El Arca de la Atlántida

Paloma de patio, la patiplumas de las casas isleñas

EN BUSCA DE LAS RAZAS CANARIAS DEL MUNDO RURAL. La canaria “paloma de patio” o “de la tierra” se caracteriza por tener las patas emplumadas, ser de gran tamaño y apenas poder volar más allá de un par de metros, de ahí que antaño fuera muy popular: fácil de coger y de criar, con ella se hacía el famoso caldo de paloma o de pichón que tanto ayudó en la economía de autosubsistencia de los campos. [En PELLAGOFIO nº 77 (2ª época, julio/agosto 2019)].

Paloma de patio (color: escudo en negro) con dos pichones de 14 días en el palomar del criador Ismael Monzón. “El abuelo lo traje de un palomar de Gáldar y la madre de La Isleta (en Las Palmas). Esta línea es la mejor que tengo en cuanto a calzas en las patas y tamaño”, explica. | FOTO TATO GONÇALVES/AGUSTÍN CASASSA

■ El padre del pichón
Ismael Monzón cría hasta 19 razas distintas de palomas del mundo, entre ellas la paloma de patio canaria, casi en extinción y que él está recuperando de palomares de Tenerife, Lanzarote, Fuerteventura y diversos lugares de Gran Canaria, isla en la que vive. En la foto muestra el macho que es padre del pichón pinto azul barrado de un mes de edad que ilustra la cabecera ●

■ Dedos emplumados
Es la única raza de palomas de España de semejante tamaño y peso (hasta 1 kg). Otras características son: tarsos y dedos emplumados y, en la cabeza, algunas tienen concha o moño. El criador Ismael Monzón busca que mantengan los aretes rojos de los ojos y el pico colorado, “es muy importante”, dice. Vivía en los patios de las casas y hacía el nido en el suelo, de ahí su nombre ●

■ La sopita del domingo
Así llamaban a la sopa del caldo de pichón con pan, explica Pepe Guedes. “Debe ser pan de puño de un par de días, para que no se deshaga con el caldo. Se le ponen unos garbancitos encima, un poquito de hierbahuerto y a comer antes de que se enfríe. Otra cosa es el caldo de pichón, con los fideítos y el trozo de pichón encima”, cuya receta puede consultar AQUÍ

Por YURI MILLARES

Apenas unos pocos aficionados del archipiélago se dedican en la actualidad a criar la paloma de patio (la denominación más frecuente, aunque también se le decía paloma de la tierra, paloma de suelo, paloma patúa o paloma patiplumas), una raza local que era habitual en los hogares de los campos de todas las islas en Canarias. En situación de casi extinción, la Asociación para la Recuperación de la Gallina Campera Canaria también dedica esfuerzos a su cría y tiene censadas tan solo un centenar de ellas.

La economía de subsistencia tenía en animales domésticos como la cabra, el cerdo, la gallina y la paloma el aporte de una serie de recursos alimenticios básicos

“Se criaba en los palomares, en los gallineros o en los traspatios de las casas. Siempre ha existido la paloma de patio”, recuerda Antonio Morales Pérez, fundador de esta asociación.

Un “siempre” que quiere referirse al origen y permanencia de esta ave, a lo largo de los siglos, como un miembro más de la comunidad familiar que, en el marco de una economía de subsistencia, tenía en animales domésticos como la cabra, el cerdo, la gallina y la paloma el aporte de una serie de recursos alimenticios básicos (y también de trueque con sus aprovechamientos: leche, queso, huevos, etc.).

En el caso de la paloma de patio, que tiene como primera característica su gran tamaño (pesa entre 900 gramos y un kilo), sacaba adelante tanto sus propios huevos como los de las gallinas y, en especial, surtía de un ingrediente fundamental la dieta del isleño para necesidades alimenticias especiales: “Sus caldos –de pichón o de paloma– eran reconstituyentes para madres recién paridas, niños enfermizos y raquíticos, personas con problemas digestivos o respiratorios y otras personas enfermas en cama”, destaca Morales, que cría en Tenerife tanto gallinas camperas canarias como palomas de patio.

