Lidia Romero, geógrafa de la ULPGC experta en paisajes agrícolas
Los territorios volcánicos tienen los suelos más fértiles del mundo

«300 años de viña en La Geria es una herencia cultural de esas que engancha» , dice Lidia Romero Martín durante la entrevista en la que habla de paisajes culturales agrícolas de Canarias a propósito de la reciente declaración de Lanzarote como territorio SIPAM de la FAO (Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial). [Versión extensa de la entrevista publicada en la edición impresa de PELLAGOFIO nº141 (2ª época, junio 2025)].
Por YURI MILLARES
Coordinadora del Máster Universitario de Patrimonio Histórico, Cultural y Natural en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, esta doctora en Geografía apasionada de su trabajo patea los campos de Canarias y habla con sus gentes. Aprende y enseña de toda esa experiencia y conocimiento, porque los paisajes culturales agrícolas, dice, «tienen muchas miradas».
«Los paisajes agrícolas en Canarias más frecuentes, incluso en islas menos montañosas, son los bancales» LIDIA ROMERO
| ■ OJO DE PEZ / Islas de mucha piedra, ojo al dato La cita tuvo lugar en su despacho de la universidad. Con una pantalla de ordenador como moderna pizarra, habló de paisajes agrícolas de las Islas, pasando de la dimensión social del esfuerzo depositado en los hoyos de La Geria, a la monumentalidad de los bancales de La Gomera con tanta piedra movilizada como la que hizo falta para 30 pirámides en Egipto. «Ojo al dato», como decía un veterano periodista de la radio ● |

—En los paisajes culturales agrícolas de Canarias vemos el enorme esfuerzo de adaptación del isleño al territorio que le ha tocado vivir y, sobre todo, obtener su sustento. ¿Cuáles serían esos paisajes?
—Los paisajes agrícolas en Canarias más frecuentes, incluso en islas menos montañosas, son los bancales. Habría que definir el concepto de bancales, porque yo creo que muchas personas consideran que los bancales son los de La Gomera y los de medianías de las islas más montañosas. Pero tenemos las cadenas, por ejemplo, en las lomadas del sur de Gran Canaria (o también de Tenerife y La Gomera) y también son bancales, con otras características diferentes. En Fuerteventura y Lanzarote hay nateros y también son bancales. ¿Qué es un bancal entonces? Yo siempre trato de definirlo como una intervención humana sobre la morfología y funcionamiento de las laderas o de los cauces, con el objeto de crear superficies llanas donde cultivar o sacar otro tipo de recursos. Esa intervención da como resultado un escalonamiento del relieve, en cuya contrahuella o escarpe inferior, se suelen adosar muros de piedra seca.
—Pero eso no implica que haya una pared.
—No necesariamente. Hay bancales de los que llamo tipo bulldozer, cuando son modernos y se hacen con maquinaria en los que se prescinde de ellos. O, como sucede en el sudeste asiático, donde muchos bancales se dedican al cultivo de arroz y utilizan mucha agua estancada en sus rellano. No usan muros de piedra seca porque no suele ser un recurso abundante, o no precisan de ellos para su correcta gestión.
—¿En Fuerteventura una gavia sería un bancal?
—Sí, pero de todas maneras las gavias tienen algo de murito, igual que otro elemento de los paisajes agrícolas que no son en sí dedicados a la agricultura, pero que tienen un valor etnográfico, histórico, cultural importante y son los estanques de barro. Que no son para cultivar, sino para hacer acopio de agua.

—Si le preguntas a un niño por los bancales, es el patio de recreo donde va con el abuelo que está con el sacho. Si se lo preguntas a una señora o persona que esté al cargo de la cocina, te dice que es su despensa. Si se lo preguntas alguien que tenga algún enfermo, pues es su botica. Si nos lo preguntan a una persona del siglo XXI ajena a la agricultura son espacios desde donde mirar, observar paisajes sobrecogedores o atardeceres. El municipio de Agulo en La Gomera, que es puro bancal desde la cumbre hasta nivel del mar, tienes unos bancales que son miradores espectaculares. Entonces, claro que crean identidad. Y tiene muchas miradas. Si tú hablas con un maestro pedrero, te habla del esfuerzo, del conocimiento de la piedra. Si hablas con un agricultor de plataneras, pues te hablará de la forma de trabajarlo.
