Lo que los dientes de aborígenes canarios dicen de su dieta y salud
Arqueología / Los indígenas de Gran Canaria de asentamientos costeros tenían ‘oído de surfero’

El estudio de los restos dentales de la población aborigen de Gran Canaria permite establecer sus estrategias de subsistencia y conocer cómo vivían, sus relaciones sociales, sus tecnologías y hasta sus diferencias de género. Todo ello por su alimentación. Incluso ya se puede establecer el sexo sin recurrir al costoso ADN. [En PELLAGOFIO nº138 (2ª época, marzo 2025)].
Por YURI MILLARES
Los restos dentales son de los tejidos más duros del cuerpo humano y por ello tienden a perdurar más. «Si sabemos lo que comían las poblaciones del pasado podemos establecer también cuáles son sus estrategias económicas», dice Teresa Delgado, conservadora de El Museo Canario. En el caso de Gran Canaria, añade, «estamos hablando de una sociedad agrícola y pastoril que explota recursos marinos». Y para saber qué comían nada mejor, precisamente, que el estudio de su dentición y el resto de tejidos de la cavidad oral, que se van a ver afectados, en parte, por lo que ingerían.

Las investigaciones de Delgado en este campo centraron su tesis doctoral, mediante analíticas a nivel macroscópico y con la ayuda de ópticas de ampliación en estudios tradicionales que hoy en día se siguen haciendo. No obstante, los adelantos tecnológicos han permitido ampliar y complementar estas investigaciones, como por ejemplo, mediante el análisis de los isótopos estables de la dentina realizados en la Universidad de La Laguna por Elías Sánchez Cañadillas [ver artículo en PELLAGOFIO nº91].
Además, «otro tipo de estudio que estamos haciendo ahora es analizar el esmalte dental mediante el estudio de péptidos, que nos permite determinar el sexo con la misma fiabilidad que el ADN, con un coste muy bajo y mucha rapidez. Y no son análisis invasivos, no implica destrucción del diente», afirma Delgado. Se trata de una investigación todavía en curso.
El conjunto de patologías que se estudian para determinar la dieta y sus implicaciones en el conocimiento de la sociedad aborigen incluyen la caries dental, el desgaste, el sarro, la enfermedad periodontal, las lesiones pulpoalveolares, las pérdidas ante mórtem de piezas y la hipoplasia del esmalte.


La caries. Por su composición química y por sus nutrientes hay alimentos que tienen un carácter cariogénico (provocan caries) o tienen un carácter cariostático (protegen los dientes). Los alimentos ricos en hidratos de carbono tienden a provocar caries, en el caso de la dieta de los indígenas de Gran Canaria serían los cereales (cebada y trigo), también los higos y los dátiles por su azúcar. Así, nos encontramos con una población en la que más de la mitad de los individuos (en torno a un 65%) presenta caries dental. Y si nos vamos a las piezas dentarias, un 17% presenta caries. «Esto es algo característico en poblaciones donde la agricultura es importante en su dieta».
También se detecta una tendencia a padecer más caries entre las mujeres que entre los individuos masculinos. «Aunque pueden estar interfiriendo otros factores, como cuestiones hormonales, se ha planteado que podría existir una mayor presencia de hidratos de carbono en la dieta de las mujeres que en la de los hombres, que tendrían un mayor acceso a las proteínas de la carne —explica esta arqueóloga—. Es curioso que la presencia de palillos dentales [entre los aborígenes] se ha documentado en mayor proporción entre las mujeres. Sería un resultado coherente con esa mayor presencia de caries que están padeciendo, pues los palillos está asociados muchas veces a tratamientos paliativos del dolor por patologías».

Desgastes por masticación. También es importante en esta población y está provocada por la forma en que procesaban los cereales. El uso de molinos de mano para la cebada y el trigo tostados con que hacían el gofio es decisivo, por los materiales de que estaban hechos. «No sólo empleaban molinos de basalto, sino también molinos de toba que se desgastan rápidamente, incorporando al cereal que se está moliendo partículas de piedra que serán consumidas provocando el desgaste en la dentición», explica.

El desgaste es «muy rápido», añade. ¿Cómo se sabe? Cuando el esmalte se desgasta comienza a aparecer la dentina, que está debajo. El cuerpo genera dentina de forma natural para evitar que la cavidad pulpar donde están los nervios quede expuesta, pero si el desgaste es más rápido que la regeneración, al final la cavidad pulpar queda expuesta, entran bacterias y se produce una infección que puede ser grave. «Esto es lo que estamos viendo en esta población», asegura.
Desgastes paramasticatorios. También están documentados en la población indígena de la Isla, pero sólo en algunas mujeres. No están provocados por el proceso de masticación, ya que presentan unos patrones diferentes a los desgastes por dieta. «Se han estudiado al microscopio y pueden verse haces de microestrías, todas en la misma dirección. Tienen morfología de surcos, medio cilíndricas en algunos premolares y dientes anteriores, y están asociados al uso de la boca en el trabajo de las pieles y las fibras vegetales».

