El Arca de la Atlántida

Burro majorero, de apariencia frágil, muy rústico y resistente

EN BUSCA DE LAS RAZAS CANARIAS DEL MUNDO RURAL. La raza equino asnal majorera, denominación oficial del autóctono burro majorero, llegó desde África junto con el camello tras la conquista castellana, primero a Fuerteventura y desde ahí se extendió por el resto del archipiélago canario. Casi seis siglos después, su eficaz labor en el transporte y las labores agrícolas ha dejado de tener utilidad, por lo que se encuentra en peligro de extinción. Dos asociaciones trabajan para su conservación en las Islas. [En PELLAGOFIO nº 75 (2ª época, mayo 2019)].

‘Rufina’, burra majorera de 10 años del Centro de Recuperación del Burro, preñada de siete meses cuando se le hizo la foto. | FOTO TATO GONÇALVES/AGUSTÍN CASASSA

■ Conservación y fomento
En Fuerteventura, se está desarrollando un amplio plan de actividades, como la legalización de explotaciones ganaderas, un programa sanitario de vacunación, la inclusión en la base de datos de los Colegios Oficiales de Veterinarios de Canarias (Zoocan) y la recuperación sanitaria y alimenticia de los burros asilvestrados de Jandía, explica el veterinario de la Asociación Soo José Luis G. Gómez-Nieves ●

■ La primera inseminación
En el Centro de Recuperación del Burro, en Tejeda (Gran Canaria), el veterinario Aníbal Vega realizó por primera vez en Canarias una inseminación artificial de una burra (se extrajo el semen a un asno y después se procedió a inseminar a Cumbrerita –en la foto, con el roque Nublo al fondo–, en este caso una burra mestiza), como experiencia para después aplicarla en la recuperación del equino majorero ●

■ Burroterapia y turismo
La Asociación Equina La Culata está desarrollando nuevas utilidades para el burro EN Gran Canaria. Una es la asinoterapia, para niños con discapacidades físicas o psíquicas. Otra es la recuperación y conservación de senderos y caminos vecinales y turísticos mediante el uso de burros majoreros actuando como limpiadores de maleza y cortafuegos, a la par que se alimentan. Y hay más ●

DESPLEGABLE + INFO

ENTREVISTA
Fernando G. Alba, Centro de Recuperación del burro
“Los caballos serán bonitos, pero no lo inteligentes y listos que son los burros”, dice durante la entrevista, dedicada a hablar del trabajo que realiza en favor de la raza asnal canaria en peligro de extinción ‘burro majorero’ y del valor del burro en general como animal noble y trabajador.

SOCIEDAD RURAL
Aró, trilló, movió norias y molinas y su cagarruta dio fuego al hogar
La conservación de la diversidad de razas autóctonas tiene mucho que ver con el valor añadido al medio rural que aporta el patrimonio ganadero. El burro majorero es el único equino de Canarias y forma parte, desde mediados del siglo XV, de la historia y la memoria colectiva de un pueblo que convivió y sobrevivió con él en toda clase de circunstancias y en todas las islas, donde vivió y surcó esperanzas bajo el sol.

Por YURI MILLARES

La raza asnal majorera –el único equino autóctono de Canarias, ya que la jaca canaria desapareció del archipiélago en los años 60 del siglo XX [ver artículo de Juan Capote «La ‘jaquita canaria’, el equino isleño del que sólo quedan fotos»]– fue reconocida por el Real Decreto en noviembre de 1997 y es una de las seis de burros incluidas en el Registro Oficial de Razas de Ganado de España, todas ellas en peligro de extinción (las otras cinco son: andaluza, asno de las Encartaciones, balear, catalana y zamorano-leonés). De su conservación y recuperación se ocupan, en Fuerteventura, la Asociación Soo Grupo para la Conservación y Fomento del Burro Majorero y, en Gran Canaria, la Asociación Feria Equina La Culata, si bien hay animales en casi todas las islas del archipiélago.

Arando con burros majoreros en Llanos de la Concepción (Fuerteventura, 2005). | FOTO YURI MILLARES

“Se cita el año 1450 como el de su introducción, realizada a través de la isla de Fuerteventura, por conquistadores asentados en las islas en sus frecuentes incursiones a las costas africanas (…). La característica raya de mulo en la espalda, la banda crucial y las cebraduras en las patas, así parecen indicarlo”, señala el informe del Departament de Ciència Animal i del Aliments de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), con quien la Asociación Soo Grupo para la Conservación y Fomento del Burro Majorero había firmado un convenio para determinar las características morfológicas que identifican al burro majorero.

Una propuesta de estándar racial del asno majorero que quedó definida, en cuanto a sus características generales, como: “Descendiente del asno norteafricano. Su alzada oscila entre 100 y 120 cm a la cruz, con pesos comprendidos entre 125 y 175 kg. Apariencia proporcionada. Muy armónicos, y aunque puedan parecer frágiles, son animales muy rústicos, longevos y sobrios. Perfectamente adaptados a los suelos semidesérticos y volcánicos. Vivaces, enérgicos y resistentes a las privaciones”.

