El Arca de la Atlántida

Abeja negra canaria, la más estudiada, la menos conocida

EN BUSCA DE LAS RAZAS CANARIAS DEL MUNDO RURAL. La abeja negra canaria “sigue alimentando el interés de científicos dedicados a la genética apícola”, dice el apicultor Elías González San Juan. Presente desde hace miles de años en el archipiélago, la hibridación con razas importadas puede hacer que desaparezca. Los apicultores de Gran Canaria, donde se desarrolla un programa científico de recuperación genética, han solicitado al Gobierno medidas sancionadoras que no dejen en papel mojado la normativa de protección. [En PELLAGOFIO nº 68 (2ª época, octubre 2018)].

Haz clic en la foto para verla a tamaño mayor.| FOTO TATO GONÇALVES/AGUSTÍN CASASSA

■ La calidad la da la flor
Todas las abejas melíferas, sea cual sea su raza o ecotipo, fabrican la miel igual. La diferencia entre ellas sólo afecta a su mejor adaptación al territorio y a la flora que visitan en sus vuelos. En el caso de Canarias, cuando se dice que “es una miel única”, se indica que procede de plantas que sólo hay aquí, endemismos exclusivos de una o varias islas del archipiélago ●

■ Biodiversidad en peligro
La práctica de la apicultura en Canarias de las últimas décadas se ha visto caracterizada por una desmesurada introducción de razas foráneas derivando en una erradicación gradual de la raza local, dicen las Órdenes del Gobierno canario que prohíben la “explotación y tenencia” de otra abeja que no sea la canaria, en La Palma, Gran Canaria e islas orientales ●

■ Corren, vuelan, pican…
Para escoger las colmenas más puras en el programa de mejora genética en Gran Canaria, los técnicos recogieron muestras para analizar el ADN, pero también hicieron un test de mansedumbre para valorar del 1 al 4 si corren mucho al abrir la colmena, si vuelan mucho, si pican mucho y si persiguen. Lo habitual, si no se las molesta, es que sólo corran cubriendo la cría ●

DESPLEGABLE + INFO

HISTORIA ORAL
«A por el enjambre con un balde de agua y una sabana»
Más de 20 años después de la primera entrevista a un colmenero, el autor recopila testimonios de algunos de ellos para dar a conocer la habilidad de los apicultores canarios en simbiosis con la abeja negra local.

Por YURI MILLARES

La abeja es la misma especie desde Rusia al sur de África, la Apis mellifera. Los genetistas las dividen en seis ramas: A (africana), M (oeste y norte de Europa), C (este y sur de los Alpes), O y Z (Oriente Próximo) y la Y (Etiopía). Entre todas van sumando ya 30 razas diferentes reconocidas, cada una con sus propias características genéticas, físicas y de comportamiento.

Abeja negra canaria extiende su lengua para libar el néctar de una flor. | FOTO ELÍAS GONZÁLEZ SAN JUAN

La abeja negra canaria está dentro del grupo A, “lo que está definido es que es un ecotipo relacionado con las razas que habitan los territorios más cercanos a las islas, de donde, por lógica, debería proceder y donde se encuentran las mayores afinidades genéticas y fenotípicas: la A. m. iberiensis (centro-sur de la Península Ibérica) y A. m. intermissa (Marruecos, Argelia y Túnez)”, explica Elías González San Juan, el apicultor que mejor las conoce no sólo por su experiencia con ellas, sino por su vida dedicada a defenderla, investigarla y estudiarla con el fin garantizar su supervivencia y la biodiversidad que representa.

Lo cierto es que la abeja negra canaria “sigue alimentando el interés de científicos dedicados a la genética apícola”, dice. Tanto, que “se puede afirmar con rotundidad que las abejas de Canarias son las más estudiadas de Europa y en ciertos aspectos, de todo el mundo”.

Abeja reina canaria. Se marcan con un color que facilita verla e indica el año que nació. | FOTO TATO GONÇALVES

Perteneciente, pues, a un grupo de abejas que habitan una amplia región del noroeste de África, sur de la Península Ibérica y Canarias, “todas estas abejas están incluidas en el sublinaje Atlántico AIII, que tiene ancestros africanos y, como otras tantas especies animales y vegetales, proceden de una misma zona geográfica y comparten una raíz común, que se ha diversificado a lo largo de milenios formando endemismos, algo muy frecuente en Canarias”, explica Elías, que lleva en contacto desde 1996 con la bióloga Pilar De la Rúa, autora de diversos estudios genéticos sobre abejas de distintas islas del archipiélago.

