En portada

Silbo en Canarias, lenguaje de seguridad en deportes extremos

La Asociación Yo Silbo realiza cursos de lenguaje silbado muy útiles para deportistas de riesgo

Víctor, Melanie y Nacho cuentan a PELLAGOFIO su sorprendente vinculación con el lenguaje silbado: lo aprendieron en un curso de la Asociación Yo Silbo para poder utilizarlo mientras practican su deporte favorito. Miembros de la Asociación Slackline Canarias, «lo que hacemos, básicamente, es equilibrismo sobre una cinta plana de 2,5 centímetros a muchos metros de altura», resume el primero. [En PELLAGOFIO nº130 (2ª época, junio 2024)].

Impresionante imagen tomada por Nacho Gómez (nachog102@gmail.com) —que conoce y utiliza el lenguaje silbado— durante una sesión de slackline en el Pico La Catedral (una de las mayores altitudes de Gran Canaria con sus 1.915 m).

Por YURI MILLARES

Cuando Víctor Álvarez dice «a muchos metros» la altura a la que practican slackline, realmente es así. Atraviesan barrancos o caminan sobre el mar entre acantilados por cintas que tienen hasta ¡900 metros de longitud! «La cinta más larga del mundo son 2.700 metros», ríe ante nuestra sorpresa. Todo un desafío a la altura en un deporte extremo. «Slackline es el nombre del deporte en sí y la disciplina en altura se llama Highline».

Víctor Álvarez, Melanie Martel y Nacho Gómez, miembros de la Asociación Slackline Canarias. | FOTO Y. M.
Por supuesto, «llevamos arnés y vamos sujetos con doble seguridad», advierte Melanie Martel. Quienes les enseñaron a practicar este deporte «lo practicaban con el silbo, fueron los primeros en implementarlo y nosotros lo adoptamos», añade Nacho Gómez.

«Para montar las líneas, que pueden tener entre 10 y 900 metros, nos comunicamos silbando desde un anclaje a otro, porque suele haber un barranco por medio, o el mar. Primero haces los anclajes de cada lado, después pasas un cordino fino —una cuerda auxiliar de alpinismo— para poder pasar la línea y hay distintas fases del montaje en las que necesitas confirmar qué está haciendo el otro lado», detalla Víctor. Hasta que al final la cinta está colocada y se tensa con ayuda de poleas.

Para unir los dos extremos de la cinta «a veces hay que escalar o nadar», añade. Y, «depende del sitio, a veces se buscan anclajes naturales, como rocas grandes que poder rodear, y otras veces se hacen anclajes como en las escaladas».

«Gritando no llegas. Los walkie talkies se te pueden quedar sin batería y muchas veces no hay cobertura para los teléfonos móviles»

El Viaducto de Los Tilos es un puente de 353 m de largo y a 150 m sobre el barranco del Agua (en San Andrés y Sauces, La Palma), escenario para la práctica del slackline. | FOTOGRAFÍA DE NACHO GÓMEZ (nachog102@gmail.com).
Practicar el slackline también les ha llevado a la escalada propiamente dicha. Y siempre comunicándose con el silbo. «Hacemos escalada de multilargos (escalada en paredes muy largas). Por ejemplo, en una pared que puede tener 150 metros y la divides en distintas secciones de entre 30 y 50 metros. Silbamos para comunicarnos entre el que va arriba abriendo la vía y el otro que va poniendo el material. Y para saber que se ha llegado al punto de reunión».

¿Por qué el silbo? «En estos deportes nos ayuda a poder comunicarnos bien. Gritando no llegas. Los walkie talkies se te pueden quedar sin batería y muchas veces no hay cobertura para los teléfonos móviles». Entre esos mensajes que se silban, «lo más habitual son expresiones como espérate, tensa, suelta, bueno-bueno (expresión del silbo que se usa para confirmar) y para pedirnos cosas de material», concluye.

Botón volver arriba