«Para personas nacidas en Juncalillo, en Gran Canaria, más allá de Artenara y de los altos de Gáldar lo demás era el resto del mundo. Era una visión muy cerrada y se crea mucha comunidad y mucha cultura»
—El paisaje rural es entonces el resultado de trabajo de las familias en cada entorno.
—Claro. Era un trabajo comunitario. Y además, los valles formaban geomorfológica y geográficamente espacios cerrados en sí mismos. Las carreteras no llegaron a estos territorios sino hasta hace poco y la gente se movía a pie: la cosmovisión de las personas era muy particular. Tenemos transcripciones de entrevistas a personas nacidas en Juncalillo, en Gran Canaria, y para ellos más allá de Artenara y de los altos de Gáldar lo demás era el resto del mundo. Era una visión muy cerrada y se crea mucha comunidad y mucha cultura.
—Son paisajes que se consideran patrimonio, pero están vinculados estrechamente al medio. ¿En qué medida condiciona el patrimonio natural esa adaptación agrícola?
—De forma estrechísima. Para desmantelar una ladera que estaba cubierta de vegetación, primero hay que deforestar. Este proceso de construcción de una nueva identidad y de un nuevo paisaje antropizado implica la intervención negativa, pero por necesidad, de un paisaje natural que esas personas cuando llegaron se encontraron. En geografía hablamos del concepto cultura del territorio o conocimiento ambiental, y en antropología se habla de ecología cultural, el conocimiento que tienen las personas que viven estrechamente con el entorno, el conocimiento de nuestros antepasados de las estrellas, de los celajes, del agua, de la gestión del suelo, de las mejores semillas, del uso de las solanas y las umbrías, de las mejores piedras para construir los muros. De esa extracción de piedras y de esa tierra que se allanaba se construían lo que llamaban bocaos y de otras muchas maneras. Que es otra cosa muy bonita, la diversidad de nombres para un mismo elemento del patrimonio, para unos mismos paisajes.
—Hace unos días me comentaban viticultores de La Geria que, al estar ahí día a día, llega un momento en que casi no se dan cuenta de la belleza que les rodea. ¡Pero es un paisaje excepcional y ellos lo saben! «Soy feliz escuchando el silencio», me decía días atrás Lourdes, viticultora, en esos hoyos.
—Claro, porque es su cotidianidad. Es más, terminas por no verlo. En el contexto de una ruta que hicimos de paredones por una zona Hermigua, en La Gomera, que participó mucha gente local me decían: «Contra, Lidia, esos bancales son de mi familia y no sabía la importancia que tienen». Claro, les comenté que los bancales en el mundo son respuestas a las mismas necesidades y que están dentro de una lista de patrimonio mundial. Cuando los pones en contexto, le dices que no solo sirven para agricultura, sino que cumplen un montón de funciones ecosistémicas se quedan muy sorprendidos: funciones de aprovisionamiento (alimentos, materias primas, recursos medicinales, agua), de regulación (moderación de eventos extremos como incendios o desprendimientos, polinización, contra la erosión, purificación del agua), de sostenimiento (ciclo de nutrientes, formación del suelo, fotosíntesis) y culturales (salud física y mental, valores espirituales y religiosos, valores estéticos, ecoturismo).
—Implica que tiene, además, una dimensión social. En el caso de Lanzarote, aun con la dureza de sus condiciones, la agricultura en el jable o en el rofe les permitió en el pasado vivir sin pasar hambre, aunque fuera en condiciones de austeridad. «Siempre había granos, mi padre mataba el cochino y con la carne salada de las barricas mi madre hacía unos pucheros muy ricos», me decía esta misma viticultora que después, siendo ella madre, le pudo dar estudios a sus hijos.
«Siempre ha habido agricultura de exportación en Canarias, desde la primera vez que pisaron las Islas los castellanos. Pero las personas que vivían en ese sistema tenían que alimentarse»
—Hay una dimensión social en ese paisaje, por supuesto. El turismo es algo que nos vino a mediados del siglo pasado, pero antes de su irrupción, existe un largo periodo de historia del aprovechamiento de nuestros recursos naturales y ambientales (suelos, agua, semillas, piedras). Siempre ha habido agricultura de exportación: desde la primera vez que pisaron las Islas los castellanos, enseguida fuimos el cortijo para el azúcar (un cultivo muy invasivo, con mucha demanda de madera y de agua). Pero las personas que vivían en ese sistema tenían que alimentarse. Esa función de provisión alimentaria de los paisajes agrícolas la hemos perdido y la tenemos que recuperar. Debemos optar a conseguir la soberanía alimentaria que Canarias está muy lejos de alcanzar. En islas esa dependencia todavía se agrava más, nos vuelve más vulnerables ante posibles crisis (volcánicas, pandémicas, comerciales, etc.). Es decir, ha cumplido una función histórica y nos ha alimentado durante mucho tiempo. Y es que, además, en los territorios volcánicos tenemos los suelos más fértiles del mundo. Tenemos recursos y los hemos sabido aprovechar. Otro cantar es si ese trabajo se paga bien.
