El Arca de la Atlántida

Palomos buchones de la tierra, arrullos melosos en Tenerife

EN BUSCA DE LAS RAZAS CANARIAS DEL MUNDO RURAL. Presentes en la isla desde hace mucho, los palomos buchones que en Tenerife llaman “de la tierra” han ido configurando su actual estampa durante el siglo XX a partir de diversos cruces, pese a que muchas veces han sido perseguidos o, cuando menos, “mal vistos”, ya sea por autoridades, o por criadores de palomas mensajeras, precisamente por su mayor habilidad: conquistar palomas y llevárselas a su caseta o palomar. [En PELLAGOFIO nº 84 (2ª época, marzo 2020)].

Palomo color bronce oscuro del criador Roberto González y paloma color ahumado del criador Antonio Avilés (Toño el Negro). | FOTO TATO GONÇALVES/AGUSTÍN CASASSA

■ Ave de altos vuelos
“El buchón de la tierra es alegre, con temple, con chispa, con carácter”, describe José Alberto de León. Tiene “unas dotes innatas y extraordinarias de conquistador, perseverante en su trabajo, son animales de alto vuelo por naturaleza”, añade presidente del Club del Palomo Deportivo Alparu. En la foto, Raquit, palomo ahumado del criador Toño el Negro ●

■ La raza que había
Juan Antonio Perera (Toño) tenía estos palomos desde niño. “En Arafo sólo había esta raza de palomos y todos los teníamos. Cuando fui a hacer la mili los tuve que quitar y al volver nadie los tenía”. Conoció a alguien que lo conservaba y sacó parejas de nuevo. El de la foto es Patriarca, “de los más viejos que tengo, con 13 años, y uno de mis mejores reproductores” ●

■ De cualquier color
El estándar de la raza admite cualquier color de plumaje. Los más tradicionales son los morachos, ahumados, pizarros, azules, toscados, rojos y negros. “Los plumajes blancos en todas sus variedades eran menos frecuentes, para no asustar a las conquistas con tantos colorines”, aunque esta paloma del color llamado “bariolés” también es muy antiguo ●

DESPLEGABLE + INFO

HISTORIA ORAL
Buchón de la tierra, de ladrón perseguido a deportista premiado
El próximo Campeonato Nacional de Palomos de Raza, a celebrar en Baena (Córdoba), última etapa en el reconocimiento del buchón de la tierra de Tenerife como una de las razas de España. Su origen está en los ejemplares que llegaban por el puerto y se vendían en el mercado de Nuestra Señora de África.

Por YURI MILLARES

El buchón de la tierra de Tenerife “es un palomo autóctono constituido a lo largo de muchos años en una raza híbrida”, precisa José Alberto de León. “Las razas que contribuyeron en su evolución fueron, aparte de las palomas autóctonas de Tenerife, el antiguo buchón de raza valenciana, añadiendo alguna aproximación lejana el buchón rifeño (la raza más antigua que se conoce en España) y los primeros buchones o palomos deportivos antiguos descendientes del valenciano, palomo grande, lento pero trabajador, para cerrar una hembra con elegancia, con galanteos, marcadas, viajes, etc.”, añade el fundador y presidente del Club del Palomo Deportivo Alparu, en Tegueste (Tenerife), en el dosier donde lo describe y que presenta este mes de marzo en la XXX edición del campeonato de España de palomos de raza, a celebrar en la localidad cordobesa de Baena, para su reconocimiento como raza por la Real Federación Española de Colombicultura.

El buchón de la tierra «no lleva ningún cruce actual de paloma mensajera o salvaje», aunque hay otros buchones en la isla conocidos como «palomos tres partes, que son cruces de buchón de la tierra con palomas mensajeras»

Estos cruces “perpetuaron en nuestro buchón de la Tierra determinadas características fenotípicas y genotípicas que aun hoy perduran en los ejemplares que conservamos”, dice, precisando que el buchón de la tierra “no lleva ningún cruce actual de paloma mensajera o salvaje”, aunque hay otros buchones en la isla conocidos como “palomos tres partes”, “palomos de ataque” o “atravesados”, que son cruces de buchón de la tierra con palomas mensajeras”.

‘Patriarca’, palomo buchón de la tierra de Tenerife de uno de los socios del club Alparu. | FOTO TATO GONÇALVES

El buchón de la tierra es todo un galán, su instinto natural “los hace salir a buscar palomas asilvestradas, o perdidas, o de otros palomares, sin temor a alejarse del suyo, puesto que son animales que no se entregan fácilmente a otros palomares. (…) Muestra un celo y galanteo para con la hembra digno de presenciarlo, meloso sin acosarla nunca, incluso corteja a varias hembras a la vez”, continúa describiendo.