“A ella le debemos el descubrimiento de dos marcadores genéticos (los haplotipos A14 y A15) que nunca antes se habían encontrado en abejas, lo que puso a la abeja negra canaria en el mapa y despertó el interés de los genetistas. Con la ampliación de los muestreos en la Península y norte de África se demostró que no eran exclusivos de Canarias, pero sí sabemos que para que un haplotipo aparezca y quede incorporado a una población hacen falta miles de años”, añade González San Juan.

El origen de esta abeja “es la pregunta del millón; pertenece a un subgrupo del linaje evolutivo africano”, dice la genetista De la Rúa

Núcleos ‘baby’ para la fecundación de reinas en La Palma. Detrás, Elías González San Juan. | FOTO TATO GONÇALVES

Consultada directamente desde PELLAGOFIO, la doctora De la Rúa explica que establecer la procedencia de la actual abeja negra canaria “es la pregunta del millón y ahora mismo aún no se puede responder con el 100% de seguridad. Según nuestros estudios y los de otros colegas, las abejas de Canarias pertenecen a un subgrupo del linaje evolutivo africano. Este subgrupo incluye a las poblaciones de abejas que se distribuyen por la Macaronesia, concretamente por el Atlántico, incluyendo Madeira, la costa atlántica de la península Ibérica y actualmente también Azores, aunque aquí la abeja fue introducida”.

La abeja negra canaria no sólo está adaptada al clima y la flora del archipiélago, ha desarrollado también un comportamiento adaptado al reducido territorio de estas islas, tras miles de años de convivencia con el ser humano. “Es una abeja muy tranquila, es manejable, obedece perfectamente al humo, enjambra poco”, resume Elías.

De la hibridación a la extinción
El problema llegó en los años 80 del siglo XX, cuando una empresa empieza a introducir y criar abejas de otras razas en Tenerife, especialmente italiana, extendiéndose a otras islas. El argumento era su mayor productividad, sin tener en cuenta otros factores importantes como la adaptación al clima o a la flora, y sin preocuparse lo más mínimo por la repercusión sobre la abeja local, expuesta a enfermedades que no conocía y a la extinción por hibridación, con la pérdida irreparable de biodiversidad que representa (y de presencia de una abeja mansa, con lo que ello supone para la convivencia con otras especies, especialmente para el ser humano).

Al contrario de lo que ocurre con la vacas, que no vuelan y sólo pueden cruzarse a voluntad del ganadero, es facilísimo que las abejas hibriden

Abeja negra canaria en una flor de cardo ‘Galactites tormentosa’. | FOTO ELÍAS GONZÁLEZ SAN JUAN

Al contrario de lo que ocurre al importar, por ejemplo, vacas de razas foráneas, que no vuelan y sólo pueden cruzarse a voluntad del ganadero, es facilísimo que las abejas hibriden. Es tan sencillo como traer una abeja reina de otra raza, ponerla en una colmena local y que empiece a producir zánganos. Como la abeja reina se fecunda en vuelo, cualquier otra colmena está expuesta a la fecundación de los zánganos de esa colmena y las siguientes puestas, hasta 3.500 huevos al día, ya serían híbridos. Normalmente, la primera generación (el híbrido puro), es bastante bueno, manejable y productivo, pero las siguientes generaciones se vuelven cada vez más agresivas. El que trajo la reina foránea tiene que seguir trayendo para mantener la pureza de la raza y evitar la extrema violencia de los sucesivos híbridos, pero además ha extendido el problema al resto del territorio, generando el efecto de una mancha de aceite de resultado devastador.

La mancha de aceite de la hibridación se extendió por el archipiélago, salvo en La Palma, donde el apicultor local siempre ha sido reacio a adquirir razas foráneas y la abeja negra canaria mantenía y mantiene un grado de pureza muy alto. En el resto, van quedando núcleos en lugares apartados. Ante esta situación, Elías González San Juan, presidente de la Agrupación de Defensa Sanitaria (ADS) Apicultores de La Palma, solicitó en 1991 por escrito a la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación del Gobierno de Canarias que declarara a la isla reserva de la abeja negra canaria. Tal declaración se demoró 10 años en producirse.

