Pastor entre lindes de fincas, sabía más que el Catastro
Oficios del mundo rural / Labranza, animales y… referencia catastral en Fuerteventura

De todos es conocida la increíble memoria que desarrollan los pastores en el desempeño de su trabajo. Conocen a cada uno de sus animales, a veces hasta les ponen nombre, y echan en falta a uno entre cientos sin equivocarse. Pero a Antonio María lo buscaban porque conocía los lindes exactos de cada finca o gavia de su pueblo. [En PELLAGOFIO nº152 (2ª época, julio 2026)].

Por YURI MILLARES
Nacido en Tiscamanita un día de marzo de 1923, a Antonio Cabrera Hernández lo conocían en su pueblo por el nombre de su padre, Antonio María. «Su memoria no tiene por qué ser excepcional. De hecho, cuando relata episodios de su vida y tiene que precisar algún nombre o detalle, a veces se le olvida como a cualquier humano. Sin embargo, sus ojos y sus oídos tienen buenos reflejos para identificar aquellos lugares que, siendo todavía un niño, debía recorrer a pie cuidando y guiando unos animales que eran parte del sustento de la familia», escribí de él en 1997 cuando lo conocí y entrevisté.
Era una especie de hombre-catastro a quien recurría el propio Ayuntamiento de Tuineje, unas veces mostrándole fotografías aéreas de barrancos y montañas, otras enviándole personas que habían heredado tierras y no conocían sus lindes o siquiera dónde estaban. «Vienen de Tenerife, de Las Palmas, de donde sea, a buscar un pedazo de tierra y del ayuntamiento lo mandan a mi casa», me decía.
A veces había hasta conflictos entre herederos que no se ponían de acuerdo en los límites de sus respectivas parcelas. También recurrían a él y su opinión ecuánime y sustentada era respetada casi siempre. «Estuve hablando con dos que lindan —contaba de un caso—, uno dice que lo de él llega hasta aquí, el otro compró y no sabe bien a dónde llega lo suyo». Pues los tres fueron al lugar del linde disputado. El primero decía tener más de lo que había marcado y Antonio María expresó su sabia sentencia por lo que sabía y veía allí: «Lo de él está cercado por una pared y de la pared para fuera no se puede echar», opinó con una lógica fuera de discusión. «Pero no está conforme», decía del que quería abarcar más terreno y no terminaba de aceptar su opinión.
«Fui pastor y como tenía ganado sabía lo que era de éste y lo que era del otro. Antes se sembraba, no como ahora» ANTONIO CABRERA
«Yo no voy a favor de uno ni de otro, aquello no es mío, yo digo la verdad», insistía, y explicaba que «había un señor en el Ayuntamiento de Tuineje que se dedicaba a hacer documentos y a medir, don Miguel Betancor. Ese me dijo a mí una vez: “Tú nunca digas mentiras, si te preguntan di la verdad, que si hoy dices una mentira y te cogen, ya mañana no te creen”. Y yo digo la verdad y he sido testigo en juicios y todo».

«Hay tierras que tienen nombres de sitio», diferencia de las que tienen nombres de personas que las poseían, y cita: «Tabaibe* —topónimo aborigen, por cierto—, El Chamuscado, Los Valles, La Rendija, El Cangrejillo, Los Guirres. Tienen los nombres de las majadas». Así, si alguien le preguntaba datos de unas gavias en El Chamuscado, «me dicen de quién era, más o menos, y yo doy con ellas», afirmaba con naturalidad… a la par que desmenuzaba todo un abanico de nuevos topónimos vinculados a ese. «En un tiempo ese sitio fue quemado, dicen, y por eso le pusieron Chamuscado —inicia la exposición de datos— y ahí dentro están la Majada de la Puerta, la Majada del Pozo, la Majada de los Garañones, El Rincón y la Laja Lisa».
Según va dando las explicaciones, la información va aumentando: «Le llaman la Laja Lisa porque en el barranquillo hay una laja que tiene cuatro o cinco metros de cumplido y de alto, lo menos, dos metros. Y es lisita. Allí hay una fila de higueras mías, que eran de mi padre». Y así podía estar hablando y dando detalles sin parar.
El perro ‘Bergante’, el buey ‘Rabalbo’ y la cabra ‘Fita’
Cabras con nombre sólo tuvo tres, Monina, Fita y Solita. «Las otras eran morisca, berrenda, sajonada, pipana, el color de ellas»
Antonio Cabrera empezó a cuidar ganado con 14 años para ayudar a su padre, que se dedicaba a la labranza, tenía cabras, algunas ovejas y hasta vacas y bueyes para trabajar. «Para vista no las quería», ironiza. Salía con un zurrón con gofio por la mañana para venir a mediodía a casa a ordeñar, pero en el camino «ordeñaba alguna cabra dentro del zurrón y me lo comía. Me llegué a comer tres litros de leche en un zurrón, con un poco de gofio para quitarle la espuma». Aquel día fue incapaz de comer al regresar a casa… «¡A ver!».
De todos los perros con que pastoreó, «sólo tuve dos que sirvieran», recuerda. El último fue Bergante que un día, ya viejito, le apareció muerto en la puerta de casa. «¡Bergante, sube y échalas p’abajo!», le decía y viraba a los animales a donde le decía. Cabras con nombre sólo tuvo tres, Monina, Fita y Solita. «Las otras eran morisca, berrenda, sajonada, pipana, el color de ellas».
El ganado mayor también era bautizado, tanto las vacas (Manzana, Forastera, Mejorana) como los bueyes (Rabalbo, «porque era colorado y el rabo blanco», y Cenizo, «porque era de color ceniza»). ¡Y también se pastoreaban! Alimentados en la gañanía «con paja en años buenos, en años ruines se busca en esas montañas cardo y en el tiempo de la yerba iba p’arriba con ellas a la montaña y las cuidaba».
| *VOCABULARIO Tabaibe. «Se puede decir que tabaibe es la forma característica en Fuerteventura con referencia al común tabaiba del resto del archipiélago, al menos por lo que se refiere a la toponimia. Con el nombre de Tabaibe encontramos topónimos en prácticamente todos los municipios de la isla y para los más diversos accidentes (lomos, barrancos, altos, morros, majadas, etc.), y además con sus correspondientes formas del diminutivo Tabaibejo y Tabaibejos, además de la variante sincopada Taibejo» (Los Guanchismos. Diccionario de Toponimia de Canarias) ● |