—Días atrás, precisamente, la FAO reconoció los «sistemas agrícolas en jable y arenas volcánicas en la isla de Lanzarote» como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial. Un ejemplo de domesticación del paisaje en condiciones de gran ruina económica tras las erupciones volcánicas del siglo XVIII. Además de una ‘medalla’ merecida, ¿estos reconocimientos remueven conciencias, promueven acciones?
«Confío en que el SIPAM sirva no solo a nivel turístico, que siempre pensamos en “qué bonito, vamos a conservarlo”. Hay que adaptar la capacidad de carga en todos los sentidos, hay que tenerla en cuenta en cada isla y según para qué»
—Habría que hacer encuestas a la población local o a la foránea, si se ha enterado del SIPAM. Habrá gente que esté muy concienciada o esté muy informada, pero habrá personas que no. Al margen de eso, de que toda esta información sea permeable y llegue a la población, es un reconocimiento que nos hacen desde altas distancias y a nivel internacional y confío que eso sirva para, de manera efectiva, promocionar y que salgan proyectos. Confío en que esto sirva no solo a nivel turístico, que siempre pensamos en «qué bonito, vamos a conservarlo». Porque las bodegas de Lanzarote se pueden encontrar con problemas de masificación y convertirse en una Rioja o una Borgoña donde entran guaguas a mansalva. Hay que adaptar la capacidad de carga en todos los sentidos, hay que tenerla en cuenta en cada isla y según para qué.
—En el caso de Lanzarote, el SIPAM ocupa sobre el mapa un 80% del territorio. Quedan las zonas costeras donde está la población en las ciudades y pueblos y la zona turística, que debe tener un equilibrio muy delicado en este caso.
—Mucho, mucho. Estuve en Lanzarote hace muy poquito y salí horrorizada de los centros turísticos, porque aquello era una caja registradora. La parte bonita e interesante, hasta científicamente hablando, de un tubo volcánico, de un jameo, de la parte artística que le añadió no solo César, sino los técnicos que trabajaron en ello, se ha perdido. Ya nos va calando la idea de que no queremos cualquier turismo. Queremos un turista que venga también a ver. Con respecto a tu pregunta, soy muy soñadora y en Lanzarote ya han dado también la voz de alarma, dicen «hasta aquí hemos llegado». Acabo de escuchar en la radio el alcalde de Yaiza decir que no cabe una cama más. Menos mal que se dio cuenta, porque yo salí horrorizada de toda la urbanización de ese sur de Lanzarote.
—Tenemos todo un archipiélago que vive del turismo pero también tenemos unos campos que hay que proteger.
—Claro, hay que proteger. Lo ideal sería que hubiera un equilibrio importante entre los turistas que quieren seguir alojándose en la costa que también desean conocer el interior de las islas. Porque también hay problemas en el interior para acceder a los centros turísticos o a los puntos de mayor interés. Es el caso del Roque Nublo en Gran Canaria o del Parque Nacional de Timanfaya en Lanzarote.
—Que el paisaje agrícola lanzaroteño que se creó tras el volcán siga tan vivo 300 años después, contrasta con el abandono de otros paisajes agrícolas de las Islas, como el de esos bancales que moldean las montañas de La Gomera que citabas. Parafraseando el libro de Job en la Biblia: ¿El turismo nos lo da, el turismo nos lo quita?
«Hay un montón de razones para que la vitivinicultura esté en un momento tan álgido. En Lanzarote se ha asociado ese paisaje con unos vinos de variedades exclusivas»
—Hay un montón de razones para que la vitivinicultura esté en un momento tan álgido. En Lanzarote se ha asociado ese paisaje con unos vinos de variedades exclusivas. Que pasa lo mismo en otras islas, también hay mucha ayuda para la vitivinicultura. Los últimos abancalamientos, que yo sepa, están asociados a nuevas terrazas para el cultivo de la vid. Es un cultivo que con el cambio climático va a sufrir cambios geográficos de localización de según qué variedades de uva y hay que adaptarse. Pero ahí sigue. Mencionas que son ya 300 años del cultivo en La Geria. Ahí también concurre con el vino una parte romántica, hay una herencia cultural. Esas herencias son una actividad que engancha.