«Conquista a la hembra haciendo gala de sus encantos con múltiples arrullos, efectuando rodeos cortos alrededor de ella y desplegando todo su potencial, para que al final consiga enamorar a la hembra extraviada»DOSIER ‘El buchón de la tierra de Tenerife’

El relato de esta habilidad la completa explicando que “conquista a la hembra haciendo gala de sus encantos con múltiples arrullos, efectuando rodeos cortos alrededor de ella y desplegando todo su potencial, para que al final consiga enamorar a la hembra extraviada y le siga a su palomar. Su virtud, ya en el palomar, es «anidar» o «encerrar» sin molestar a la hembra, hasta hacerla entrar y entregarse a él dentro de su caseta”.

Palomos “ladrones”
Esta cualidad, que hoy se trabaja desde los clubes de aficionados para presentarlos en exposiciones o hacerlos participar en competiciones deportivas, fue en el pasado utilizada como recurso para llevar a la mesa del isleño un valioso ingrediente de su dieta (el famoso caldo de paloma o de pichón, que la sabiduría popular y los propios médicos solían recomendar como refuerzo a personas en estado de debilidad por alguna dolencia, o a mujeres que acababan de dar a luz en tiempos en los que se paría en las casas y no en la maternidad de un hospital).

«Antes de ser utilizados como animales deportivos fueron utilizados como animales de captura, para comer las hembras que traían»JUAN CAPOTE

Pero, más aún, era una afición muy extendida entre la chiquillería que, desde temprana edad, tenía sus “palomos ladrones”, como eran también conocidos. Soltar al buchón y que volviera con una paloma robada “era un premio para el propietario del palomo. Y lo vuelves a soltar y sale como una escopeta a buscar otra. Es una forma de divertirte”, citábamos a José Alberto de León en otro artículo donde explicaba sus inicios también desde pequeño.

Aficionados a los palomos buchones en una azotea en Santa Cruz de Tenerife en los años 60. De izquierda a derecha: Tinguaro Morales, Juan Luján y José Manuel Reyes. | FOTO COLECCIÓN ALPARU (CEDIDA POR LUIS LUJÁN)

“Antes de ser utilizados como animales deportivos fueron utilizados como animales de captura, para comer las hembras que traían, eran una fuente de alimentación de gente pobre o humilde”, me decía el veterinario e investigador Juan Capote al hablar de la utilidad en el pasado de los buchones.

Antiguos ejemplares del buchón de la tierra tinerfeño en los años 60. | FOTO COLECCIÓN ALPARU (CEDIDA POR LUIS LUJÁN)

Pero esa actividad tan extendida y practicada desde las azoteas de las casas por niños y adultos no gustaba nada a las sociedades colombófilas dedicadas a las palomas mensajeras que empezaron a surgir en Canarias a lo largo del siglo XX (la primera, en 1900, fue la Sociedad Colombófila de Gran Canaria; la segunda en 1902, la Real Sociedad Colombófila de Tenerife; a la que siguieron otras, después de que las primeras palomas mensajeras fueran introducidas en 1884 por Alonso Nava Grimón, Marqués de Villanueva del Prado, en La Laguna, y Francisco Manrique de Lara, en Las Palmas de Gran Canaria, que las trajeron de Lieja, en Bélgica).

Persecución al buchón
De hecho, el fundador de la de Gran Canaria, Santiago Cullen y Verdugo, citaba en 1900 en el libro Nociones de colombofilia y estudio de telegrafía alada aplicada a las islas Canarias, que, entre los enemigos de las palomas mensajeras, además de cazadores y rapaces, había “una raza odiosa de palomas mensajeras llamadas buchonas”(1).

En 1928 se dicta Real Orden prohibiendo la caza y aprehensión de palomas mensajeras “incluso” por medio del palomo buchón

El aprecio por unos y rechazo por otros, era visible en la prensa de la época. En el dosier preparado por De León podemos encontrar sendos ejemplos buscados en hemerotecas. “Dos buchones, uno blanco con una mancha negra en el pico y otro gris jaspeado, fueron hurtados del 17 al 18 de diciembre, de la casa número 47 de la calle Norte. A quien los tenga y quiera decirlo, se le dará lo que les haya costado y se le agradecerá muchísimo”, decía un aviso publicado en el tinerfeño La Prensa el 9 de enero de 1922.

Por el contrario, una información titulada “Protección a la paloma mensajera” por el diario El Progreso en Santa Cruz de Tenerife el 27 de septiembre de 1928, decía: “Por el Ministerio de Fomento se ha dictado Real Orden que inserta la Gaceta, prohibiendo la caza, aprehensión o ilícito apropiamiento de la paloma mensajera, cualquiera que sea el procedimiento que para ello se emplee, incluso –el subrayado es añadido– por medio de la paloma denominada buchona o ladrona”.

La persecución a la que fue sometido el buchón cambia de matiz en 1960 cuando se crea en Tenerife la Sociedad de Colombicultura de Palomos Deportivos Teide, la primera de esta práctica en el archipiélago. Para evitar que los buchones “ladrones” afecten también a esta modalidad de colombofilia, se llevó a cabo “la captación de afiliados por toda la zona de la capital, Santa Cruz de Tenerife, y núcleos de poblaciones colindantes como La Cuesta, Taco, Finca España, etc., inspeccionando palomares con el objetivo de cambiarles todos los buchones que tuviesen en ese momento, canjeándoselos por parejas de palomos deportivos que les facilitaban, y así poderse dar de alta como asociados”, detalla José Alberto de León.