Microfracturas. En la dentición aparecen también pequeñas fracturas de milímetros asociadas a las partículas de piedra de los molinos, que se quedan incorporadas al gofio durante la molienda. Es sumamente frecuente y aparece en casi todos los individuos. Aún no se han estudiado.
Lesiones periapicales. Todo lo anterior tiene como consecuencia la destrucción del hueso y, al final, la pérdida de la pieza dentaria afectada. «En la población indígena de Gran Canaria es muy abundante, un 71% de la población indígena tiene pérdidas de piezas dentales en vida».
Cambios de la dieta en el tiempo
El estado de salud oral de los aborígenes grancanarios, bastante deficitario por sus condiciones de vida en aislamiento y con recursos alimenticios limitados, varía en el tiempo, desde su llegada hasta el momento de la Conquista.
«Hay cambios en la sociedad, en la manera de explotar el territorio, en su economía y eso va a afectar a su dieta», señala Teresa Delgado. Con un fuerte peso de la ganadería al principio, poco a poco la agricultura va creciendo y cobrando cada vez más importancia. Pero, además, hay cambios en la manera de relacionarse con el medio marino: a partir del siglo XI se produce una explotación intensiva del mar, es cuando aparecen los poblados en la costa.

Exóstosis auditiva (oído de surfero). No tiene que ver con la salud oral, pero es un indicativo del cambio de dieta que también va a afectar a la dentición. Es un pequeño crecimiento que se produce en el hueso del canal auditivo externo por el contacto frecuente y regular con el agua fría del mar, la mejor evidencia de la intensificación en la explotación de los recursos marinos. «Este tipo de crecimiento óseo no lo tenemos detectado en la Isla sino a partir del siglo XII, asociado a la población que habita la costa».
El oído de surfero, como es más conocido, no está relacionado tanto con el marisqueo de conchas de animales en la zona intermareal (que los indígenas practicaban de siempre), como con la pesca. «Lo sabemos a través de las crónicas y por el estudio de los restos de peces —precisa la conservadora de El Museo Canario—. La pesca realizaba con el uso de redes implicaría meterte en el agua y, también es muy interesante, un trabajo colectivo».
En este sentido, en la exóstosis auditiva no hay diferencias sexuales entre hombres y mujeres. «Afecta por igual y lo vemos también en individuos infantiles. Se podría hablar de una especialización, pues en los asentamientos de la costa más de un 60% de su población presenta esta patología, es el caso de El Agujero (Gáldar)».
Más sarro, menos caries. El sarro está presente de manera generalizada en la población aborigen, pero aumenta a partir del siglo XI, reflejo de cambios en el patrón alimenticio. El mayor consumo de alimentos marinos, sin embargo, se refleja en una mejora de la salud oral.
«El marisco y el pescado son ricos en flúor, una sustancia cariostática que queda disuelta en la saliva y puede regenerar los tejidos dentales, protegiendo los dientes de la caries», destaca. Por eso los estudios dentales de la población asentada en la costa dan un porcentaje de caries inferior respecto a la población del interior. Por ejemplo, cita Delgado, en Acusa (en la cumbre) un 19% de las piezas dentarias presenta caries, también Guayadeque (en el interior) presenta unos índices altos de caries, mientras que en El Agujero y en Maspalomas (costa) tienen caries menos del 10%. «Es un reflejo de los cambios en la dieta», insiste.
El destete y la salud oral de los niños
Las patologías que afectan al desarrollo y salud de los dientes en la población infantil aborigen aportan valiosa información que indica en qué momento se produce el destete y de qué se alimentaban después, pues la caries aparece pronto.

Hipoplasia dental. La padecía el 80% de la población aborigen por alteraciones fisiológicas en su organismo como enfermedades y cambio de alimentación y está asociada de forma mayoritaria al momento del destete. Se trata de una paralización o ralentización temporal en la generación del esmalte dentario, que se detecta porque dibuja unas líneas horizontales en el diente. «Que el individuo deje de ser amamantado es un momento crítico en la alimentación infantil. Es una cuestión cultural que tiene que ver con cada grupo humano y en algunos casos pueden ocasionar incrementos de mortalidad», dice.
En la población indígena canaria el destete se producía entre los dos años y medio y los tres años del niño. Es cuando se concentra una parte importante de esta hipoplasia, porque a esa edad estaban sufriendo alteraciones fisiológicas en su organismo. Lo vemos en las caries, que comienzan a aparecer a partir de los cinco años. «Es lógico si el destete se produce después de los dos años. Significa que la infancia se está alimentando igual que la población adulta (cereales, higos, dátiles)».
También en torno a esa edad «vemos que las piezas dentarias empiezan a desgastarse. Comienzan a perderse los rasgos de las cúspides, sobre todo en los dientes de leche. Quiere decir que se alimentan con cereales procesados en molinos de toba», continúa.
El estudio de Elías Díaz, mayoritariamente de individuos de Tenerife, incluye un individuo de Guayadeque en Agüimes y otro de la necrópolis del Metropol, en Las Palmas de Gran Canaria, excavado por El Museo Canario. ¿Qué encuentra Elías? «Que la composición isotópica de la dentina es diferente entre ambos. La huella del nitrógeno en el individuo del Metropol es más alta. Eso está indicando que la incorporación de los recursos marinos en su dieta es mayor que la del individuo de Guayadeque».