«Se distribuyeron por el archipiélago, adaptándose a las islas escarpadas de abundante vegetación y a las semidesérticas de orografía más o menos llana»GABRIEL FERNÁNDEZ DE SIERRA, veterinario

El burro majorero es descendiente del asno africano (Equus asinus africanus), señala el veterinario Gabriel Fernández de Sierra (1) al redactar un “Programa de conservación de la raza asnal majorera” en 2013. “Si bien inicialmente los burros fueron introducidos en Fuerteventura –escribe–, los mismos se distribuyeron al resto del archipiélago adaptándose a las distintas condiciones: por un lado, islas escarpadas de abundante vegetación y terrenos agrícolas dispuestos en sistemas de terrazas, en el cual un animal de pequeño porte se convirtió en el principal animal de trabajo en la agricultura, y, por otra parte, islas semidesérticas, de orografía más o menos llana donde un animal pequeño y de gran rusticidad constituía principal medio de transporte, carga y trabajo agrícola”.

El burro majorero ‘Pancho’ tira de un carro con verduras (Fuerteventura, 2005). | FOTO YURI MILLARES

Fue en la isla majorera donde “encontró su mejor hábitat, de tal forma que en un momento llegó a constituir un problema para sus habitantes debido a los destrozos que causaban sobre los cultivos el gran número de ejemplares en estado salvaje”, añade, en referencia a un dato que leemos en la obra del navegante del siglo XVIII George Glas, traducida al español como Descripción de las Islas Canarias 1764. Se trata de un episodio que cita la Historia de la conquista de las siete islas de Canaria de 1630 y firma Abreu y Galindo: “Los asnos traídos a Fuerteventura aumentaron tan pronto que se criaron salvajes en las montañas, e hicieron tanto daño a los nativos, comiéndose su maíz y otros cereales, que en 1591 [en realidad, 1580] se vieron obligados a reunir a todos los habitantes, con perros, en la isla, para dedicarse a destruirlos; en consecuencia, mataron a no menos de mil quinientos. Desde entonces no ha habido en la isla más que los necesarios para ayudar a los habitantes” (2).

«Actualmente nos encontramos con el libro fundacional abierto. Tenemos inscritos en este momento 112 hembras y 29 machos»JOSÉ LUIS G. GÓMEZ-NIEVES, veterinario de la Asociación Soo

Libro Genealógico incompleto
En la actualidad no existe un censo de este animal en el archipiélago canario (no hay animales de esta raza fuera él). En Fuerteventura, la Asociación Soo retomó su actividad hace tres años después de haber estado a punto de desaparecer y procedió a la apertura del Libro Genealógico. “Actualmente nos encontramos con el libro fundacional abierto –explica el veterinario de esta asociación, José Luis G. Gómez-Nieves al ser consultado–. Tenemos inscritos en este momento 112 hembras y 29 machos. Todos ellos han sido valorados morfológicamente e identificados”.

Estos datos provisionales se han volcado, añade, en el programa ARCA del Ministerio de Agricultura como “raza en peligro de extinción y esperamos cerrar esta fase en breve, para abrir el libro de méritos. Si bien esto no nos gustaría hacerlo sin visitar antes a las otras islas, para dar la oportunidad de inscribirse en el libro fundacional a aquellos animales que cumplan con el estándar morfológico de la raza”.

Esa visita a las otras islas es lo que llevan pidiendo hace varios años, precisamente, criadores y propietarios de burro majorero del resto del archipiélago. En especial la otra entidad que se dedica a la conservación del asno autóctono canario, la Asociación Feria Equina La Culata, en Gran Canaria, que tiene su germen en la única feria del archipiélago dedicada específicamente a burros (en la que también participan mulos y caballos) y que este mes de mayo de 2019 celebra su XXIII edición [ver entrevista a Fernando G. Alba, fundador de dicha asociación].

Burro rastrillando el enarenado antes de la siembra en Uga (Lanzarote, 1999). | FOTO YURI MILLARES

«Hay más burros de lo que la gente se piensa»ANÍBAL VEGA, veterinario de la Asociación La Culata

Aníbal Vega, veterinario en esta asociación que inicialmente se dedicaba a la recuperación del burro de modo general y desde hace unos años centra sus esfuerzos en el burro majorero, dice que “hay más burros de lo que la gente se piensa”. En Gran Canaria estima que puede haber entre 250 y 300, de los cuales majoreros entre 100 y 150, que siguen sin poder inscribir en el Libro Genealógico porque “nos dijeron que por falta de recursos no podían venir a otras islas; los dueños de aquí estaban dispuestos a pagarles el viaje para que vinieran a valorar, pero todavía nada”.

En islas como El Hierro estima Aníbal que hay en torno a 45-50 ejemplares “y tampoco los vienen a valorar, que me llaman a mí para preguntarme porque también lo están intentando”, explica Aníbal. “En Tenerife no te sabría decir el número exacto, pero sé por compañeros que hay bastantes, aunque no llega a tantos como a Gran Canaria, ahí tienen más costumbre de mulos. Lanzarote también tiene, pero muchos son mestizos, tendrán un número similar al de El Hierro”.

Su propuesta, que hicieron llegar al director general de Ganadería del Gobierno canario, Cristóbal David de Vera, es crear una federación, como ocurre con la cabra canaria, para que todas las islas puedan desarrollar su labor de conservación. Están a la espera de respuesta, como las preguntas que PELLAGOFIO le ha trasladado, entre ellas: “¿Por qué no se crea una federación –como ocurre con la cabra majorera– para facilitar la tarea de conservación del burro en todo el archipiélago?”
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(1) Gabriel Fernández de Sierra, “Programa de conservación de la raza asnal majorera”, Asociación Soo Grupo para la Conservación y Fomento del Burro Majorero, 2013.
(2) George Glas, Descripción de las Islas Canarias 1764, Instituto de Estudios Canarios, 1982, 3ª reimpresión, pág. 57.

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