La Orden de 6 de abril de 2001 del Gobierno canario estableció “la prohibición de la explotación y tenencia de otras abejas que no pertenezcan a la abeja negra canaria” en La Palma, Fuerteventura y Lanzarote

Por fin, la Orden de 6 de abril de 2001 estableció “medidas especiales de protección para la conservación, recuperación y selección de la Abeja Negra Canaria”, formalizando la declaración de la isla de La Palma como reserva de esta abeja, al tiempo que extendía “la prohibición de la explotación y tenencia de otras abejas que no pertenezcan a la citada raza local” a las islas de Lanzarote y Fuerteventura, que carecen de actividad apícola o es anecdótica, para que en ellas se puedan desarrollar programas “de recuperación genética y selección de la citada raza”.

Conservar o perder para siempre
“Si exceptuamos en La Palma, lo mío ha sido predicar en el desierto. He visto, poco a poco, ver desaparecer a estas abejas de las islas, pero como todo es cíclico, ahora hay más apoyos y concienciación que nunca”, dice González San Juan, al ver que su siembra empieza a dar cosecha. “No me rindo con facilidad, pero es mucho lo que queda por hacer, aunque reconozco que tanto dar la vara ha hecho que las abejas de Canarias se conozcan en todo el mundo, porque los genetistas han visto su potencial y, aunque no se pongan de acuerdo (de momento) para saber en qué casilla ponerlas, estoy seguro de que ese día llegará. Conservar o perder para siempre: no hay más opciones”, sentencia.

La Orden de 23 de abril de 2014, extiende a la isla de Gran Canaria “las medidas especiales de protección para la conservación, recuperación y selección de la Abeja Negra Canaria”

Así lo han visto la mayoría de las asociaciones de apicultores de Gran Canaria (1), que también se dirigieron por escrito al Gobierno de Canarias solicitando que se reconociera a Gran Canaria como isla reserva de la abeja negra. La Orden de 23 de abril de 2014, “por la que se extienden a la isla de Gran Canaria las medidas especiales de protección para la conservación, recuperación y selección de la Abeja Negra Canaria”, así lo estableció, prohibiendo igualmente “la explotación y tenencia (…) de otras abejas que no pertenezcan a la citada raza local”.

Antonio López entre sus colmenas de abeja negra canaria en Montes de Malpedrosillo (Gran Canaria). | FOTO YURI MILLARES

“Estas medidas –se puede leer en dicha Orden– atienden a razones de protección de la biodiversidad y nos permite, mediante el proceso de selección, actuar frente a epizootias. Además, las citadas actuaciones conllevan una mejora de la calidad y rentabilidad de la producción y un considerable beneficio medioambiental, acciones ambas impulsadas por la normativa comunitaria”.

Los apicultores de Gran Canaria han solicitado que “se proceda, de forma inmediata, a la implementación de un marco normativo legal en materia sancionadora» para la protección de la abeja negra canaria

Papel mojado v. medidas concretas
La mera declaración de estas islas como reservas para la abeja negra canaria se podría quedar en papel mojado si no se adoptan medidas adicionales. Una de esas medidas la fijaban las propias ordenes de 2001 y 2014, al plantear la necesidad de elaborar y aplicar “un programa de recuperación y selección de la misma”.

Pero hay otra fundamental que se echa en falta y los apicultores ya han solicitado a la Dirección General de Ganadería, para que “se proceda, de forma inmediata, al inicio de acciones conducentes a la articulación e implementación de un marco normativo legal específico, susceptible de potenciar en materia sancionadora la figura de protección de la abeja negra canaria en las islas de Gran Canaria y La Palma”, según el escrito remitido en noviembre de 2017 por Antonio López, en nombre de las asociaciones de apicultores de Gran Canaria.

“Además –añade el escrito– se solicita la no expedición de guías de transporte y el aumento de la observancia de vigilancia en puertos, aeropuertos, correos, proponiendo la habilitación y elevación de funciones a la Policía Canaria como organismo a especializar en esta materia, al tiempo que se informe al Seprona, Servicio de Aduanas, etc.”

El Cabildo de Gran Canaria, en colaboración con la Universidad de Las Palmas y el Gobierno regional, ha puesto en marcha el Programa de Mejora Genética de la Abeja Negra en esta isla

Por lo que se refiere a la recuperación genética que haga viable el establecimiento de estas áreas protegidas de ámbito insular, el Cabildo de Gran Canaria, en colaboración con la Universidad de Las Palmas (ULPGC) y el Gobierno regional, ha puesto en marcha el Programa de Mejora Genética de la Abeja Negra en Gran Canaria (2). “Constituido el equipo de trabajo, empezamos a hacer un muestreo de ADN mitocondrial en el verano de 2016, visitando las colmenas de apicultores que querían que las miráramos –relata el veterinario Elizardo Monzón– y salieron unos resultados: había colonias que presentaban muy poco carácter de hibridación”.

