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Saborea Fuerteventura y el ‘gusanillo’ del producto majorero

El arranque ‘tal cual’ de Saborea Fuerteventura ha servido para constatar, en un encuentro de entidad, la confianza plena en el producto local de la isla, escribe Fran Belín en esta entrega de su columna “Chip de morena”. [En PELLAGOFIO nº 114 (2ª época, enero 2023)].

columnista-fran-belinPor FRANCISCO BELÍN
Periodista gastronómico

Todavía me queda el buen regusto de lo que para la isla majorera resultó, no un desafío que tocaba a las puertas, sino el arranque tal cual de Saborea Fuerteventura para constatar, en un encuentro ya de entidad (como en otras islas), la confianza plena en el producto local. Asimismo, la apuesta de una restauración que está ajustando sus dinámicas para ser competitiva y que quiere engancharse al gran momento que viven otros espacios gastronómicos del Archipiélago.

Saborea Fuerteventura, ligada a esa marca de España y sus destinos turísticos que ofrecen su gastronomía como gancho a los visitantes, empezaba a coger forma a principios de 2022 y quien escribe supo, en el marco de aquella Feria Fitur, que ya era cuestión de nivelar los detalles para catapultar los primeros pasos de la puesta en marcha que, finalmente, se desplegaba a finales del pasado diciembre en los hornos de cal de El Charco, en Puerto del Rosario (gran acierto esta ubicación, por cierto).

Los cocineros que presentaron sus propuestas en Saborea Fuerteventura.

Me recibieron, en el enclave de ribeteado de carpas y remozada arquitectura industrial, en un fin de semana espléndido en el que quizá se echaba de menos más público. Sin embargo, las zonas dedicadas a la venta de géneros de cercanía (un estupendo surtido de quesos majoreros, aceites de oliva virgen, mermeladas y confituras, mojos, galletas artesanas e incluso golosinas) jalonaban lo que en una planta superior del conjunto comenzaba a palpitar con energía: los estands de cocineros, hombres y mujeres que a lo largo de los tres días de Saborea Fuerteventura pudieron poner en liza sus especialidades y optar a los premios que cada día se entregaban en distintas categorías (especialmente brillante las variantes de guisos de la cabra y el baifo, o el caldo de pescado, como se espera de esta cocina tradicional). En el espacio habilitado para tal fin, también se desarrollaron instructivos showcookings con géneros del mercado instalado en el espacio al aire libre de El Charco.

La perseverancia tiene premio. Importante la veteranía de algunas personas que durante años han sido baluartes fundamentales en la defensa y promoción del producto local, tanto en mercadillos de las distintas localidades, como en congresos (Salón de Gourmets, Madrid Fusión, Gastrocanarias). Es el caso de María Antigua Trujillo que, junto a su equipo, sostiene esa tensión necesaria para que la despensa majorera no decaiga en ningún caso. Me mostró y me hizo probar una serie de pescados ahumados, incluido uno de caballa, excelente, con muy buenas prestaciones sápidas la verdad; sabíamos de las míticas salazones y jareas, pero esta vertiente del ahumado ofrece otras alternativas, también en texturas, muy a tener en cuenta a la hora de potenciar en los fogones profesionales.

El trofeo a la mejor tapa de ropavieja.

Si María, junto al maestro quesero grancanario Isidoro Jiménez, ofrecieron una interesante cata comentada de quesos y vinos, en los estands de los restaurantes, mientras tanto, se notaba ya el movimiento del público ante esa carne de cabra o baifito presentada en distintos formatos, desde el más tradicional a la rica ropavieja vegana de Alexis Morales, o el lingote preciosista de la carne preparado por el chef Pietro Epifani, que oficia en el municipio de Gran Tarajal y que obtuvo el máximo premio en una de las jornadas de la tapa.

Precisamente, los galardonados serán los representantes majoreros en el Congreso Madrid Fusión 23 que se celebrará en la capital de España a final de este mes de enero. Fuerteventura contará con dos espacios de actividad, el propio del destino y otro en Saborea España. Será la primera vez que la isla esté presente junto al resto de destinos españoles que componen esta estructura nacional del producto, la gastronomía y el destino turístico.

Raíces y evolución a través de la materia prima. Fusión de tradición y cocina esmerada —también con los platos divertidos de Damien Zambrana, en el restaurante La Jaira—, tuvimos ocasión de hacer un alto para saborear la oferta gastronómica en la capital majorera. Jessica de León, como consejera insular de Turismo, se mostraba satisfecha de la puesta en escena, en ese instante con una cata divulgativa de café y escala de tuestes (logrados en Fuerteventura) así como la importancia de advertir las diferencias entre las variedades robusta y la arábica, además de conocer cómo mejorar los hábitos de consumo cafetero en una dieta saludable.

La consejera ponía de relieve a los medios «la importancia de toda la cadena de valor, tanto de nuestro sector primario como de los cocineros de la isla que cada día convierten aceites, quesos, verduras frescas, carnes y pescados en una gastronomía rica en tradiciones, el perfecto complemento al sector turístico de Fuerteventura y así dotar de mayor visibilidad nacional e internacional a la isla.

Rato de afable conversación el que pude entablar con Blas Rodríguez, de la asociación de cocineros Fuertegourmet, que considera que esta apuesta confirma la convicción de los sectores implicados por seguir avanzando en los objetivos que se han marcado para extraer lo mejor de la marca Producto de Fuerteventura y de los espacios gastronómicos de los diferentes conceptos coquinarios.

Ponerse a la labor era esencial. Como destacaba la citada Nuria González, había enormes expectativas puestas en este primer Saborea Fuerteventura, que significaba también equilibrar, mediante la marca, lo que otras islas ya han acometido más recientemente (caso de La Palma). En este sentido, los organizadores recordaban el respaldo recibido de una de las veteranas, Saborea Lanzarote.

María Antigua Trujillo.
Había también nerviosismo para que todo saliera bien en esta primera prueba de fuego y todos convenían que lo realmente importante es que se haya producido la convocatoria y que, por fin, se haya pasado a la acción. En tiempos venideros ya se irán corrigiendo posibles errores.

En mi caso, después de un día intenso, pude llevarme una talega con unos cuantos detalles —incluso pan de leña— y el siempre cálido mensaje de las personas, en mayúscula, que trabajan codo con codo para abrir alternativas gastronómicas y el gusanillo de la curiosidad a un turismo sostenible en la isla majorera. Por mi parte, no me quise marchar sin solicitar a mi buena amiga María Trujillo otro tanganazo de licor de leche de cabra. ¡Qué bueno!

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