“Los criadores de palomas mensajeras suelen criar uno o dos ejemplares porque, al no alejarse del palomar, favorecen la entrada de las palomas de los concursos de vuelo”ANTONIO MORALES PÉREZ

Los últimos ejemplares que esta asociación ha conseguido recuperar en algunas islas se han conservado, además de por razones afectivas y de tradición, porque se han empleado “como reclamo de la llegada al palomar de las palomas mensajeras o buchones”.

Y, añade, “son muy buscadas por los criadores de palomas mensajeras, que suelen criar uno o dos ejemplares, preferiblemente de color blanco, pues, al no alejarse del palomar, favorecen la entrada al mismo de las palomas que regresan de los concursos de vuelo” (1).

Aparte de su gran tamaño, sus otras características son, dice, “que las plumas remeras son muy largas y llegan hasta la punta del ala; son animales que parece que están pegados al suelo, no son altivos; y luego tienen los tarsos, las patas, todas emplumadas”.

Algunas palomas de patio canarias tienen, en la cabeza, moño (en la foto) o concha. | FOTO TATO GONÇALVES

Sus colores predominantes son el blanco y el pinto (manchado en azul, rojo o negro), explica otro criador, Ismael Monzón, en Gran Canaria. Las alimenta “con mezclas de grano que vienen preparadas para palomas y un poco de pienso que les pongo, de pollo de arranque, que es muy bueno para la época de cría, para saciar el hambre de los pichones que piden mucha comida”. Pero recuerda que antes en las casas se les daba “de lo que había, cagalerones (hierba mala), incluso pan, me acuerdo de ver a mi madre darle berros, pero la comida básica era el millo”.

Un lujo en la casa
La paloma de patio “era preciosa, muy grande y bonita”, la recuerda Pepe Guedes, que hasta no hace mucho tenía y en su familia ha habido desde hace generaciones. “El nombre ya dice cómo se podían tener. La gente antes cuando tenía patios grandes tenía esta paloma, que volaba muy poquito. No se elevaba ni se desplazaba, estaba siempre en el patio y hacían el nido en el suelo, debajo de una planta, en una esquinita”.

«Las mujeres cuando daban a luz lo primero que tomaban era el caldo de gallina o el caldo de pichones»PEPE GUEDES

“El que tenía antes la paloma de patio tenía un lujo en la casa”, asegura. Con las palomas, decía en otra visita anterior que le hice en su cueva de La Pasadilla (Ingenio), se hacía “la sopita de pichones, el asaderito de pichones”.

La sopa de pichón, precisa, antes era costumbre dársela “a una persona que se ponía muy delicada”. Especialmente, insiste, y por lo que es más conocida en el imaginario colectivo de las gentes del campo en Canarias, “a las mujeres cuando daban a luz, era lo primero que tomaban: el caldo de gallina o el caldo de pichones. ¡Así parían cada nueve meses: la mujer se tomaba el caldo y el hombre se comía todo lo demás! –bromea–. Mi abuela tuvo 17 hijos”.

Del origen de esta raza, aún por estudiar a fondo, escribe Antonio Morales en la web que creó dedicada a la gallina campera y con entradas dedicadas a esta paloma, que “desciende probablemente de las primeras palomas introducidas por los colonizadores, que embarcaron junto con otros animales domésticos de la comarca andaluza”. Aunque recientemente descubrió, releyendo la crónica de la conquista Le Canarien, “que los dos frailes decían, cuando visitaban a los aborígenes, que vieron que había unas grandes palomas con colas moteadas blancas. Sobre todo, decían, grandes palomas. Ahí tenemos un dato de 1402 que confirmaría que los aborígenes tenían palomas”. ¿Tiene alguna relación con la actual paloma de patio? Por ahora es sólo una coincidencia, ya que no hay más información.
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(1) Lo cita Antonio Morales Pérez en la entrada “Paloma de patio canaria” de la web lagallinacamperacanaria (Ver “lagallinacamperacanaria.wordpress.com/2018/02/16/paloma-de-patio-canaria/”).

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