hides, escondites especiales para hacer fotografías de aves. Llegaba al hotel a las 12 de la noche para limpiar el equipo, cargar las baterías, descargar fotos, ducharme, acostarme unas horas y al día siguiente tirar otra vez al campo. Hice 50.200 fotos de 46 especies diferentes, de las que 37 no las tenía en mi archivo.

“Eso te puede dar una idea de cómo planifico.

—¿Viajas ligero de equipaje o necesitas ayuda?

—Aunque tengo un equipo relativamente pequeño, sí que voy cargado. No es solamente el equipo fotográfico (dos cuerpos de cámara, varios objetivos, trípode). Sino que además necesitas abrigo, comida, agua. Y con la fotografía de aves llevas teleobjetivos que pesan. Pero el que hace la fotografía es el fotógrafo, no la cámara.

«La fotografía más difícil es la que no hago y te vuelves sin traer nada. Porque es frustrante»

—¿Tu fotografía más difícil?

—La más difícil es la que no hago, cuando te pasas todo el día en el campo caminando y te vuelves sin traer nada. Porque es frustrante, el resultado no está garantizado. Porque cuando tienes una fotografía difícil, un halcón tagarote en un acantilado peligroso pero te vienes con la foto, lo comido por lo servido. Te viene la adrenalina a tope.

—¿Y tu favorita? Esa que eliges para colgar en la pared en tu casa.

—Pues tengo una de un tagarote. Y ahora voy a poner otra de un rabijunco etéreo, un ave de origen tropical que está empezando a poblar, de manera natural, algunos acantilados marinos de Canarias. Un ave preciosa. También el camachuelo trompetero o pájaro moro: en su época de reproducción es espectacular, porque tiene un pico carmesí y un plumaje de tonos rosas muy bonito. Después, el resto del año es marroncito muy discreto, para camuflarse, porque viven en paisajes esteparios y la estrategia es que no lo vean los depredadores.

—Terminamos, un recuerdo dulce.

—Profesionalmente, el día que sacamos adelante el proyecto Masdunas y empezamos a ejecutarlo en la recuperación de las Dunas de Maspalomas. Se peleó mucho por eso, no solamente yo, y fue una alegría poner en camino ese ecosistema. Después, con la gente: este viaje no lo hacemos solos y las relaciones humanas son maravillosas. Y en el mundo de la fotografía hay de todo, como en cualquier actividad, pero hay gente genial. Es un momento que compartes en el campo, aunque llegas y cada uno se va por su lado. Pero te reúnes después de la sesión y empiezas comentar las anécdotas, lo que me pasó, junto a una cerveza, un café o una botella de agua. Eso es fantástico. Como dirían los ticos, «pura vida». Es de esos placeres que no se pagan con dinero, son momentos maravillosos.

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