Los ejemplares recolectados fueron a parar, en su mayoría al asilo de ancianos de las distintas poblaciones y a hospitalitos para su consumo como alimento

Recorte de prensa del diario ‘La Tarde’ de 1975, donde se informa de la entrega de buchones al asilo de ancianos. | ARCHIVO ALPARU

Los ejemplares recolectados fueron a parar, en su mayoría “al asilo de ancianos de las distintas poblaciones y a hospitalitos” para su consumo como alimento, otros, “grandes ejemplares del buchón de la tierra, fueron sacrificados en pro de los palomos deportivos”, continúa.

Esta práctica de eliminar los buchones de la tierra cambiándolos por palomos deportivos o palomas mensajeras se siguió llevando a cabo hasta avanzados los años 80. La tenencia de palomos sin federar estaba prohibida, pero se ofrecía canjearlos para incentivar la entrega a quienes poseían ejemplares. Fue así como muchos se dieron de alta como socios en la sociedad Teide, “por tener un carné que les amparase de su situación ilegal, y para poder tener buchones en sus azoteas, ante la constante presión de la colombofilia por aquellos tiempos”, dice.

La protección de la colombicultura (especialmente de la paloma mensajera) era impulsada a nivel nacional desde el propio gobierno. Una Orden Ministerial firmada el 10 de diciembre de 1963 por el entonces ministro de la Presidencia Luis Carrero Blanco originó “una persecución y cierre de palomares en todo el territorio español para todos los que no estuviesen integrados o afiliados a la Colombicultura”, insiste De León mostrando el documento con la “Orden sobre regulación y protección del uso y vuelo de palomas deportivas”.

En el artículo cuarto advertía de que la “tenencia no declarada a las Federaciones de Colombicultura (…) o la utilización de palomas aptas para los fines deportivos por personas no afiliadas (…) se castigará por los Gobernadores Civiles con la imposición de sanciones”.

Consecuencia de la persecución en Tenerife, el buchón de la tierra comenzó a extinguirse, cayó en «una franca decadencia» en palabras de José Alberto de León

La consecuencia de esta persecución, en el caso de Tenerife, fue que el palomo buchón de la tierra comenzó a extinguirse, obviamente, pues, en palabras del presidente del club Alparu, cayó en “una franca decadencia”, tanto por la introducción del palomo deportivo en Canarias como por el auge y protección de la paloma mensajera, “pues a ambas aficiones el buchón de la tierra les creaba verdaderos problemas para la práctica de sus deportes, quedando relegada esta raza a la clandestinidad y a su desaparición rápidamente”.

Todavía en 1985 se publica en Tenerife, en el Boletín Oficial de la Provincia una circular firmada por el entonces gobernador civil Eligio Hernández Gutiérrez “para prohibir la tenencia no declarada de buchones en general –muestra De León también el documento–, invitando a quienes tuvieran “a darse de alta en la colombicultura en ocho días si querían seguir teniendo palomos, pero para cambiarlos por los palomos deportivos”.

Los palomos deportivos salen de sus cajas cuando lo indica el árbitro para dar dos vueltas antes de la suelta de la hembra. | FOTO TATO GONÇALVES

Donde hubo, queda
Pero hubo quien los siguió criando porque le gustaban, sin asociarse. Esas personas que han tenido palomos en sus casas no los criaron según un patrón determinado, sino en función de sus gustos y han evolucionado durante años sin seguir un estándar racial.

“Pero donde hubo siempre queda”, sonríe De León y desde el club Alparu se ha dedicado a recuperar la raza (siguiendo la estela de otros tres destacados criadores que trabajaron para conservar la raza, Juan José González Pinto, Juan Antonio Perera García y Francisco David Pérez Hernández), incluyéndola en las actividades de los palomos deportivos en competiciones especialmente pensadas para ellos, entre los que destaca el rescate de palomas mensajeras extraviadas para devolvérselas a las sociedades colombófilas a las que pertenecen.

«Antes las teníamos para coger palomas, pero ahora tenemos un campeonato, las cogemos y las devolvemos a las sociedades colombófilas»TOÑO EL NEGRO

“Antes las teníamos para coger palomas, pero ahora tenemos un campeonato, las cogemos y las devolvemos a las sociedades colombófilas”, confirma el criador Antonio Avilés (Toño el Negro) que ha llevado a Raquit y a Susi, una pareja de color ahumado, a la sesión de fotos para este trabajo de búsqueda de las razas canarias del mundo rural.
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(1) Santiago Cullen y Verdugo, Nociones de colombofilia y estudio de telegrafía alada aplicada a las islas Canarias, 1900. Edición facsímil, Cabildo de Gran Canaria, 1992, pág. 95.

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