—Tenemos en Canarias un gran repunte de la actividad agraria vitícola, pero quizás nos olvidamos un poco del resto del paisaje. Ponemos el vino en la mesa, pero el plato no lo tenemos surtido.
—Tenemos que promocionar nuestro patrimonio gastronómico pero, ¿de dónde salen esos productos? Hay que promocionar el paisaje también y en esos nuevos estudios que vayan saliendo, por favor, que metan a geógrafos y a historiadores que doten de contenido y recuerden la historia del aprovechamiento agrícola y la historia de esos paisajes.
«Si hubiera que ponerle alguna estrella Michelin a los paisajes agrícolas por la monumentalidad, Canarias se la ha ganado»
—Con todos estos reconocimientos (Reserva de la Biosfera, SIPAM…), ¿qué echarías en falta reconocer o promover en las Islas para proteger el paisaje?
—Antes te nombraba a La Gomera. Si hubiera que ponerle alguna estrella Michelin a los paisajes agrícolas por la monumentalidad, Canarias se la ha ganado. Te voy a dar un dato: sólo en la isla de La Gomera se han movilizado más de once millones de metros cúbicos de piedra para la construcción de muros de piedra de bancales (paredones llaman a los más monumentales), ¡equivalen a la piedra que tienen las 30 principales pirámides egipcias! (que no solo están Keops, Kefrén y Micerino, hay muchas más). La Gomera es una isla piramidizada, los bancales de Lepe son espectaculares. Y en la superficie más o menos llana de Fuerteventura o Lanzarote, no te quiero contar la cantidad de piedras que han movido para los goros del ganado, las gavias y los bancales de la isla. Antes comentabas el tema del…
—Carácter que crea.
«Un bancal es un paisaje construido por comunidades agrarias que proveen de muchos servicios ecosistémicos: aprovisionamiento de alimentos, regulación de suelo y antiincendios»
—Sí, y la idiosincrasia. En aquella ruta en La Gomera me decía la gente de allí, «Lidia, ¿por qué nos estás queriendo hacer recordar una época penosa?». Yo nunca he sabido lo que es el pánico al vacío hasta que llegué a La Gomera. Es una cosa espectacular. Y la biodiversidad que tienen. Tengo que poner el énfasis en que los bancales son paisajes culturales. Que no es un término que se lo haya inventado la Unesco, fue el geógrafo norteamericano, Carl Sauer (Universidad de California) hace un siglo. Es un paisaje construido por comunidades agrarias que proveen de muchos servicios ecosistémicos, lo decía antes: de aprovisionamiento (alimentos, materias primas, recursos medicinales), de regulación (captadores de agua, retención de suelo, antiincendios). Un bancal no solo provee, es una maceta. Estás creando superficie llana donde no la había. Por lo tanto es una esponja que por esfuerzo humano hemos creado y recarga los acuíferos. En una ladera, toda esa suerte de abancalamientos regula la hidrología de la vertiente y no hay problemas de grandes desprendimientos, deslizamientos o movimientos en masa si éstos se encuentran en uso.
“Los muros de los bancales son semilleros de plantas, nichos de vida vegetal y animal. Estos servicios ecosistémicos también son culturales: ahí está la identidad. La persona se reconoce ene se espacio, se siente asociada como tu viticultora de Lanzarote. Los servicios ecosistémicos de los paisajes agrarios tienen que ver con la cultura y la educación.
—Terminamos, un recuerdo dulce.
— Pues yo soy una golosa y la pregunta me viene al pelo. Como territorios proveedores de cosas ricas, qué rico es un dulce de batata o de calabaza si pensamos en el jable de Lanzarote. Si pensamos en la visión icónica del paisaje de bancales, en La Gomera es el bancal y la palmera, y de la palmera sacamos cosas dulces muy ricas como es la miel de palma. O sea, qué más dulce que alegrar la vista y el gusto, con ese tipo de cosas. No olvidemos que la materia prima de nuestra gastronomía se extrae de paisajes culturales, como los bancales o los arenados volcánicos y orgánicos de Lanzarote.