Abeja negra canaria con polen en castañero (‘Castanea sativa’). | FOTO ELÍAS GONZÁLEZ SAN JUAN

De este modo, se pudo crear un núcleo de selección genética con las mejores colonias y poner en marcha un servicio de fecundación: el apicultor de este núcleo entrega reinas de sus mejores colmenas, que los técnicos llevan a una zona de fecundación aislada del resto de colmenas de la isla, donde el Cabildo cría zánganos de genética controlada, para que las fecunden y vuelvan al apicultor.

“El sitio más aislado que vimos en la isla fue la Reserva Integral de Inagua. Ahí tenemos cinco colmenas que son donadoras de zánganos y en otra parcela anexa veinte colmenas pequeñas, mini núcleos de fecundación (o núcleos tipo baby), en cada una de las cuales hay un pequeño número de abejas obreras cuidando a una reina”, dice Elizardo Monzón.

El grupo de apicultores que conforman el núcleo de selección tienen la encomienda de evaluar los rendimientos de las abejas que nacen de las reinas que les entregan fecundadas. “Igual que ocurre en otras razas y como lo hemos enfocado aquí, tiene que ser como una pirámide, pero difundiendo la genética desde la punta hacia abajo. Si lo haces al revés es muy complicado, por no decir imposible”, detalla. Por eso han empezado con unos pocos apicultores no sólo por tener las mejores abejas genéticamente analizadas, sino por estar dispuestos a evaluar los rendimientos: cuánta miel da, cómo cría esa reina, la tolerancia a enfermedades, la agresividad.

En una primera fase, las reinas fecundadas sólo se entregan a los donantes, pero escogidas al azar para evitar que haya un sesgo en la evaluación de su productividad o mansedumbre si esa reina es “de las suyas”. En una segunda fase, está previsto que una parte de esas reinas fecundadas se entreguen a otros apicultores que están en los alrededores de Inagua, para ir haciendo el efecto de una mancha de aceite que se extiende progresivamente, pero en sentido inverso al que tenía lugar hasta ahora.

«Si tienes una población lo suficientemente grande en pureza, el daño que te pueden hacer con zángano italiano es menor. Es una cuestión de números”ELIZARDO MONZÓN, veterinario

“Lo complicado de esto es que si apicultores que no están concienciados de la importancia de la mejora genética ponen una colmena con zángano de abeja italiana te fastidia un montón –sigue explicando este veterinario–. Pero se trata de hacer presión poblacional. Si tú no haces nada, una colmena de zánganos italianos te puede hacer mucho daño, pero si tienes una población lo suficientemente grande en pureza, el daño que te puede hacer es menor. Es una cuestión de números”.

Compleja y apasionante genética
“Es un tema apasionante pero complejo”, confiesa el palmero Elías González, director técnico del programa de mejora genética que se lleva a cabo en Gran Canaria, que lo explica “con un caso práctico”.

Imaginemos una zona donde siempre se ha criado la abeja negra canaria: “Un apicultor importa reinas de raza italiana. En primavera produce zánganos que fecundan a las reinas de la zona donde antes solo había canarias. El híbrido es fácilmente reconocible porque tiene unas bandas amarillo-dorado que jamás tendrían nuestras abejas. Si la importación se realizó solo una vez, los híbridos, en sucesivas generaciones, serán absorbidos por la superioridad numérica (y por tanto genética) de la abeja canaria”.

Al cabo de “cuatro o cinco años esas colmenas hibridadas volverán a ser canarias, pero solo en apariencia, porque en su carga genética siempre aparecerá un marcador de ADN mitocondrial del tipo C, que corresponde a las abejas de raza italiana y que no está presente en las de Canarias. Eso le indicará al investigador que en algún momento esa colmena y sus descendientes se han mezclado con otra raza, sabiendo incluso de qué zona del mundo provenía al estar bien definidos los orígenes de esos marcadores genéticos”.
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(1) La Asociación de Apicultores de Gran Canaria, la Asociación de Apicultores de Artenara, la Asociación de Apicultores de Valsequillo, la ADS Apican y la Asociación de Apicultores de Ansite, a las que se ha sumado también la Asociación de Criadores de Abeja Negra Canaria (Crianca).

(2) El equipo de trabajo lo forman el catedrático de la ULPGC Anselmo Gracia Molina (director científico), Elías González San Juan (director técnico), Elizardo Monzón Gil (veterinario de la Granja Agrícola del Cabildo) y Pablo Pérez Acosta (veterinario de la ULPGC).

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